[chilefuturo] Re: El genial QUINO

  • From: Patricio Chacon <pachamos@xxxxxxxxx>
  • To: chilefuturo@xxxxxxxxxxxxx
  • Date: Wed, 17 Aug 2011 16:08:42 -0400

Moira:
Aquí van adjuntos otros tres, para que no salgan demasiado grandes los mails.
Patricio

El día 17 de agosto de 2011 15:49, Patricio Chacon
<pachamos@xxxxxxxxx> escribió:
> Moira:
> Lo que atí te molesta -tanto como a mí- es la expresión cruda del modo
> individualista, propio y característico de esta era noeliberal, de la
> sociedad que tenemos en chilito, y en buena parte del mundo.
> te recomiendo que leas también Sociedades Adolescentes, a ver si se te
> sube el ánimo un poco.
>
> De la actualidad, lo que más me gusta de los pinguinos 2.0 es que
> están planteando ideales de autonomía, muchos de los que lideran y
> reclaman no lo están haciendo por sus propios intereses -se las
> podrían seguir arreglando muy bien- sinó que por lo que les pasa -y
> les seguiría pasando, si la cosa no se arregla ya- a los más
> desfavorecidos.
>
> Para eso arriesgan el año, los apaleos... Bien por ellos.
>
> Bueno, te estoy adjuntando tres archivos, luego sigo con los otros.
> Raro, que no te funke, pq yo los estoy bajando del sitio mismo, tb con 
> firefox.
> Pero mejor, pq así he tenido esta oportunidad de conversar contigo, y
> saber de tu inquietud.
>
> Te acabo de enviar invitación a que me agregues a tus contacto de
> skype, así podríamos conversar gratismente. Si quieres, claro.
>
> Un abrazo
> patricio
>
> El día 17 de agosto de 2011 15:14, Moira Evans <moiraevans@xxxxxxxxx> 
> escribió:
>> Patricio
>>
>> Me gusto mucho el tema,..algo que no se habla hoy en dia,..como si no
>> existiese,..no se si tienes o te da la misma sensacion,..como si fuera algo
>> del pasado (efectivamente es asi), pero que no es aplicable hoy dia.
>> A mi parecer, es una de las grandes fuentes de los problemas que existen hoy
>> dia,..la falta de probidad,.la falta de disciplina,..el hacer todo lo que
>> nos de en gana,..y eso entraña que seguramente a alguien pasaremos a
>> llevar,...pero eso no pareciera importar,..
>>
>> Con el aumento de la poblacion humana, estos temas se hacen mas importantes
>> y algidos,..en la medida que hay mas roce,..
>> Sin embargo noto mas despreocupacion,..el mensaje es:
>> "Se tu mismo,.. no importa que a nadie le gusta" (eso es valido) pero que
>> es  malinterpretado como "haz lo que quieras y los demas que se aguanten".
>> Es alli donde dan ganas de iniciar una nueva comunidad,..que tenga esos
>> principios como base,..aun creo que eso es posible,..es insalvable lo que ya
>> hay, nadie puede competir con los mensajes de la prensa,..la
>> television,..las mismas empresas de telefonia,..
>>
>> El enlace (Firefox explorer) me vuelve a indicar el error (ver imagen
>> adjunta de "Print Pantalla"). Si puedes, enviame tus escritos,
>>
>> Cariños,:-)
>>
>> Moira
>>
>>
>> El 17 de agosto de 2011 13:42, Patricio Chacon <pachamos@xxxxxxxxx>
>> escribió:
>>>
>>> Hola Moira:
>>> Acabo de pinchar el mismo link que tu dices que dá ese mensaje, pero a
>>> mi me conectó bien, a mi antiquísimo sitio.
>>> Intenta de nuevo y me avisas.
>>> Si sigue mal para tí, te puedo enviar todo lo que allí aparece, para que
>>> elijas.
>>> Un abrazo
>>> patricio
>>>
>>> 2011/8/17 Moira Evans <moiraevans@xxxxxxxxx>:
>>> > Patricio
>>> >
>>> > Un afectuoso abrazo
>>> >
>>> > Los enlaces bajo el link
>>> >
>>> > http://web.archive.org/web/20050329193647/www.geocities.com/etica_piagetiana/
>>> > (Piaget) estan descontinuados,..el mensaje dice;
>>> > "Wayback Machine doesn't have that page archived. It doesn't seem to be
>>> > available on the live web, eithe"
>>> > Sabes que paso?
>>> >
>>> > Abrazos
>>> > Moira
>>> >
>>> > 2011/8/17 Patricio Chacon <pachamos@xxxxxxxxx>
>>> >>
>>> >> Como las comisiones de por aca...
>>> >> Saluditos
>>> >>
>>> >>
>>> >> --
>>> >> Patricio Chacon Moscatelli
>>> >> Fono 56 9 96285304
>>> >> En Skype, "pachamos"
>>> >>
>>> >>
>>> >> http://web.archive.org/web/20050329193647/www.geocities.com/etica_piagetiana/
>>> >> http://piagetianmoraldevelopment.blogspot.com/
>>> >> http://sites.google.com/site/desarrollomoralpiaget/
>>> >> http://pachamos.googlepages.com
>>> >
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>>>
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Title: Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia. Parte I
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      [El tema ético-moral: un gran ausente[Etieconomía: el precio]

[Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia]  [Eticopolítica]

 

BATESON, WATZLAWICK Y PIAGET: RELACIONES Y SINERGIA.

 

Los aprendizajes de Bateson y los Cambios de Waztlawick: sus interrelaciones y la comprensión de aprendizaje o conocimiento a la luz de una teoría Piagetiana.

Junio, 1994

Patricio Chacón Moscatelli

Fono : (56) 2 735 42 76 Stgo., Chile

E-mail: pachamos@xxxxxxxxxxx

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1.- Introducción.

Como se sabe, los conceptos de aprendizaje de Bateson y los de Cambios1 y 2 de Watzlawick, son reconocidos como fundamentales en muchos ámbitos de la comunicación y de la educación. Como estos son dominios consustanciales o de gran incidencia en todo el resto de las llamadas ciencias humanas, no es extraño que para otros dominios sean igualmente primordiales.

Utilizaré repetidamente el concepto de «construcciones paradigmáticas», el que forma parte inseparable de mi propio paradigma psicológico [1]. Significa, aproximadamente, "concepto, idea o experiencia acerca del mundo -mental o motora-" y comprende el ejercicio o vivencia de todas las funciones psicológicas básicas, tales como emocionar, razonar, percibir, sentir voliciones, actuar y efectuar consideraciones ético-morales, todo en relación al concepto o idea.

En este trabajo haré algunos alcances y precisiones en torno a los conceptos aludidos. Intentaré probar que ellos pueden ser todavía más fructíferos si se relacionan con una teoría general del aprendizaje, derivada de las investigaciones y hallazgos de Piaget.

2.- El aprendizaje simple o protoaprendizaje.

Este aprendizaje es el aprendizaje de primer nivel, el que Bateson llamó protoaprendizaje, por medio del cual adquirimos una nueva idea acerca del mundo -un concepto-, una nueva capacidad de relacionarnos y de interactuar con este mundo -capacidad de hacer con y de ser afectado por-, entendiendo como mundo al mundo total, tanto el entorno físico como el entorno social y sus combinaciones [2].

De las definiciones de Waztlawick se puede concluir que su Cambio1 equivale y corresponde enteramente a este tipo de aprendizaje.[3]

«Aprender», en el contexto de mi paradigma psicológico -en su estado actual- es equivalente a «elaborar nuevas construcciones paradigmáticas», entendiendo que esta elaboración se efectúa en el contexto previo de las construcciones paradigmáticas ya aprendidas.

Creo que este «aprender» es equivalente a «conocer» -en su acepción de «adquirir conocimiento»-, por lo que el estudio del aprendizaje es para mí lo mismo que el estudio del conocer: las teorías del aprendizaje constituyen la misma cosa -tienen el mismo objeto de estudio- que las teorías del conocimiento.

De acuerdo con lo ya establecido por las investigaciones de Piaget, esta elaboración de nuevas construcciones paradigmáticas se efectúa inicialmente en el plano de la acción -ya sea física o psicológica- y luego de ser dominada en este primer plano, se logra su manejo en el plano del pensamiento -la reflexión, comprensión y discusión, con coherencia entre ambos planos-. Es decir, en esta elaboración existe el "décalagè" o retraso entre lo aprendido en la acción y lo aprendido en pensamiento.[4]

3.- Aprendizaje solitario y aprendizaje asistido.

Del examen simple de las situaciones de aprendizaje se deduce directamente que estas se pueden separar en dos grupos, fácilmente distinguibles, distinción útil para los análisis posteriores.

Llamaré aprendizaje solitario a la elaboración de una nueva construcción paradigmática por una persona sin la ayuda o concurso de otra(s) persona(s). Obviamente, aprendizaje asistido será aquel en el cual la persona que aprende recibe la colaboración de otra(s) persona(s), ya sea por su acción directa o por medio de elementos de registro permanente, tales como escritos u otros medios de audio o audiovisuales.

Aunque la idea de aprendizaje, en las construcciones paradigmáticas del sentido común, está asociada habitualmente al asistido, el aprendizaje solitario se utiliza con gran frecuencia, desde la primera infancia -es la base del pensamiento psicomotriz- y se mantiene presente durante toda la vida adulta. Basta considerar que el aprendizaje mimético es fundamentalmente solitario y sólo ocasionalmente asistido, y que este es el tipo de aprendizaje que utilizamos para aprender el lenguaje, las normas de comportamiento social y en la construcción de las realidades sociales -en el sentido de Berger y Luckmann [5]-, sólo para mencionar los aprendizajes más masivos y permanentes. Permanentes, puesto que el mantenimiento o actualización del lenguaje, de las normas sociales y de los conceptos sobre las realidades -físicas y sociales-, también la realizamos, principalmente, mediante este aprendizaje mimético. Parece claro que éste es, con mucho, el más frecuente de los aprendizajes, y es el vehículo para la mantención de la que podemos llamar cultura implícita de una sociedad.

Cabe destacar que, habitualmente, en el aprendizaje mimético[6] la(s) persona(s) que sirve(n) de modelo(s) no cumple(n) el rol activo de instructor ni tiene(n) la intención de instruir. Es la actividad vital del que aprende la que capta de las actividades de los modelos los comportamientos que aprende, y la que hace posible dicho aprendizaje. Es una forma de imitación en la que el imitado no tiene idea de estarlo siendo, habitualmente, y el que imita tampoco tiene conciencia de estar imitando. Es un aprendizaje que se realiza, casi siempre, en una modalidad que he llamado «rutinas no conscientes».[7]

Una forma habitual de aprendizaje solitario es el que se realiza en las investigaciones científicas, en especial en las llamadas "de punta" y en aquellas que modifican los paradigmas generales y que producen las revoluciones científicas, en el sentido de Kuhn [8]. Puesto que se investiga en aspectos todavía desconocidos de un dominio, cada investigador debe "enseñarse a sí mismo", creando construcciones paradigmáticas, actividad vital para el progreso humano.

El aprendizaje asistido más típico es el que se efectúa en la enseñanza formal, en los sistemas educacionales, y se realiza habitualmente como forma explícita de aprendizaje, en las que existe el rol de instructor o profesor junto al de instruído o alumno, proceso que se ha dado en llamar «de enseñanza-aprendizaje», por cuanto las actividades de ambos roles parecen fundirse en una sola actividad compleja. Esta forma de aprendizaje se efectúa, normalmente, en la modalidad que he llamado «rutinas conscientes» [9]. Su importancia deriva de que es el que se usa para difundir, masificar y cohesionar el conocimiento sistematizado de una sociedad particular, vale decir, las construcciones paradigmáticas que constituyen su cultura explícita.

4.- La interacción intrínseca a los aprendizajes, tanto al solitario como al asistido.

A pesar de las diferencias significativas entre el aprendizaje solitario y el asistido, pienso que todo aprendizaje, en cuanto elaboración de nuevas construcciones paradigmáticas -y revisión y adecuación de las construcciones paradigmáticas preexistentes, cuando es necesario- es un proceso eminentemente individual e íntimo. Implica necesariamente la actividad de revisión y creación de construcciones paradigmáticas personales, en interacción del sujeto con su entorno -físico, psicológico y social-[10].

Si bien resulta obvio en el aprendizaje solitario, también en el aprendizaje asistido el cambio o la elaboración de construcciones paradigmáticas son procesos que necesariamente realiza la persona que aprende, por más que sea orientada y ayudada por el instructor. Las ayudas del instructor pueden consistir en presentarle información o modelos nuevos, pero que necesitan ser entendidos por el que aprende, so pena de resultar inútiles para el aprendizaje, al menos el aprendizaje comprensivo. La ayuda que más frecuentemente presta el instructor al que aprende es incitarlo a persistir en sus esfuerzos, a veces hasta obligándolo a mantener la "actitud de estudio", eliminando distractores. Pero incluso en la simple memorización, sin comprensión del sentido, en la que la persona "aprende" a repetir una serie de palabras, es decir, cuando logra reproducir una secuencia de actos que para ella no tienen un sentido inteligible, esta serie debe ser recordada por el sujeto.

En buenas cuentas, estoy planteando de otra manera la antigua afirmación de que nadie puede aprender por otro, cada cual aprende -cambia o elabora sus construcciones paradigmáticas- por sí mismo, aun cuando estas construcciones paradigmáticas sean tan "externas" como una secuencia de actos sin otro sentido que la secuencia.

Luego de estas consideraciones, pareciera que los aprendizajes realizados con la asistencia de textos u otras formas de conocimiento registrados pueden ser considerados como aprendizajes solitarios, en los que el registro reemplaza -parcial o totalmente- a la observación directa del mundo.

¿Sugerencias, críticas, comentarios, preguntas?. Envíalas al autor, pinchando aquí.

Seguir a Parte II

Notas.

Advertencia: Para seguir los vínculos de la Bibliografia (entre corchetes {n}), es necesario "bajar" el archivo <bateson3.html>. Para volver al texto, usar el ícono <Página anterior>.

[1] He elaborado este paradigma psicológico para que sirviera de contexto explícito de otros trabajos que fueron mi interés inicial. En el curso de esos trabajos, este paradigma cobró importancia creciente, hasta pasar a formar parte de un sistema conceptual propuesto, que lo comprende, y que está sucintamente descrito en mis textos "Ético-política", {6}, y "El tema ético-moral, un gran ausente. Algunos mitos acerca de la ética y la moral", {7}. Ambos trabajos, aun inéditos, resultaron de investigaciones para la Tesis de Grado de la Maestría en Ciencias Sociales, Convenio Arcis-Paris XII, terminada con la Tesis de Maestría en 1998. En muy buena medida, este mismo trabajo es también un subproducto de las investigaciones que realicé para mi tesis. Volver al texto

[2] Este protoaprendizaje es definido por Bateson en "Pasos hacia una ecología de la mente" {2}, junto al deuteroaprendizaje, de segundo nivel, y a dos aprendizajes más, de tercer y cuarto nivel. Veremos ejemplos de aprendizajes de tercer nivel, más adelante. No así del cuarto. Volver

[3] Cambio1 y Cambio2 son conceptos definidos por Waztlawick en "Cam­bio", {21}. Volver

[4] El retraso entre acción y práctica --el décalagè-- está descrito en Piaget, "El criterio moral en el niño" {16}, y en numerosas otras obras suyas. Una de ellas está dedicada específicamente a este fenómeno, "La toma de conciencia" {17}. En ella queda meridianamente claro que la «acción» estudiada puede ser tanto física --como el acto de gatear-- como psicológica --la construcción imaginaria de los caminos posibles entre dos puntos-- o de «acciones mixtas», combinación de acción física con mental. En todas ellas se detecta este retraso, en grados variables se­gún el sujeto estudiado. Volver

[5] Me refiero a lo que plantean en su libro "La construcción social de la realidad", {4}. Este texto, junto a "La realidad inventada" de Waztlawick et al {23} y a "Notas sobre la noción de paradigma" de C. Dockendorff {10}, además de los citados {2}, {4}, {11} y el conjunto de los de Piaget que conozco, fueron mis bases para el desarrollo de la noción de «construcciones paradigmáticas». Volver

[6] Véase Berman M., "El reencantamiento del mundo" {5}, quien cita a Polanyi, M. "Personal knowledge", sin otros datos. Volver

[7] Las «rutinas no conscientes» y las «rutinas cons­cientes» forman parte de mi paradigma psicológico, y aparecen en mi "Ético-política" {6}. Volver

[8] Descritas en Kuhn, "La estructura de las revoluciones científicas" {11}, constituyen ejemplos paradigmáticos de Cambio2. Volver

[9] Idem Nota 7. Volver

[10] Una extensa y exhaustiva discusión de la interacción entre el sujeto y el medio en el proceso del conocimiento, y además como una extensión del proceso general de la evolución de las especies, está en Piaget, J. "Biología y conocimiento" {19}. Volver

 

 

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Title: El Poder y los modos ético
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El Poder y los modos ético-morales

 

El Poder y los modos de relación o ético-morales: un análisis basado en Piaget.

Patricio Chacón Moscatelli. 735 42 76. Stgo.

E-mail: pachamos@xxxxxxxxxxx

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(Al usar un vínculo de Nota [], para volver al texto pinchar el Nº en la Nota. Para volver desde una cita de texto {}, usar el ícono "Página anterior")

1.-Introducción.

La gran mayoría de los profesionales del área de las ciencias sociales que conozco -personalmente o "por escrito"- asignan mucha importancia al Poder, en sus diversas acepciones atingentes. Son muchos los que afirman, muy convencidos, que se trata del concepto clave de toda problemática social, e incluso psicológica.

En este ensayo pretendo fundamentar mi idea de que este Poder sólo tiene sentido e importancia cuando las relaciones, en las que interviene alguna de sus formas, muestran las características propias de alguno de los modos de relación -o ético-moral- que Piaget llamó «autoritario» o el que denominó «ética primitiva», o bien, las de aquel modo de relación social, derivado de los anteriores, que he denominado «individualista». Asimismo, creo que de las definiciones dejadas por Piaget cabe deducir válidamente que el Poder pierde toda -o casi toda- su importancia -y tal vez hasta su sentido- en las relaciones sociales en las que predomina el modo ético-moral que Piaget llamó «autonomía», «modo democrático», o de «cooperación entre iguales diferenciados».

2.- Definición de términos.

Pienso que es indispensable precisar los significados que se les asignan a las palabras principales de todo análisis o discusión, si uno desea lograr conclusiones útiles, para todos. Esto me parece especialmente cierto en este tema, en el que se le da al Poder diferentes significados en circunstancias distintas, y por lo poco habituales que son los conceptos piagetianos -tal como yo los entiendo- en los medios en que hay preocupación por el Poder, tanto de la vida común como académicos.

2.1.-Poder.

El Poder que aquí me interesa es aquel que tiene sentido en el contexto de las relaciones entre personas y, por extensión, en las "relaciones" entre personas con instituciones sociales, personas con sus propias concepciones antropomorfizadas o reificadas -en el sentido de Piaget-, o de personas con el medio ambiente material, al cual el sujeto asigna características de persona, es decir, antropomorfiza. La acepción de Poder que deseo analizar es el de la capacidad de una o más personas de influir, obligar, mandar, manejar, gobernar, someter, dominar, conducir, seducir, persuadir, convencer, convocar, engañar, regentar o administrar a otras personas, con o sin su consentimiento, e incluso con o sin que se percaten de estarlo siendo. La mayoría de las veces, para conseguir que otras personas hagan lo que deseen quienes ejercen el Poder. Si lo que hacen -las que hacen- les conviene o no, es asunto que interesa poco a los poderosos, por lo general.

En la vida cotidiana actual se usan muchas otras acepciones o significados de poder, las que en general no tienen que ver con las que me interesan. Por ejemplo, el poder que se usa en las ciencias "duras" y en las tecnologías asociadas a ellas -fuentes de poder, frenos de poder, poder de amplificación en óptica, etc.-. El poder "técnico" del dominio militar -poder de fuego o disuasivo-, el poder que implica la capacidad de hacer algo de las personas o animales -poder caminar, pensar, etc.- y los usos de poder como sinónimo de lograr, obtener, conseguir, alcanzar, hacer factible o posible.

He afirmado que, en general, estas otras acepciones no tienen que ver con las que sí deseo analizar porque me parece que se usan, habitualmente, en otros sentidos. Sin embargo, el sentido de las palabras cambia según las intenciones de las personas que las usan, en los juegos de lenguaje de la vida cotidiana. Por lo tanto, cualquier acepción de poder -o sus "sinónimos"- puede ser usada de modo tal que resulte atingente, dependiendo de las intenciones de los que las usan.

Por ejemplo, el saber -el inocente conocimiento "útil"- puede significar capacidad de hacer, en beneficio propio y también de todos los demás, de hacer en soledad o en cooperación con otros, pero siempre con solidaridad. Pero también suele ser usado para destacar la importancia de una herramienta que da la capacidad de dominar, obligar, someter o persuadir engañosamente al que no sabe, como una ventaja comparativa que vale la pena lograr y que es lícito usar: estas son algunas de las maneras de entender la frase "saber es poder". Aquí me referiré al Poder de la segunda acepción y a los problemas que de él se derivan, porque me gusta mucho más la primera, y en un intento de que el saber sobre el Poder sea, cada vez más, un poder bueno, solidario. Para distinguir un poder del otro, usaré Poder con P para el que es atingente.

Son innumerables los que han estudiado el Poder, desde tiempos inmemoriales. En beneficio de la brevedad, citaré aquí algunas de las proposiciones teóricas recogidas y elaboradas por Alejandra Valdés.[1]

"Para Max Weber Poder es" la capacidad "de imponer la voluntad propia sobre la de los demás", incluida la influencia. "Plantea asimismo, que en el ámbito político-social el término más preciso es dominación, entendida como la posibilidad de encontrar obediencia frente a un mandato", la que requiere de "la voluntad de obediencia por parte de los individuos dominados por cualquier Poder público y la creencia en la legitimidad de la dominación." Nos recuerda que para Weber era muy importante "la necesidad de una administración permanente y de especialistas para hacer el ejercicio del Poder más eficiente, ... el reclutamiento entre las personas más calificadas y la visión universal de un hacer técnico e impersonal, dominación que se distancia del sentimiento humano."

También resume las ideas de Hanna Arendt: "Ella habla de poder como la interpretación simbólica de la solidaridad de un grupo, como la fuente de la cual se alimenta la legitimación y el reconocimiento de las decisiones colectivas: 'poder corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar sino de actuar en concierto. El poder no es nunca propiedad de un individuo; pertenece al grupo y existe sólo mientras éste no se desintegra'. Para Arendt, poder es potencialidad y lo vincula al deseo de poder hacer. Ella diferencia cuidadosamente poder y dominación, ya que equipara la dominación con la violencia... 'Violencia y poder son términos contrarios; donde la una domina por completo el otro está ausente (...) la violencia puede destruir el poder: es absolutamente incapaz de crearlo.' "

Por último, Alejandra Valdés nos resume las ideas que Foucault expone al respecto. "Para Michel Foucault, el Poder no se encuentra sólo centralizado en las estructuras, sinó que atraviesa todas las relaciones humanas. Para este autor no es tan importante saber quién detenta el Poder, sino como se ejerce. El Poder no es una propiedad, sinó una estrategia"... que "produce verdades, normalizaciones, disciplinamientos, etc."... "el Poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el Poder se ejerce a partir de innumerables puntos y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias."

Para Foucault "Todas las relaciones que involucran a otros implican dinámicas donde se ejerce Poder, relaciones que si bien son complejas en su comprensión, se pueden observar y analizar en la familia, en el trabajo, en la comunidad, y en todas las esferas de la sociedad."

2.2.- Los modos de relación social, o ético-morales.

Las relaciones sociales -interacciones en las que intervienen seres humanos- en su casi infinita variedad son susceptibles de clasificar, analizar y describir según incontables prismas o puntos de vista, muy diferentes entre sí. Todas son, simultáneamente, analizables desde consideraciones económicas, educacionales, deportivas, culturales, ecológicas, biológicas, empresariales, sindicales, políticas, etc., etc.. Casi cualquier ámbito de actividad humano puede proporcionar una base suficiente como para clasificar, distinguir, explicar, evaluar y dar sentido a las relaciones sociales, desde ese punto de vista. En el peor de los casos habrá relaciones sociales que son indiferentes o neutras para el punto de vista elegido, pero ésta es una más de las diferentes formas de clasificar, distinguir, etc.

El punto de vista que usaré aquí -uno más entre tantos- es el que se puede deducir directamente de las investigaciones de Piaget acerca de la capacidad de los seres humanos de evaluar y regular sus interacciones, así como de la evolución o desarrollo de estas capacidades y los conceptos que se usan para describir estos procesos.

Por la escasa o nula frecuencia con que se utilizan los conceptos piagetianos -o derivados de sus concepciones- que he mencionado, en los dominios de las ciencias sociales, y porque se usan -cuando se usan- con sentidos en general muy vagos y muy diferentes a los que creo que Piaget les dió -en "El criterio moral en el niño"{16}-, vale la pena revisar el complejo sistema conceptual piagetiano, ojalá en los libros del propio autor, pero también en mis textos. Es una tarea mayor, sin duda, ya que requiere del estudio de una decena de sus textos, a lo menos, más los libros en que he resumido y sistematizado estos conceptos. Se trata de tres textos, también extensos. Pero cabe un sucedáneo breve: como todo sucedáneo, sólo mejor que nada.

La más corta de las descripciones, resumida, de los modos de relación social -o ético-morales- de Piaget que he logrado hacer, hasta la fecha, y que reúne las características de ser completa y de ser "autosuficiente" -espero que se entienda sin tener que recurrir a otros textos- tiene sólo diez páginas. Se llama "Los modos de Piaget: una herramienta de análisis" {6}. El subtítulo aclara que los propongo como instrumentos de análisis para las ciencias humanas. Podría "copiar" o insertar dicho artículo directamente del disco duro de mi editor de textos, con gran facilidad, pero, para no extender demasiado éste, supondré que el lector ha leido -o va a leer- el artículo mencionado, a lo menos. Ahora me limitaré a la enumeración de los modos y de la evolución ético-moral -la secuencia en la que los seres humanos aprendemos a usar dichos modos-. En el presente trabajo usaré las descripciones resumidas del anterior para probar la hipótesis de éste. Es decir, este es el segundo piso de una casa cuyo primer piso -escalera incluida- está en el anterior: la responsabilidad -y las dificultades- de tratar de subir sin escala recaen ahora en el lector.

Los modos de relación social, según lo que yo he entendido de Piaget, son los siguientes:

1) la anomía, pre-ética y pre-moral,

2) la ética primitiva,

3) la heteronomía, o modo autoritario,

4) el individualismo o relativismo ético-moral[2], y

5) la autonomía, o modo democrático, o modo de cooperación entre iguales diferenciados

La evolución ético-moral, o secuencia de aparición o aprendizaje -y por supuesto de aplicación- de los modos de relación social antedichos, según las investigaciones de Piaget -tal como yo las he entendido-, y para las personas que evolucionan en las sociedades occidentales actuales, es la siguiente:

a) la anomía, desde el nacimiento.

b) la ética primitiva, desde la infancia (desde el "mantenerse sentado", aun antes del logro del lenguaje).

c) la heteronomía o modo autoritario, desde la infancia (comienzos del lenguaje).

d) el individualismo, desde los inicios de la pubertad.

e) la autonomía o modo democrático, desde inicios de la pubertad.

Piaget distingue claramente dos aspectos de la actividad normativa de las personas: la práctica de las reglas y la reflexión acerca de esa práctica, o acerca de las normas. De las investigaciones empíricas de que da cuenta en su libro queda en evidencia lo que Piaget denominó "dècalage" -traducible por "retraso"- y que consiste en que todo avance -vale decir, todo aprendizaje- se realiza primero en la práctica de la regla y luego de un tiempo de práctica se detecta el logro en la reflexión. Por lo demás, el mismo retraso que Piaget descubrió en los aprendizajes de todo tipo[3]. De la diferencia entre ambos aspectos -la práctica o moral y la reflexión o ética- deriva mi preferencia por la denominación de estas actividades humanas como ético-morales, ya que ambos aspectos me parecen siempre presentes e indisolubles, pero distintos.[4]

Se trata, por lo tanto de una evolución compleja, por un lado de los modos empleados -los que cambian separadamente para diferentes ámbitos de actividad- mezclado con el retraso ya mencionado, para cada aprendizaje particular. Esta evolución indica la secuencia de aparición de los modos -no se trata de estadios, en el sentido fuerte (en el que los nuevos reemplazan completamente a los anteriores)-, e implica la coexistencia de modos -evolución separada por ámbitos de actividad- y un contexto de constructivismo extremo, todo ya explicado en otras partes.[5]

Es necesario destacar que, aun en la actualidad, sólo algunas personas logran el dominio de la autonomía, y eso sólo en algunos ámbitos de actividad: en la gran mayoría de las personas de hoy predomina el individualismo, mientras hay ámbitos de actividad completos en que predomina el autoritarismo -tan importantes como los legales y el económico- y otros igual de importantes en los que predomina la ética primitiva -ejércitos, policías y cárceles-. En estos ámbitos de actividad todos estamos obligados a asumir el modo dominante, aunque nos resistamos.

Piaget no estudió las posibles expresiones de la ética primitiva, -modo que caracterizó muy brevemente- porque consideró de partida que, ya en la época de su investigación -antes de 1932-, estaba extinguido. Discrepo abiertamente de esta opinión de Piaget, ya que este modo puede ser observado en plena actividad hoy en día, en muchos ámbitos de actividad muy importantes. Por estas razones lo he incluido, usando parcialmente las descripciones de Piaget. Piaget pensaba que este modo se daba en las "sociedades primitivas", apareciendo en el período de la pubertad. Por lo tanto, en una escala de evolución apegada a lo dicho por Piaget, esta ética primitiva debería surgir después del autoritarismo, ocupando el tercer lugar.[6]

En la evolución de los seres humanos actuales -desde niños hasta que se mueren de viejos-, la que consiste en que todos van pasando desde el uso único de la anomía al uso mezclado de los modos, por adición de los modos siguientes en proporciones crecientes -según lo ha demostrado Piaget -, tiene una importancia trascendental tanto la ocurrencia de otras evoluciones -tales como la psicológica y la fisiológica- como el apoyo del medio social circundante.

3.- El Poder y los modos.

Como los diferentes modos son las distintas maneras de decidir cuáles son las acciones humanas que se emplean en las interacciones con otras personas, con el medio ambiente -en tanto esto afecta también a otras personas- o consigo mismo, lo que vale tanto para las acciones que "son" -son consideradas- buenas como las que "son" malas, todo ejercicio del Poder -siempre interacciones entre personas- debería estar "marcado" por el modo empleado, es decir, debería mostrar características determinadas por cada modo, claramente distinguibles. Es decir, debería ser posible distinguir un tipo o clase de Poder típico de cada uno de los modos. Esta es la hipótesis: veamos si esto se cumple en la práctica cotidiana.

3.1.- El Poder y la anomía.

Por la definición de anomía -ausencia de regulaciones, y también de acciones concertadas- resulta obvio que cualquier intento de ejercer Poder carece de sentido, al parecer, con dos salvedades. Las personas que sólo son capaces de anomía -en uno o varios ámbitos de actividad determinados- no están en condiciones de reconocer obligaciones ni deberes, muchas veces, tampoco de realizar las acciones que se les requiera. Casos hay muchos: los infantes, personas con anormalidades invalidantes graves -físicas o psicológicas, temporales o permanentes-, personas normales que desconocen un ámbito muy especializado o el lenguaje del lugar, etc. En general, se reconoce que las personas en condiciones de anomía quedan exentas de obligaciones con cualquier tipo de Poder. Normalmente, están "a cargo" de otra persona "habilitada".

La primera salvedad que se me ocurre es el ejercicio de un "Poder" que consiste en aplicarles fuerza física cuando resulta necesario, en beneficio de ellos mismos: en caso de accidente o riesgo de daño inminente, se les pone a salvo como se pueda. Por lo especial de las circunstancias -y de los casos-, creo que esta forma de ejercer poder no corresponde al que nos preocupa.

La otra salvedad es la de utilizar a personas en condiciones de anomía pero sumada a la de incapacidad de oponerse, para realizar con ellas acciones deseadas por quien las utilice. Si estas acciones no afectan a la persona utilizada -hasta pueden serle útiles, como cuidar y acariciar a un infante solo- no cabría hablar de ejercicio de Poder. Si las acciones afectan a la persona utilizada, entonces estamos en un caso de ejercicio de Poder en que la persona afectada es objeto de violencia, siendo ella pasiva. Pero el que ejercita Poder en estas condiciones entra de lleno, como veremos, en el caso siguiente.

3.2.- El Poder y la ética primitiva.

Por la característica principal de este modo ético-moral -se le asigna validez a la violencia física en la relación interpersonal-, todos los casos en que se ejerce Poder basándose en el uso o en la amenaza cierta de la fuerza o violencia física corresponden al que podría llamarse, tentativamente, "Poder primitivo". Es el que se usaba ya en las comunidades más primitivas, desde antes de la aparición del lenguaje, la llamada "ley del más fuerte" o "del garrote".

Esta modalidad de Poder nos resulta tan claramente primitivo que cuesta aceptar que, en la actualidad, se utilice en las enormes proporciones en que realmente se usa. No hay que ser muy imaginativo para citar ejemplos: todas las guerras -incluidas las económicas, y todas las instituciones que participan en ellas o que se preparan para ellas, con dos o tres posibles salvedades [7]-, la delincuencia y la gran mayoría de las instituciones antidelictuales -incluida la teoría del "monopolio de la fuerza", adoptada y aplicada por casi todos los países del mundo-, las éticas carcelarias -y de las instituciones semejantes, incluso la mayoría de los orfanatos-, los terrorismos, las revoluciones armadas y las correspondientes contrarevoluciones.

El recuento no se queda en los grandes ámbitos. También cabe aquí la violencia intrafamiliar, intraescolar, en los deportes -hay algunos en que "ganar" es sinónimo de noquear o incapacitar físicamente al "contrincante"-, y en casi todos los ámbitos de actividad actuales.

Si aceptamos que toda forma de ejercicio de Poder implica el control de la actividad de personas por quien usa el Poder, este Poder primitivo constituye la forma más directa de control –requiere de la presencia del controlador, casi permanente o al menos regular- y al mismo tiempo la más externa a la persona controlada, obligada por el temor al castigo físico. Por la brutalidad que implica, fue la única forma de control que hizo posible la ahora aberrante "institución" de la esclavitud -hasta hace muy poco, y con dudas acerca de su extinción al momento presente-.

Este Poder primitivo es la forma más burda y más primaria de ejercer Poder. Si en la época anterior al lenguaje este Poder primitivo significó un notorio progreso con respecto a la anomía observada también en las otras especies animales, al mejorar la capacidad de organización humana [8], existen hoy otras formas de organizar a la gente que permiten mayor eficiencia con menores sufrimientos y, lo más importante, con mayor posibilidad de realización individual. Asombra, por lo tanto, su abundancia y masividad en las sociedades actuales. Sin embargo, cabe reconocerle un mérito peculiar: las otras formas de Poder derivan, muy probablemente, de ésta.

Puede ocurrir -y sucede- que el ejercicio prolongado de este Poder primitivo condicione a sus víctimas de tal modo que no se haga "necesario" estar golpeándolas continuamente. Personas sometidas por el temor a golpes y maltratos pueden "acceder" a realizar lo que les pidan a la sóla solicitud, sin resistirse, y talvez hasta con sonrisas complacientes. ¿Deja de ser Poder primitivo el que se ejerce con ellas?. Me parece que no, que sigue siendo el mismo tipo de Poder, y que la condición para que siga mereciendo este nombre estriba en que los casos de resistencia sean castigados con violencia física: el "orden" se mantiene por medio de la violencia, sabido por los sometidos y los poderosos. Es, muy probablemente, el principal motivo no dicho que mantiene la férrea disciplina llamada militar.

En la mayoría de las instituciones que se basan en -y usan- este Poder primitivo -y la ética primitiva correspondiente-, hay personas que han "ascendido" a rangos en los que no necesitan ni aplican la violencia física -que incluye, por supuesto, la cárcel-, no lo hacen ellos directamente, salvo en contadas ocasiones, y sólo como humoradas. Se limitan a dar las órdenes para que otros, en su representación, hagan "el trabajo sucio". Obviamente, esta capacidad de "delegar" en otros el ejercicio de la violencia no los exime de su responsabilidad por el uso de esta "herramienta" brutal. Es el caso de quienes ordenan torturar y/o mantienen organizaciones para efectuarlas.

Hay quienes piensan que el condicionamiento de quienes se ven sometidos por períodos largos a este Poder primitivo implican maneras de legitimación y/o legalización -asuntos diferentes, a mi juicio- de este tipo de Poder. Como esta creencia es común a los otros tipos o clases de Poder, prefiero tratar este aspecto más adelante.

3.3.- El Poder y el modo autoritario, o heteronomía.

El modo ético-moral autoritario, con todas las limitaciones que sin duda presenta frente a los modos más evolucionados, significa un avance de enorme magnitud con respecto a la escalofriante ética primitiva. Es el paso de la violencia física a la violencia psicológica, que probablemente tomó muchos miles de años en ser lograda -con grandes dificultades, pausas y retrocesos- por nuestra especie. Una de sus mayores ventajas estriba en que hace posibles organizaciones muchísimo más grandes que la ética primitiva. Un garrote simbólico y abstracto cansa menos que uno macizo, y su alcance se multiplica muchas veces si está "metido dentro" de la cabeza -en el pensamiento- de cada persona. La obligación es ahora un sentimiento de las personas, mucho más interno que los golpes y la violencia física: la obediencia autoritaria es una obligación sentida por el subordinado hacia el que manda, "su" superior. Las organizaciones gigantes -comparadas con las anteriores- sólo fueron posibles gracias a este modo ético-moral.

El mecanismo que hace factibles tales maravillas es el de la delegación del Poder. Así como el Poder primitivo lograba que una sola persona coordinara -un tanto bestiamente- la actividad de un número apreciable de otras personas, para que hicieran lo que ella deseaba y mandaba, ahora con el Poder combinado con el modo autoritario una sola persona podía mandar a muchas personas, que a su vez mandaban a muchas otras cada una, y así sucesivamente, hasta alcanzar a millones en algunos casos. El crecimiento del Poder asume características de progresión geométrica. Además, ya no se requiere "ser el más fuerte", basta con ser el más inteligente -o astuto-, aunque se sea viejo: surgen las gerontocracias, porque durante mucho tiempo se lograba saber más cuando se vivía más, si se tenía la potencialidad.

Llamaré Poder autoritario a este tipo de Poder, tentativamente, para distinguirlo del Poder primitivo anterior. Iré revisando las características principales del autoritarismo, para ver si pueden ser asociadas con un tipo determinado de Poder, en especial con este autoritario, tal como ya hice con el anterior.

El Poder de mayor potencia, entre todos los Poderes posibles, parece ser el de determinar cuáles son las reglas de interrelación que deben seguir los co-mandados -todos mandados al mismo tiempo-, así como el de definir qué es lo verdadero y lo que no lo es -como son las cosas-. Tal como les ocurre a los niños en su etapa en que predomina la heteronomía: esto es cierto porque lo dijo mi mamá/papá, esto se debe hacer así porque lo dijo mi papá/mamá. Las personas que mantienen la heteronomía en ámbitos de actividad más allá de la niñez reemplazarán a los padres por los profesores, luego por las autoridades, por las leyes, los dioses, y, por supuesto, por sus representantes "autorizados".

La autoridad que dice lo que es verdad y lo que es justo es considerada por el comandado como de mayor rango -superior a sí mismo- no sólo porque ostenta un cargo, también como superior en cuanto persona: cargo y persona se confunden. El que manda -el que ejerce el Poder- también se autoconsidera superior a los que le obedecen y le creen. Es la creencia -aprendizaje- y la aceptación de lo justo -obediencia- basadas en el respeto unilateral o de heteronomía.[9]

De aquí surge entonces la dupla sumisión autoritaria y dominación autoritaria, curiosamente simultáneas: las personas de nivel medio son sumisas con su superior y simultáneamente dominantes con sus subalternos. Este respeto unilateral es también la fuente de la preocupación constante por el eje "Poder-debilidad" y el interés permanente en las "luchas por el Poder", descritos magistralmente por Adorno [10], así como la necesidad de un líder -fuerte y duro, ojalá omnipotente-. Muchas veces se le asigna al líder la cualidad de ser "líder natural", tal como son "naturales" la obediencia, la superioridad, las diferencias y los abusos e injusticias permanentes.

Pienso que "mandar" es el mejor sinónimo de "ejercer Poder autoritario", "obedecer" es el que corresponde a "someterse al Poder autoritario", por lo que los usaré en adelante, en beneficio de la brevedad.

El que manda no necesita justificar lo que manda, simplemente ordena y los demás cumplen. Las reglas que fija las impone sin razones que las justifiquen -los que las acatan no las piden, y si se las dan, las considera casi como otras reglas- por lo que el que manda si quiere las cumple. Más aun, no cumplirlas es un signo claro de su Poder, por lo que suele hacer ostentación de quebrantarlas: en los medios castrenses es muy popular el dicho "autoridad que no abusa pierde su Poder", y se aplica en consecuencia.

Como las reglas las fija el que manda a su entero arbitrio, no es extraño que el conjunto resultante sea una "colección de reglas" sin coherencia entre ellas, para las que no vale lo que se llama "el espíritu de las normas", es decir, su sentido, sus objetivos. A estas colecciones les falta lo que se llama "metareglas" o reglas que determinan cómo se fijan las reglas y el sentido del conjunto. Salvo una: las regla las impone -o las cambia- el que manda, como se le ocurre y cuando se le ocurre. Esta falta de sentido general de la colección de normas de convivencia se refuerza por la falta de crítica de parte de los mandados -ni se les ocurre, porque es una de las faltas más graves-.

Evidentemente, las reglas que más se usan en este tipo de Poder no son consensuales ni convenidas. En el caso de que existieran reglas acordadas -la idea del origen democrático de las leyes, ya bastante dudoso en la actualidad- los que mandan se las arreglan muy bien para aplicarlas "a la autoritaria", con lo que el famoso origen se va al tacho: uno más de los tantos mitos ético-morales. Ejemplos hay demasiados: casi todo el sistema judicial opera así, y no sólo en Chile. Recuerde, lector/a, el uso que habitualmente le dan los policías -"amigos del camino"- a los reglamentos del tránsito; ellos mandan, ellos deciden "qué pasó" y el parte se lo pasan cuando quieren, si se les ocurre, por lo que sea. Impuestos Internos es, casi siempre, juez y parte. Creo que basta con lo dicho, aun cuando hay mucho más.

Si consideramos que las leyes norman una fracción ínfima de las relaciones interpersonales que ocurren en una sociedad, tendremos que aceptar que todo el resto -la inmensa mayoría- se rige por normas impuestas por los que mandan. Aun hoy día, en que nos encontramos -en occidente- en una era en que predomina el modo individualista, creo.

¿Qué pasa cuando la gente no obedece al que manda?. Se trata de situaciones muy frecuentes, puesto que el modo autoritario se caracteriza por una gran falta de coherencia ético-moral: puede que la gente sepa lo que debe hacer -el aspecto ético-, pero muchas veces -tal vez la mayoría de ellas- hace otras cosas -el aspecto moral-, en general lo que le conviene o le gusta más. Es una de las razones por las que Piaget califica al autoritarismo como egocéntrico, a lo más sociocéntrico -a veces cuentan también los intereses de grupos cercanos-[11]. Frente a sus intereses, "se le olvidan" sus deberes. No es muy raro, porque las reglas y los deberes le son "extraños" -no ha participado en su elaboración, no sabe para qué sirven ni le interesa-. Como a los niños pequeños, hay que repetírselas una y otra vez; ellos las transgreden también una y otra vez.

Una vez cometida la falta, funcionan varios mecanismos característicos del autoritarismo. En primer lugar, opera la que Piaget llamó responsabilidad objetiva, es decir, la gravedad de las faltas es directamente proporcional al daño físico o psicológico producido, independientemente de las intenciones del autor. Los errores o fallas por desconocimiento involuntario de las reglas también son faltas, hasta oficializado por el parlamento: en Chile, impera el "principio" de que no se puede alegar desconocimiento de la ley, aunque esté justificado. La idea es que se prefiere "castigar de más" que no castigar.

Después, la comprensión de las reglas está orientada a la letra de las reglas, es principalmente literal, por lo que las faltas se estipulan o califican del mismo modo: las intenciones y las condiciones atenuantes se toman en cuenta a gusto del que manda.

Tercero, también juegan su rol las nociones que Piaget llamó responsabilidad colectiva y/o comunicable, vale decir, se considera culpable a todo un grupo -social, étnico, de género, político, y un largo etc.- por las faltas cometidas por uno o más de sus miembros, identificados o no. Estas nociones avalan las vendettas, los castigos colectivos y las represalias, de todo tipo. Incluye la idea del "pecado original" de algunas iglesias, asunto también mencionado por Piaget. Estas nociones las aplican con gran desparpajo hasta las primeras naciones del mundo. Incluso con orgullo. También las usan los educadores, los políticos, los padres y otro largo etc.

Luego, también se aplica otra noción piagetiana, la creencia en la justicia inmanente, según la cual se piensa que agentes externos superiores -tales como los dioses, el destino, el azar, la naturaleza, etc.- se encargan de hacer pagar las faltas cometidas por las personas, aunque sean secretas. Tarde o temprano. Se les asigna Poder a estas "cosas", como si fueran personas, con capacidad de desear e imponer su voluntad: se les reifica y antropomorfiza. ¿Cuántos somos los que no creemos en "la justicia divina"?.

Otra consecuencia de las faltas, ya mencionada al pasar, es la aplicación de sanciones, las típicas del autoritarismo: sanciones expiatorias. Tal como lo indica su nombre, sirven para expiar las faltas, para "lavar" las ofensas, que implican las faltas, al que manda -por sí mismo o en representación de una autoridad aun más superior-, por último, pagar las culpas. En algunas nomenclaturas religiosas, se habla de redimir los pecados. Para que sean efectivas, deben ser castigos dolorosos -psicológica o físicamente- porque el dolor lava las ofensas. Pueden ser humillaciones, peticiones de clemencia -se reconoce el Poder del que manda-, sacrificios o privaciones -como "las mandas" religiosas- pero aun las autoinfligidas tienen el mismo carácter.

El arrepentimiento, también característico del autoritarismo, implica el reconocimiento de la maldad propia y de la autoridad externa ofendida con la falta. El que falta o peca necesita del castigo para poder sentirse redimido. También es una necesidad imperiosa para quienes mandan o han sido perjudicados, de donde surge la abominación por la impunidad: significa "sin castigo". Es preferible castigar de más o equivocadamente que no castigar, de donde surge la necesidad del castigo de todo un grupo por una falta individual -la culpa compartida-. La maldad y el mal, así como la bondad y el bien, antropomorfizados, son también conceptos típicos de este modo.

Mucho se puede decir de las sanciones -en mi "Etico-política" hay 8 páginas- pero creo que aquí basta con una enumeración simple; sacrificios rituales -pagan culpas sociales-, las torturas –físicas o psicológicas-, los castigos corporales, las venganzas, las vendettas, los castigos psicológicamente dolorosos -humillaciones, insultos, amenazas, etc.-, las multas -se "paga" la falta con dinero, textualmente-, la privación de libertad -tanto física como psicológica- y hasta las censuras, seguidas de un enorme etc. Los castigos económicos representan el paradigma del paso de la violencia física a la violencia simbólica, desde la ética primitiva al autoritarismo.

Asociadas a las faltas y los castigos está la noción de culpa o pecado, la búsqueda de los culpables y hasta su invento. Una persona "decente" siente culpa cuando comete una falta. Hasta cuando comete un error que produce daños: esto les pasa a todos los niños, hasta cierta edad. A algunos, cuando crecen, se les pasa, si evolucionan.

Para terminar pronto, sólo mencionaré otra peculiaridad del Poder autoritario: la tendencia a focalizar la atención en las diferencias, pero orientada a privilegiar y defender al grupo propio en desmedro de "los demás". El endogrupo por sobre el exogrupo, posición derivada de las dificultades para "ver" desde las perspectivas ajenas, a su vez debida a la diferenciación inadecuada entre yo y los demás, nosotros y ellos. También analizado por Adorno, en el libro ya citado. Esta característica del autoritarismo es la fuente de todas las discriminaciones, entre las que destacan el machismo, el hembrismo, los etnocentrismos y su expresión más frecuente, el racismo. También, por supuesto, los fanatismos y los fundamentalismos. Nótese que los motivos que inspiran a estas discriminaciones pueden ser de prístina autonomía; un ejemplo muy actual es el del ecologismo fundamentalista.

A estas alturas, creo que se puede considerar como bien ganado el nombre de Poder autoritario. Este tipo de Poder se lo merece.

3.4.- El Poder y el modo individualista.

¿Habrá también un tipo de Poder característico del individualismo, así como encontramos uno para cada uno de los dos modos anteriores?. Me temo que sí, tal como lo he planteado como hipótesis. Revisemos algunas de las peculiaridades del individualismo y veremos si podemos encontrar un tipo de Poder específico de este modo.

El individualista -cuando actúa como tal- se distingue por aplicar su análisis crítico propio en la aceptación de verdades y reglas, sin aceptar que le vengan a decir o imponer qué debe creer y qué obedecer. Es uno de los aspectos propios de la posición de autonomía, que diferencia decidídamente al individualismo del autoritarismo. Pero a una persona individualista no le preocupan ni le importan las consecuencias que sus creencias y normas -y los actos que de ellos se deriven- puedan tener en las demás personas. Ocasionalmente, también puede privilegiar a su grupo de pertenencia. Es decir, es un modo básicamente egocéntrico, y circunstancialmente sociocéntrico. Esto lo comparte con el modo autoritario.

Su idea de sociedad correcta es aquella en la cual todas las personas reclaman cuando no se les está respetando el derecho a decidir también por ellos mismos; los que no reclaman son tontos, y entonces se merecen lo que les pase. Si el afectado reclama, entonces se negocia, usando las ventajas comparativas de cada cual: y "que gane el más mejor".

Para la persona individualista, los conflictos de intereses se resuelven por medio de la competencia, leal -término entendido al modo individualista-, en que cada cual aprovecha sus ventajas comparativas; el que no lo hace es tonto y se merece las consecuencias. Si todos cuidan de sí mismos -y de los suyos, a veces- todo funciona perfecto. Especialmente si se cree -como los individualistas- que las personas son básicamente egoistas -como ellos lo son-, lo que les hace preferir las sociedades de libre mercado, en las que se mueven como peces en el agua. El motor de estas sociedades es el lucro, es decir, la ganancia personal, la ganancia egoista.

Puede que algunas personas no hayan diferenciado todavía esta forma de ejercer Poder -al modo individualista- de los otros modos, pero me parece que las sociedades de libre mercado son ejemplos privilegiados del ejercicio desenfrenado de este Poder individualista, que las ha hecho merecedoras de la calificación de "capitalismo salvaje", ya que carece incluso de las expresiones mínimas del paternalismo autoritario.

Es una forma de relación en la que toda ventaja vale, si los demás no reclaman, de competencia sin freno, puesto que si reclaman se negociará compitiendo con todo lo que uno tenga a la mano, o al pié. Puede que la gente que manda de este modo no sea tan violenta como los antiguos autoritarios, incluso que sean "muy buena onda", pero los efectos de este Poder individualista pueden llegar a ser más devastadores aun que los del Poder autoritario.

El ámbito de actividad en que más destaca el Poder individualista es, qué duda cabe, el económico, en el que está fuertemente afincado desde hace ya mucho tiempo -probablemente tanto como los capitalismos liberales-[12]. Sin embargo, también se usa en las relaciones sentimentales, en las familias -especialmente por quienes están en la adolescencia-, obviamente en colegios y universidades, en las relaciones intraempresas, extraempresas e interempresas -no sólo en los aspectos económicos-, en los ministerios, los medios de difusión masiva, las canciones y las artes, las iglesias, y todos los ámbitos de actividad que uno pueda imaginar. Los ámbitos de actividad que más han resistido a la penetración del individualismo son aquellos en los que priman el autoritarismo y/o la ética primitiva, tales como ejércitos e iglesias.

Placer por el riesgo, predilección por y persecusión del triunfo en la competencia -mientras más libre mejor- que define quien tiene más Poder, por las emociones "fuertes" -rayanas en violencia-, el consumo sin medida -también indicador del éxito y del Poder alcanzado-, responder cuando conviene y si no, correrse -dígale que no estoy-, desprecio por la urbanidad o las buenas maneras, falta de compromiso -con la sociedad y con la gente particular, incluídos los parientes, más si son viejos o minusválidos-, admiración exagerada por el éxito -económico, en el reconocimiento público o en cualquier sentido- y por las personas exitosas y famosas, son algunas de las triquiñuelas y maneras con que ejercen el Poder individualista quienes lo usan. Un vasto campo para investigar, sistemática y científicamente.

Para las personas acostumbradas ya al autoritarismo, el individualismo es la peste: significa desorden, cada cual hace lo que quiere y fija o cambia los valores que quiere -los que le convienen, por supuesto- conduciendo a la simple "pérdida de valores", los buenos, firmes y viejos valores, la pérdida del respeto a las tradiciones y, para colmo, a los ancianos. Para estas personas es casi peor que la vuelta a la anomía -aunque piensan que es lo mismo-, les produce un gran temor esta forma de relación que no entienden -tal como no entienden la autonomía, la que confunden con el individualismo-, y el mundo individualista para ellos carece de sentido, les provoca espanto, los perturba, lo ven caótico, turbulento, desconcertante y sobrecogedor.

Una reacción autoritaria casi paradigmática frente al individualismo es la que muestra, descarnadamente y casi sin recato, el psiquiatra español Enrique Rojas, en sus libros "El hombre light" {19} y "La conquista de la voluntad" {20}. Ambos de gran éxito de ventas, a nivel mundial, lo que indica en cierto modo el apego masivo que todavía existe por el modo autoritario.

Es significativo el subtítulo del primero de ellos, "Una vida sin valores": para los que prefieren la aceptación autoritaria de las reglas ético-morales, la discusión de las normas y los valores por el análisis crítico propio es sinónimo de inexistencia de valores. Y eso es lo más grave que puede suceder, para ellos. En realidad, la creencia en el papel fundamental de los valores para mejorar la convivencia está generalizada en todas -o casi- las personas de las sociedades actuales: yo creo que se trata del mito más perjudicial y más extendido de todos los que conozco, en estos tópicos.

Se puede demostrar que se trata de un mito con sorprendente facilidad, y que, en efecto, un valor cualquiera, si se aplica con la autonomía piagetiana produce los efectos sociales más benéficos posibles. Esos efectos irán empeorando a medida que el valor elegido se aplique con los modos más primitivos, a saber: individualismo, autoritarismo, ética primitiva y anomía, en ese orden. Es decir, la calidad social de las relaciones humanas dependen principalmente del modo que se use, y no de la "firmeza" o "calidad" de los valores empleados.

Le propongo que haga la prueba -que aplique su análisis crítico propio-: elija un valor, imagine su aplicación con los diferentes modos y compare los resultados.[13] Son tan claros que otras posibles demostraciones, por eruditas que sean, sobran. Pienso que esta es la mejor demostración -al alcance de todos- de la importancia de los modos ético-morales en el mejoramiento de la calidad de vida que más importa, la calidad de las relaciones sociales, entre las personas.

Así como el autoritarismo tiene su defensor teórico -el ya citado Dr. Rojas-, el individualismo también cuenta con un defensor, aun más teórico que el Dr. Rojas, y tan carismático y exitoso como él. Se trata del conocidísimo Humberto Maturana, recientemente galardonado con el Premio Nacional de Ciencias, autor -y coautor- de muchos textos, entre ellos los más conocidos, "El arbol del conocimiento" {14} y "Biología del conocimiento" {15}. Maturana -y Varela- plantean allí importantes tesis, entre las que se encuentra la de la "objetividad con paréntesis" contrapuesta a la objetividad sin paréntesis, la corriente, la de toda la gente, que ignora el papel del observador -y su ontogenia- en la construcción de lo que observa. Sus críticos alegan haber encontrado idénticos argumentos en autores anteriores, pero Maturana ha recogido el mérito de haberlos planteado, como dice él, "desde la biología", en conjunto con otras tesis. El las ha popularizado.

Me cuento entre sus críticos, pero mis objeciones van por otro lado. Pienso que Maturana llega a las conclusiones anotadas partiendo de confundir "percibir" con "conocer". Creo que no son sinónimos, no todo percibir implica un conocer, conocer es más complejo que percibir, a mi juicio. Si estoy en lo cierto, la base de sus razonamientos está errada, y por lo tanto, eso quita validez a sus afirmaciones posteriores. Curiosamente, coincido con él en muchas de sus conclusiones -por ejemplo, en la importancia de "aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia"- pero pienso que sus demostraciones contienen vicios de lógica -con "saltos" no justificados-, algunos derivados de sus errores iniciales. Para mí no basta con llegar a la misma conclusión, es importante cómo se llega a ella, aunque me agrade la conclusión. Hablando de gustos, tampoco me gusta su peculiar jerigonza -el "maturanez"-, el que me suena a juego de adolescentes, que complica sin necesidad su entendimiento, y muestra poco respeto por el lenguaje corriente que hablamos los legítimos otros en la convivencia. Sobre todo cuando él insiste en que se le discuta en "maturanez".

Puede parecer que considero que este individualismo -y su Poder asociado- son total y absolutamente negativos. Es cierto que prefiero la autonomía y la ausencia de Poder que pienso va asociada a este modo.

Pero, precísamente porque me gusta el modo que viene más adelante, aprecio al individualismo en cuanto es actualmente un paso obligado en la evolución que conduce a la autonomía, más compleja, más difícil de lograr, de mejor calidad socializadora y más evolucionada. Las sociedades, al igual que las personas, no pueden saltarse las etapas intermedias. Puede que no me gusten algunas características de los adolescentes, pero los prefiero a los niños menores, porque entiendo que están pasando por una etapa difícil y dolorosa de crecimiento, además inevitable. Tal como les ocurre a las sociedades adolescentes, como la que ahora vivimos.

Creo que todo lo dicho justifica suficientemente la existencia de un Poder característico del individualismo, el que amerita el nombre de Poder individualista.

3.5.- El Poder y el modo de la autonomía.

Continuando con el método ya descrito, que parece haber dado buenos resultados, repasaré las características principales del modo de la autonomía, o modo democrático, o modo de cooperación entre iguales diferenciados. Para los suspicaces, cabe destacar que Democrático y Autoritario son los nombres que usó Piaget, ya en 1932.

La más importante cualidad del modo de la autonomía es el respeto en que se funda, que Piaget denominó respeto autónomo o democrático, consistente en que la persona se considera a sí misma como un igual a todos los demás, y, simultáneamente, a todos los demás como iguales a sí mismo, en cuanto personas. Su observación de las diferencias entre las personas -de todas las personas- le conducen a concluir que son expresión de su igualdad: todas son igualmente diferentes. Desaparecen así los superiores y los inferiores.

En este modo surge la tendencia a usar la cooperación y la solidaridad entre iguales en las relaciones sociales. Los jefes y los subalternos son considerados como iguales en cuanto personas, pero que tienen funciones -temporales generalmente- que les autorizan a tomar decisiones que obligan a otros, muchas veces delegadas y siempre aceptadas voluntariamente por quienes están sujetos a ellas. Se prefiere la colaboración y la solidaridad de todos con todos y en la posibilidad de obtener ventajas mutuas de su aplicación, sin que sea indispensable obtener beneficios personales siempre: aparece la generosidad pura, sin dobles intenciones.

También en este modo se desarrolla la tendencia a focalizar la atención en las semejanzas e intereses comunes de las personas y grupos, considerando las diferencias y desigualdades como ocasiones privilegiadas para aplicar la cooperación entre iguales -cada cual se hace cargo de lo que conoce y hace mejor, que también habitualmente le gusta más- y de obtener de la colaboración y la solidaridad ventajas para todos. Es decir, en este modo las DESIgualdades se aprovechan, en vez de rechazarse como en el autoritarismo y la ética primitiva. No tengo claro aun qué pasa con las diferencias en el individualismo. Evidentemente, en este modo se rechaza todo tipo de discriminación como injusta e inconveniente.

Otra ventaja es la tendencia a utilizar el razonamiento respe-tuoso en conjunto con los demás, la comprensión reflexiva de todos los puntos de vista y la consideración de todos los intereses, y el convencimiento, tanto propio como el ajeno, como las formas preferidas de solución equitativa de conflictos de intereses y de relación social. Se tiende a la utilización de la no-violencia activa frente a situaciones de conflicto grave, rechazando toda forma de violencia y de agresión.

Las verdades y las reglas justas se aceptan, en este modo, utilizando el análisis crítico propio unido a la observación personal de la realidad circundante; no vale ahora que alguien "importante" haya opinado de otro modo. Las reglas ahora deben ser consensuales y convenidas, de mutua conveniencia y, más aun, convenientes para todos, estén o no presentes. Es el efecto del respeto autónomo: todos cuentan, todos somos responsables por todos, también los que vendrán, las generaciones futuras -de donde surgen las preocupaciones ecológicas, dejar el mundo lo menos contaminado posible, para ellos-. Hay que ponerse en el lugar de los demás -superar el egocentrismo y el sociocentrismo- para operar descentradamente. Se aplican los criterios de reversibilidad -qué pasa si yo estoy en las condiciones del otro, qué desearía yo que un otro hiciera- y de universalidad -qué pasaría si todos hicieran lo que yo deseo hacer-. La verdad y la justicia son ahora independientes de mis deseos y de mi conveniencia.

Esta responsabilidad ilimitada y permanente, la preocupación por lo que pueda pasarles a los demás, no existe para los individualistas, es el gran salto de la autonomía.

Las reglas tienen razones de respaldo, un sentido claro, no son arbitrarias y todos deben cumplirlas, flexiblemente, para tomar en cuenta las circunstancias de los hechos, y, fundamentales, las intenciones de quienes actúan. Es lo que Piaget denominó responsabilidad subjetiva, que hace abstracción de los resultados materiales de los actos, para centrarse en la intenciones. Los errores dejan de ser faltas -no hubo intención-, el desconocimiento es atenuante importante. La equidad reemplaza a la igualdad exacta y rígida.

La responsabilidad es ahora individual, por lo que se rechaza, como injusto, que alguien responda por lo que hace el grupo social al que pertenece -en contraposición a la responsabilidad colectiva y/o comunicable-. Ya no se cree en la justicia inmanente, las reglas son convenios entre personas reales.

Otro cambio dramático ocurre con las reglas y los valores, los que ahora se constituyen en sistemas de conceptos o ideas, organizados y coherentes. Las escalas valóricas ético-morales construidas en este modo tienen como característica el que las reglas sean, necesariamente, coherentes unas con otras, por cuanto cada una se acepta como válida por respeto autónomo, cada una con análisis crítico propio, y según las numerosas metareglas de estos verdaderos sistemas de ideas o conceptos. De aquí que, por ejemplo, no se acepten reglas contradictorias con otras anteriores. Los cambios de reglas se aceptan del mismo modo, sin aceptar la arbitrariedad de ninguna autoridad externa. Estas escalas valóricas son, entonces, sistemas de ideas muy estructurados, con estructuras de metareglas -reglas que regulan las reglas y los modos de elaboración de nuevas reglas-. La metaregla generalmente presente consiste en la capacidad de la misma persona para criticar, crear, anular y modificar las reglas, según su propio criterio y con respeto por sí mismo simultáneo con respeto a todos los demás en su calidad de iguales diferenciados.

Por la forma de construcción de las reglas, valores y códigos, en el que la persona ha desempeñado un papel protagónico, las personas sienten y muestran un sólido y flexible compromiso personal con ellas, permanente en el tiempo, con cambios graduales que corresponden a la evolución natural del sujeto en sus avances y mejoras de la capacidad de comprensión y elaboración de reglas y valores. Aparece un sentimiento de necesidad de las reglas y valores, derivado del autoconvencimiento fundado en el análisis crítico propio, del descubrimiento por sí mismo de las relaciones que avalan y justifican sus construcciones paradigmáticas.

Las creencias y conocimientos adquiridos en este modo no son susceptibles de cambio de autoridad superior externa -ya que no existe tal autoridad- y, por lo tanto, tampoco caben los violentos "cambios de bando" o "conversiones" que son tan frecuentes en el autoritarismo o en la ética primitiva. El compromiso con esa autoridad externa ha sido reemplazado, en la autonomía, por el compromiso consigo mismo, lo que ya no se puede cambiar por otra cosa.

En la evolución personal, los cambios derivados del mejoramiento de las herramientas de análisis, tanto de los sistemas conceptuales mejores como de las estructuras de pensamiento más complejas y más eficientes -evolución en el dominio cognitivo-, producen una evolución de los conceptos en que los nuevos comprenden y abarcan a los anteriores desde un punto de vista más complejo y de mayor amplitud. Este proceso es semejante, a nivel de evolución personal, al que ha ocurrido en el campo de las ciencias físico-matemáticas, al nivel de la evolución de las sociedades, en las que las nuevas teorías -concepciones científicas- no niegan ni contradicen a las anteriores, sino que las superan dejándolas como casos particulares de una teoría más general. Como ejemplos se pueden citar a las geometrías euclidianas con respecto a las no euclidianas, y a la física newtoniana con respecto a la einsteniana. En ambos ejemplos, las primeras son entendidas ahora como casos especiales y restringidos de las segundas.

Las personas que han logrado aprender y usar este modo -en algunos ámbitos de actividad- también pueden incurrir en faltas. O pueden verse en la necesidad de aplicar sanciones a quienes aun no logran la autonomía. Para los que ya dominan la autonomía ¿qué sanciones conviene aplicarles a otras personas, cualquiera que sea el modo en que ellas se encuentren?

Correspondería hacer una breve enumeración ejemplar de algunas de las sanciones de reciprocidad o de autonomía ético-moral. Pero son tan poco frecuentes en nuestras sociedades actuales que tal vez valga la pena enunciarlas también, muy someramente. Al enunciar las sanciones autoritarias, las expiatorias, pudo parecer que habíamos agotado las posibilidades, que ya no quedaban más sanciones. Lo que, en cierto sentido, es cierto: hemos terminado con las sanciones si se las considera como sinónimo de castigo doloroso. Pero, como veremos, también cabe la posibilidad de considerar las sanciones como consecuencias de la infracción de las normas y/o del comportamiento erróneo, casi necesariamente desagradables para el infractor, pero que pueden -y conviene- tomarlas como errores y oportunidades para progresar moralmente: también se puede aplicar aquí uno de los principios más fructíferos de las ciencias, aprender de los errores y de las equivocaciones.

Para no alargar demasiado, he preferido un cuadro resumen. El orden en que las muestro no tiene significado. Algunas sirven para unos casos, otras para otros, según las circunstancias, unas para niños otras para adultos. Copiado de mi "Ético-política", con mi autorización.

ENUMERACION DE LAS SANCIONES DE RECIPROCIDAD

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Condición básica.

Deben ser aplicadas sin cólera o ánimo (efecto real) de castigar, humillar o hacer pagar la falta al causante. Es vital aquilatar las intenciones que motivaron el hecho juzgado. Son apropiadas, cada una, para diferentes casos específicos. Se "deducen", por razonamiento, nuevas sanciones de reciprocidad para casos no mencionados.

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Soportar los efectos del acto reprobado.

Consiste en que, temporalmente, el causante soporte los efectos naturales de su acción, la que le perjudica. Sirve para que el infractor comprenda la razón por la que dicho acto se considera indebido, y por la que no debe repetirse.

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Exclusión temporal.

Es mostrar el sentido de la regla mediante la experiencia de la separación del grupo social. Necesariamente temporal, limitada al mínimo indispensable para lograr la comprensión del sentido u objetivo social de la norma.

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Privación temporal.

Consiste en privar al causante del uso de los elementos que ha dañado o de los que ha abusado. Necesariamente temporal, con período mínimo indispensable para que entienda por qué no debe abusar o dañar.

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Reciprocidad simple.

Consiste en hacerlo experimentar lo mismo que él hizo a otro, para que sienta lo que el otro sintió. Se trata de que aprenda a ponerse en el lugar de los otros. Es apta sólo para personas muy "concretas".

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Sanción restitutiva.

Consiste en hacerlo devolver lo robado, reemplazar lo dañado, y, en general, reparar lo que ha ocasionado. Lo ideal es que el sancionado, ayudado por otros, decida por sí mismo la forma de restitución, ojalá de manera voluntaria. En muchas ocasiones, si no es factible reparar los daños producidos, se recurre a compensaciones.

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Sanción moral o censura simple.

Es la explicitación inequívoca de la ruptura del contrato social por la comisión del acto reprobado, para que el infractor comprenda las razones que avalan la regla, por qué no es conveniente hacer lo que él hizo, para que tome conciencia de haber actuado inadecuadamente y comprenda cuál es la forma conveniente de decidir y actuar en el caso en cuestión. Es la sanción de reciprocidad por excelencia.

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Estas sanciones son sólo algunas de las expresiones importantes de este modo ético-moral, ya que este modo también se muestra por muchas otras formas de actuar, más sutiles y difíciles de distinguir y caracterizar.

Creo que de lo ya expuesto emergen con claridad diferencias muy grandes entre lo que se entiende por democracia -y términos derivados- en la vida corriente o académica actual y lo que significan sus homófonos -suenan igual pero con distintas acepciones- en el contexto piagetiano descrito. Para distinguirlos sin demasiadas explicaciones, de aquí en adelante, las acepciones piagetianas las pondré con D (mayúscula).

Si lo ya dicho se ve complicado e impresionante -a mí me lo parece-, los efectos que este modo tiene -o puede tener- en los ámbitos sociales -en todo tipo de organizaciones- superarán las mejores expectativas. Hasta vale asignarles un punto. Veámoslas.

3.5.1.-Dirigir, coordinar, ejecutar. El equipo y la organización Democrática.

En las relaciones -y organización- autoritarias me vi obligado a definir dos términos, muy precisos, mandar y obedecer, uno para jefes y otro para subordinados. También suelen usarse en las organizaciones individualistas, si los demás no reclaman. En la organización y relaciones Democráticas estas palabras no están reservadas a unos y otros con exclusividad; más aún, casi no se usan. Las actividades principales de una organización Democrática se pueden reflejar muy bien con «dirigir», «coordinar» y «ejecutar», cuyos sentidos generales trataré de delinear, sin ánimo de definir ni de agotar el tema, ni mucho menos.

En una organización Democrática todos dirigen, unos a más personas y otros a menos, pero hasta el que se dirige solo -tal vez lo más importante- posee la herramienta básica: el autocontrol, o sea una buena moral. Y si dirige a muchos, también posee la capacidad de ponerse en el lugar de los otros, para evaluar correctamente si la persona a la que está encargando una tarea está en condiciones de realizarla bien y si ha entendido todo -el «role taking» y la agudeza psicológica-. Dirigir implica lograr la comprensión de lo que debe hacerse, para que la ejecución sea causada. Se debe mostrar y convencer de la necesidad de la tarea, de su importancia y de sus relaciones con otras.

Dirigir es también coordinar los esfuerzos y capacidades de todos, para que se refuercen, y puedan lograr la síntesis armoniosa de un proyecto grande, imposible -o inconveniente, por los plazos- de ser realizadas por una sola persona. No sólo el jefe coordina, cada cual colabora para coordinarse voluntariamente con los otros participantes.

Dirigir es también ejecutar, por sí mismo y/o por medio del grupo de trabajo, el grupo al que uno pertenece voluntariamente -como igual-. Este grupo recibe un nombre especial: el «equipo». El trabajo en equipo, el espíritu de equipo, los logros del equipo, las dificultades del equipo, y tantas otras, son expresiones o facetas diferentes del modo de operar en conjunto: de cooperación entre iguales. Hasta la etimología de la palabra ayuda. Coope-ración es la co-operación, la operación en conjunto, o junto con. Y la cooperación entre iguales hace el equipo, el conjunto en el que todos tienen una función, un lugar propio, al que todos pertenecen por igual y al que todos le importan por igual. No se trata de decir que el que barre hace lo mismo que el que planifica todas las actividades, y eso todos lo saben. Muchos pueden barrer y muy pocos planificar todo. Lo importante es que ambas actividades son indispensables y que ambas personas son personas iguales. Incorporarse al equipo cuesta, no es gratis, y en eso también son todos iguales, como en muchos otros requisitos para pertenecer de verdad al equipo.

Todos dependen del equipo y el equipo depende de todos. No se necesitan "camisetas" ni escarapelas ni discursos patrióticos llamando a cumplir con "el deber" o la "obligación", todo esto en "ciertas" ocasiones. La pertenencia al equipo y el reconocimiento por la labor cumplida es y debe ser una sensación permanente de todos sus integrantes, así como la responsabilidad y preocupación constante y consciente de cada cual de cumplir consigo mismo y con los demás.

Una orquesta se dirige -no se manda, no se puede mandar- porque es indispensable que todos los músicos sientan la música de la misma manera que el director, y eso no se puede "mandar". Los buenos directores los nota la orquesta desde el primer ensayo, por su capacidad de lograr un espíritu común de entrega voluntaria a la música, a la que respeta y ama. Los músicos dicen que "se ganó a la orquesta". Puede ser muy, muy exigente, hasta violento, también equivocarse, eso no importa, si lo sabe hacer en el sentido ya indicado, pero no puede ser un tirano ni mandar que sientan más o mejor: conseguirá la rebeldía de los músicos y las pifias del público, todo consecuencia de lo que ha hecho. Una orquesta es una organización más, con fines y actividades propias.

Otras organizaciones también pueden -y lo requieren- trabajar afiatadas como una buena orquesta, sintiendo respeto y amor por lo que hacen. Se me dirá que es muy distinto interpretar música, que es un arte, de dirigir una organización, lo que sería una ciencia. Creo que las diferencias son muy discutibles, puesto que los ejecutantes requieren aprender las técnicas musicales además de usar su sensibilidad musical, y los buenos "operadores" de todas las técnicas que conozco hacen exactamente lo mismo, también requieren de mucha sensibilidad. Un solo ejemplo, el del operador de una gran grúa, que embelesa a su "auditorio" cuando mueve enormes pesos con gracia, elegancia y precisión, usando de su capacidad técnica -conoce como funciona su máquina- y usa su habilidad de coordinación y sensibilidad de cómo reaccionan los grandes pesos que mueve, anticipándose con sus "instrucciones" a la máquina para que todo resulte bien. También aquí se notan los "virtuosos".

Ninguno de estos logros es gratuito, se cultivan con esfuerzo, requieren constancia y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, en especial cuando el instrumento en el que uno toca es una organización. Tal como en la orquesta, la coordinación –co-ordenarse- es vital en toda organización. Se hace a cada momento, pero también ha llegado a ser una especialización, cuando se trata de coordinarse por adelantado: se le llama «planificación». Consiste, principalmente, en la ordenación anticipada de las actividades en el tiempo, de todas las tareas específicas que pueden lograr el objetivo deseado. En una organización Democrática, todas estas capacidades deben transformarse en hechos, bajo la batuta psicológica de los que la dirigen, usando las habilidades de los que le acompañan -sus compañeros- en la aventura de mantener la organización vigente y vigorosa.

Una organización Democrática requiere reglas claras, conocidas por todos, respetadas por todos -incluidos los jefes máximos- y acordadas por todos. Su contenido será el que norme la convivencia interna y las relaciones con el exterior. Por supuesto, deben incluir las consecuencias que deben afrontar los responsables de omisiones o contravenciones no justificadas -sin buenas razones- a las disposiciones acordadas.

Otra característica importante de una organización Democrática es que no debería discriminar entre sus integrantes y los de fuera, privilegiando a unos en perjuicio de "otros". La primera razón es que existe inserta en el medio social, gracias a él. Sus relaciones con otras organizaciones y personas se deben regir también por los principios propios de la organización, de honestidad y respeto por todos, originados principalmente por el respeto a sí mismo. El hecho de que otras organizaciones y personas no se sientan obligados por principios semejantes a los suyos no la libera de sus responsabilidades y compromisos, puesto que estos han sido desarrollados, aceptados y asumidos por autorespeto, por convencimiento íntimo de su validez universal y en todo momento, independientemente de fallas o errores ajenos. Las personas autoritarias o individualistas -en estos ámbitos- ven esta obligación como una desventaja muy grande y muy tonta, porque uno se impide a sí mismo usar todas las "herramientas" o "ventajas comparativas" que usa "el enemigo", pero la práctica me ha demostrado que no es así, al menos en el largo plazo, ni para las personas ni para las organizaciones. Incluso en las condiciones actuales de civilización poco desarrollada aún, es un "buen negocio", además de ser justo.

De este contexto fluye naturalmente el respeto por el medio ambiente, en todo sentido: una organización Democrática es ecologista en todas sus actividades. La responsabilidad de la organización para con las personas y organizaciones que vendrán en el futuro es tanto o mayor que la que se tiene con las actuales, en especial porque no estamos muy seguros de la eficacia de las medidas que tomamos para evitar la degradación irreparable de nuestro único ecosistema. En la duda, más vale ser cautos y tomar precauciones de más que de menos. Las enormes y repetidas fallas en este sentido de nuestras organizaciones actuales nos muestran el escaso grado de civilización que aun tenemos.

3.5.2.- ¿Cabe el Poder en el modo Democrático?..

Podría decirse mucho más, tanto de las organizaciones Democráticas como del modo Democrático, pero creo que lo dicho da una idea suficientemente clara, al menos para los fines de este escrito. Veamos ahora si mi hipótesis es correcta.

Aceptando la definición ya dada de Poder, su sentido básico está en que una o más personas ejercen Poder cuando consiguen que otras personas hagan lo que las primeras desean, sin que sea necesaria la preocupación por los deseos y/o necesidades de las que hacen.

Dado que lo básico del modo Democrático -y de las organizaciones Democráticas- es la cooperación entre iguales diferenciados -uno de los nombres que le asignó Piaget-, parece evidente que hay una contradicción intrínseca entre el Poder y la Democracia, entendida ésta como el ejercicio del modo Democrático -ahora ambos términos con mayúsculas-. Está claro, espero, que esta Democracia es mucho más amplia y compleja que las acepciones corrientes, políticas y de otros tipos, y que abarca a todos los ámbitos de actividad humanos imaginables.

En las relaciones en el modo Democrático lo fundamental es hacer juntos, de común acuerdo y en provecho no sólo mutuo, también en el de los demás. Al menos, con la certeza de no estar perjudicando a nadie. En estas condiciones, la parte que cada cual realice no implica ni puede significar diferencias -en cuanto personas- de los que hacen. Cada cual hace lo que mejor sabe hacer, en una coordinación acordada, que tiende a la utilización eficiente de las diferencias, aptitudes y preferencias. Una división del hacer que se irá modificando según las necesidades y circunstancias, flexiblemente. Modificaciones que serán analizadas y acordadas por todos, con el aporte de todos.

Ante lo extraño que resultan las interacciones -y las organizaciones- Democráticas, que no abundan, más bien escasean -casi hay que imaginarlo todo, o casi-, surgen muchas dudas.

¿Acaso no hay jefes, algunos que mandan?. Si hay jefes, pero no mandan, en el sentido de ordenar arbitrariamente, autoritariamente. Son los que organizan, los que coordinan y planifican, y los que se hacen responsables de las decisiones que toman, habitualmente después de haber consultado con todos los que puedan aportar a ellas. No abusan de su posición -que entienden temporal, ajena a ellos en cuanto personas-. En vez de "mandar", asignan las tareas, en vez de buscar culpables cuando algo sale mal se interesan en saber qué pasó, cómo pasó, por qué pasó, para aprender de los errores y no repetirlos. Entienden su labor como de ayuda mutua con sus colaboradores -mejor que subalternos-. Algo importante: los que ocupan cargos no tienen impedimentos para ser amigos y quererse con sus colaboradores, recíprocamente. Fuera de las horas de trabajo, todos se comportan como iguales diferenciados, no corren las jerarquías.

En este modo, si alguien pide ayuda, ¿no está poniéndose en situación de inferioridad?. Además ¿no está tratando de que otros hagan lo que desea -definición del Poder-, que debería hacer solo?. Si se pide ayuda cuando se necesita, sin ánimo de aprovecharse, no se está en ninguna de las situaciones en duda. La ayuda puede ser motivo para hacer mejor, para aprender o para darse el gusto de hacer juntos, para lo que se requiere la intención sana, respetando a los demás y a sí mismo. Reconocer que no se sabe es vital para aprender, cuando ése es el ánimo. La ayuda solidaria sólo es posible en este modo, a mi juicio, porque no es interesada -como la caridad, hecha para agradar a un ser superior-, no hay subestimación tácita, y requiere respeto mutuo. De paso, una buena manera de distinguir caridad de solidaridad.

Dado que en una organización Democrática las reglas se deciden de común acuerdo, los objetivos generales de la organización también, y todos participan equitativamente de los frutos de ella, ¿qué papel queda para los dueños?. ¿Será que todos mandan?. ¿No será un desorden generalizado?. Por las experiencias que he tenido -por supuesto parciales- no se transforma en desorden, al contrario, el respeto de los jefes por sus colaboradores genera un respeto igual en respuesta, además con mejores razones. Tampoco todos mandan, en realidad nadie manda, piden que se haga lo que corresponde, distribuyen tareas y materiales, organizan, dando las razones que aconsejan hacer lo que proponen, aceptando sugerencias y críticas constructivas. En algunos casos, hay divergencias de opinión, y en esos casos deciden quienes serán los responsables: los encargados de decidir. Los que aceptan la responsabilidad de haber aceptado y puesto en práctica una sugerencia ajena.

El único caso que he conocido de dueño de empresa que hacía uso -y bastante- de esta forma de administrar -con el modo Democrático-, pensaba que la propiedad de ella era ya compartida con sus colaboradores, puesto que había comenzado con muy poco, y el tamaño considerable que había alcanzado era fruto del trabajo de todos. Él cumplía con un cargo, como cualquiera otro, y recibía un sueldo, más una parte de las utilidades -por el capital que aportaba-. Llevó su coherencia al punto de dejarla en manos de los trabajadores cuando se encontró "en minoría" respecto al destino y forma de manejarla: entonces decidió "retirarse". Recibió un pago, por su "parte", bastante modesto. La empresa continuó, autogestionada, hasta que tuvo que cerrar durante la dictadura de Pinochet.

La organización Democrática es el ideal que perseguíamos, con éxito muy relativo, cuando tratábamos de implementar la Participación de los Trabajadores, -en las empresas de la llamada Area Social de la Economía y en otras organizaciones, durante la Unidad Popular en Chile-. Y que se produce muy naturalmente en Chiloé en las mingas o mingacos, experiencias inolvidables para los que hemos tenido la suerte de vivirlas. En las que cualquiera que vaya pasando, perfecto desconocido, -fue mi caso- puede integrarse al enorme equipo, ayudando por largas horas, aceptado como un igual y siempre como alguien útil. No pude identificar a los beneficiarios -¿qué importaba?- pero estoy seguro de que ese traslado de casa fue en beneficio de sus dueños y también de todos los que participamos: una hermosísima fiesta de solidaridad. Con mucha y muy rica comida y deliciosa chicha de manzana, para todos, hasta para los flojos y algunos mirones.

No son experiencias nuevas, ya que los mingacos son tan antiguos como las legendarias trillas a yegua, que eran las únicas posibles en los campos chilenos, y que alcancé a vivir cuando niño, en la que entonces era la Provincia de Talca. Como los asados pampeanos que menciona Atahualpa Yupanqui en "El payador perseguido", que "son de nadie y son de todos", a los que cualquiera puede arrimarse y churrasquear, haya o no sido invitado. Tampoco se han extinguido, puesto que los desastres naturales o artificiales suelen motivar la solidaridad generalizada y la autoorganización de los que llegan al sitio del suceso. El espíritu de minga termina justo cuando aparecen y se hacen cargo las autoridades establecidas, en el actual orden imperante, muy autoritario en estos ámbitos de actividad.

En estos casos -antes de que llegue la "autoridad"-, ¿quién ejerce Poder?. ¿Quién manda y quién obedece?. Nadie, por supuesto. Todos hacen lo que saben hacer, sugieren, proponen y ejecutan según las habilidades de cada cual. Aunque a veces se cometen errores muy graves, la diáfana claridad de intenciones es tan manifiesta que pronto se olvidan, y no se anda buscando culpables. Salvo la autoridad.

Las mingas y las trillas a yegua -supongo que también los asados pampeanos- no son remunerados ni se paga por asistir, y cualquier insinuación en ese sentido es una ofensa grave. Pero también he tenido experiencias laborales en que he detectado el espíritu de minga. Parciales, por supuesto, sólo de algunas de las personas involucradas, pero de indudable y sostenida autonomía, al menos en algunos aspectos del trabajo, remunerado. Donde he visto con mayor naturalidad y frecuencia este espíritu es en las labores de carácter técnico.

De los países orientales tengo información muy fragmentaria, con un halo de misterio y mito que me impide usarla con tranquilidad. Sin embargo, durante una experiencia laboral en una empresa automotriz japonesa -allá por los 80-, me enteré, con asombro, que en sus fábricas no existía la función "control de calidad", como la que existe aquí -y también en otros países del primer y segundo mundo-. Lo más impactante es que sus productos gozan de una muy merecida fama de buenos, debida a que sus estándares de calidad están siendo cada vez más estrictos -mucho más que sus similares de USA y Europa-, mejorados por los mismos que después tienen que cumplirlos.

Difícil de comprender para las mentalidades de las sociedades nuestras. ¿Cómo lo consiguen?. Muy simple, me contestaron: nadie es mejor especialista que el que hace cada cosa, ningún Control de Calidad puede superarlo. Respuesta insatisfactoria, para mí, puesto que eso también se sabe aquí, y no sirve. Bueno -me dicen-, además, cada funcionario nuestro respeta su trabajo tanto que no se le ocurriría hacerlo menos bien que lo que le es posible. No podría soportar haberle faltado así a sus compañeros, a los clientes, a su familia y a toda la humanidad. Eso es, para todos, lo justo, lo que corresponde, y también lo normal. Por lo tanto, tenemos un autocontrol que opera 24 horas al día, mejor que cualquier otro. Eso también se aplica al ritmo de trabajo, por lo que los rendimientos nuestros suben sin cesar -como la calidad de nuestros productos-, siempre estamos buscando y encontrando maneras de mejorarlos.

Aduje que la buena calidad era muy reciente -en esa época- porque ellos habían estado copiando, con resultados mediocres por bastante tiempo, lo que hacían en Europa. "Japonés" había llegado a ser sinónimo de barato pero malo. Reconociendo esta embarazosa realidad, la explicaban diciendo que las tecnologías basadas en las ciencias actuales eran muy nuevas para ellos, las conocieron y practicaron sólo a partir de los años 40. Comenzaron copiando, y cometiendo muchos errores, pero reconociéndolos y poniendo mucha atención en ellos, para irlos remediando metódicamente. Además, destacaban, en corto tiempo pudieron detectar los errores y deficiencias de los productos europeos, por lo que sus copias llegaron a igualar y luego a superar los "originales". Los consumidores se fueron dando cuenta y prefiriendo sus productos, que fueron subiendo de precio en consonancia. A pesar de ello, sus ventas han seguido creciendo, porque la buena calidad vale lo que cuesta, y con ventajas. Ahora son famosos por su calidad.

Es el mismo proceso que se puede observar con los productos chinos y de otros países asiáticos, en una secuencia que comenzó más tarde, retardada pero de características semejantes.

Mis dudas pasaron a otro punto: ¿cómo lo han logrado?. Uno de mis informantes, de más de 70 años entonces, y con sólo algunos meses en Chile, no consigue entender mi perplejidad, pero con mucha paciencia y respeto me explica. El cree que es el resultado de más de 5.000 años de una cultura que ha tenido que vivir en lugares cada vez más sobrepoblados, lo que significaba autocontrol o mucha más miseria, incluso asunto de mera supervivencia. Agrega que además, han tenido suerte, porque han podido sobrivivir a muchos y muy graves errores. Sin que yo le pregunte me expresa sus temores: eso empieza a perderse en la juventud, tal vez por influencia de su bonanza actual, o por influencia occidental, no lo sabe. Pero que están preocupados, y pensando como solucionarlo.

Hay varias otras características tan trascendentes e impactantes como la descrita -pero largas de explicar-, como la inamovilidad perpetua y hereditaria, que los "recortes de sueldo" empiezan por el primer nivel cuando la empresa se ve en dificultades -no por los últimos, como aquí-, la forma en que se asciende, etc. Se me dirá que esto puede explicar los éxitos japoneses -y los asiáticos en general-, pero que poco tiene que ver con nuestro asunto. Yo creo que esas formas de relación son expresiones evidentes de autonomía ético-moral -con su autoregulación, su coherencia entre la ética -lo que uno sabe que debe hacer y la moral -lo que uno hace- y su preocupación por los demás, intrínsecas-, masivas a más no poder, exitosas en el mejor sentido. ¿Cómo serán los otros ámbitos de actividad en esos países?. Misterio, que me gustaría aclarar pronto.

Creo que los ejemplos asiáticos demuestran suficientemente que las ventajas de la autonomía y la Democracia no son utopías, están operando y vale la pena tratar de masificarlas más y extenderlas a otros ámbitos de actividad.

¿Logrará la humanidad preservar estas relaciones de autonomía?. Los resultados son tan buenos que muchos expertos de las organizaciones las están estudiando. He leído de algunas experiencias en USA que se parecen a la descripción que hice antes de la organización Democrática, con autogestión a todo nivel, que tuvieron mucho éxito mientras mantuvieron sus principios iniciales. Empresas grandes -líneas aéreas, compañías de seguros continentales, etc.- que emergen en el mismo corazón del capitalismo y su lucro egoísta. Su autor -Peter Senge [14]- parece no conocer a Piaget ni a su autonomía, pero sin duda prefiere y recomienda varias soluciones claramente Democráticas (con D) -no todas las que sugiere, obviamente-. Hay lugar a la esperanza.

En otros ámbitos de actividad también me ha parecido reconocer recomendaciones de muy evidente autonomía piagetiana. Puedo citar con placer a Thomas Lickona con dos excelentes libros, uno dedicado a la crianza de niños -hasta que salen de la adolescencia- y otra para la incorporación de la moral en los curricula de la enseñanza formal.[15] Hay muchos aspectos de estos textos con los que no concuerdo, hasta me parecen perjudiciales, pero mi buena opinión del total de ellos no disminuye por eso. Lamento que no estén traducidos al castellano. Una cualidad adicional de estos libros es que contienen muchas y muy claras indicaciones para promover y fomentar la autonomía piagetiana, asunto vital.

Lickona sí conoce a Piaget, hasta lo cita, al mismo "El criterio moral en el niño" que yo leí, pero sin duda él lo entendió muy diferente: él sigue las "interpretaciones" académicas en vigor, al parecer en todo el mundo. Esta es la razón por la cual he destacado, varias veces, que estoy exponiendo las teorías de Piaget según mi propia interpretación. Mis divergencias con Lickona, de carácter teórico, están expuestas en mis otros textos.[16] Pero, si se toman con autonomía -lo que no siempre resulta- hasta las divergencias son útiles.

Espero que todo lo expuesto sea suficiente como para considerar justificada la última parte de mi hipótesis, vale decir, si las relaciones sociales se efectúan con el modo Democrático, entonces el Poder desaparece -pierde su sentido- y aparece el poder hacer, más y mejor, solidariamente.

4.- El Poder, ¿se legitima y/o legaliza?.

Me está quedando una tarea pendiente: al término del estudio del Poder primitivo mencioné la creencia -muy difundida- de que el Poder se legitima o legaliza, o ambas cosas, cuando los que lo sufren se "acostumbran", se "domestican" o se someten, al parecer, de manera voluntaria y, además, permanente.

Nuevamente creo indispensable definir bien los términos. Entiendo por «legitimar» o legitimarse el que lo legitimado llegue a ser considerado «legítimo», es decir, válido, justo, correcto, etc.. Por «legalizar» o legalizarse al hecho o proceso de «hacer legal», acorde con las leyes. De estas "definiciones", talvez demasiado simples, pero muy claras, creo que se deduce directamente que se trata de cosas distintas. Hay leyes que uno considera justas, válidas y correctas -es decir legítimas- y otras que no lo logran. Hay otras acepciones de ambos términos, válidos en otros contextos, pero los atingentes a este ensayo son los dichos.

Por ejemplo, en los juegos de lenguaje actuales, especialmente entre jóvenes, se acostumbra decir "es legal" queriendo decir, algunas veces, «es legítimo», mientras que en circunstancias diferentes se quiere decir lo que se está diciendo: puedes hacerlo según la ley, pero sabemos que no es correcto. El sentido se tiene que deducir del contexto, un juego de ambigüedades que le gusta mucho a la juventud: hay que saber entender, estar en el secreto.

En cuanto a la cuestión acerca de la legitimación y/o legalización del Poder -en cualquiera de sus tres versiones, primitivo, autoritario o individualista- por medio de su permanencia sostenida hasta que los mandados reaccionen "sin" coacción, pienso que hay que distinguir al menos tres casos.

Los casos dependen del modo ético-moral del cual es capaz el mandado -para el o los ámbitos de actividad en que se ejerce el Poder-, y su relación con el tipo de Poder usado.

a) Si la persona que obedece sólo es capaz de interaccionar con el modo que corresponde al Poder usado -no con los modos más evolucionados-, entonces dicha persona considerará legal y legítimo el uso de ese Poder. Incluso, puede llegar a sentir que la persona que manda "no sabe mandar" si no manda con firmeza, o sentirse desorientada si no tiene quien la mande. Además. para las personas de este caso, ambos términos son sinónimos.

Ejemplo: un mandado sólo capaz de autoritarismo, considerará legal y legítimo el Poder autoritario. Incluso, de inmediato. Se siente cómodo y seguro, las incomodidades son "naturales", así es la vida. Puede llegar a querer a "su" superior.

b) Si la persona mandada es capaz de relacionarse con un modo superior al del Poder que usan con ella, entonces talvez acepte la legalidad del Poder -si siente que no puede evitarlo- pero pensará y sentirá que ese Poder es ilegítimo. Tratará, por los medios que pueda, de evitar ser mandada con ese modo-Poder. Para las personas en este caso, los términos tienen distinto significado.

Ejemplo; una persona capaz de operar con autoritarismo, si es tratada con Poder primitivo, se resentirá de la violencia que ejercen con ella, reclamando y considerándola injusta, inadecuada, indebida, etc.. Si no puede eludirla -por razones legales- aceptará talvez su legalidad pero no la legitimará nunca, por más que se prolongue. Para esta persona será muy clara la diferencia de significado de los términos.

c) Si la persona mandada es capaz de relacionarse con un modo inferior -o más primitivo- al del Poder que usan con ella, sentirá que la que manda "no sabe mandar", y además puede sentirse desorientada, no saber a qué atenerse. Su comportamiento tenderá a ser más "desordenado". Supongo que las personas en este caso pueden considerar que el que "manda" así, sin saber mandar, no tiene derecho al mando. Nuevamente puede surgir la diferencia de significado, aunque el Poder de ese jefe sea legal -está de acuerdo con el ordenamiento legal, las leyes vigentes- ese Poder puede ser, simultáneamente, ilegítimo, por la incapacidad del jefe. Creo que ésta puede ser una de las razones importantes de los derrocamientos. Para estas personas legal y legítimo no son sinónimos.

Ejemplo: Sigamos con la persona autoritaria -en ese ámbito de actividad-. Si usan con ella el Poder individualista, sentirá que "no saben mandar" -son muy "blandos"- y hasta puede no entender su posición, y "subirse por el chorro", aprovechándose. Lo mismo si la tratan esperando de ella autonomía, sin ejercer Poder: no va a entender nada, y se sentirá "perdida", sin saber a qué atenerse. Puede tratar de cambiar al jefe por alguien que mande bien, o de derrocarlo. Otra vez aparece la diferencia entre legal y legítimo.

De este análisis se desprende que el tipo de Poder que prefiere y usa una persona, y la forma en que las personas utilizan los conceptos «legal» y «legítimo», en circunstancias conocidas de ejercicio de Poder -incluida la ausencia de Poder por autonomía- pueden ser indicadores claros y fácilmente detectables del modo que cada persona usa en los ámbitos de actividad correspondientes. Pueden ser dos de los aspectos constitutivos de los diferentes modos, en los que yo no había reparado antes.

Esto es lo que me parece, lo que deduzco de los modos de Piaget y también de lo que he podido observar de las realidades sociales que he vivido. Me parece consistente, además útil, porque me evita "esperar peras del olmo": también le sirve a la gente que tenga que soportarme como jefe o subalterno.

A pesar de la consistencia que observo, estoy convencido que podría encontrar los errores que estas deducciones contienen, casi con certeza, si tuviera los medios para hacer las investigaciones empíricas, de tipo científico, que son enteramente factibles, ahora mismo. Cualquiera que fueran los resultados -muchos, pocos o sin errores- estas conjeturas dejarían de serlo, para dar lugar al desarrollo de técnicas para que la gente pueda pasar de los mandos y obediencias más primitivos a los más evolucionados. Puede servir para que, algún día más cercano, se cumpla uno de los sueños del manojo que canta Joan Manuel Serrat, "que se haga todo como está mandado, y que no mande nadie". Y ser la herramienta para que se cumpla también, de esos sueños, el "que se pueda andar distraído sin correr peligro". Y otros sueños.

5.- Comentarios.

Desde la perspectiva expuesta, ¿cómo se ven las citas del Poder del comienzo, esos admirables resúmenes hechos por Alejandra Valdés? (Ver ps. 2 y 3).

El Weber que nos muestra Ajandra, entiende Poder como sinónimo de Poder autoritario, sin lugar a dudas: es la capacidad "de imponer la voluntad propia sobre los demás"; "en el ámbito político-social el término más preciso es dominación"...en el sentido "de encontrar obediencia frente a un mandato"; implica "la creencia en la legitimidad de la dominación". ¿Qué más claro?

He subrayado algunas palabras -no lo están en el original-, a mi juicio claves. No me parece extraña la tendencia autoritaria de Weber, dada la época en que vivió. De otras lecturas, me parece lícito deducir que Weber, siendo fuertemente proclive al autoritarismo, no aprobaba la ética primitiva, salvo casos "justificados" -para él, cuando el autoritarismo no conseguía resultados satisfactorios-. No se ve muy distinto que muchos próceres actuales, de fuerte autoritarismo. Por lo demás, es la posición de la casi totalidad de los sistemas judiciales del mundo.

La Hanna Arendt mostrada por Alejandra pareciera, a primera vista, de plena autonomía. Eso indica su idea acerca de un Poder que es "la interpretación simbólica de la solidaridad de un grupo", fuente de "legitimación y reconocimiento de las decisiones colectivas".

Hasta aquí vamos bien, con una pequeña pero significativa duda: ¿no hay decisiones -y acciones- legítimas si no son de un grupo?. Esta suele ser uno de los predicamentos de la ética primitiva, en la que destaca la fuerte subordinación de las personas al grupo de pertenencia, habitualmente considerado, además, como un grupo especial.

Sigamos. Para ella el Poder es el ejercicio de "la capacidad humana de actuar (...) en concierto". El Poder es del grupo, nunca de individuos, y existe mientras se mantenga el grupo.

Esta afirmación confirma la duda anterior, pero además indica que, en la primera parte, está desconociendo una realidad evidente, que se contradice con las afirmaciones del párrafo anterior. Esto es, que no se puede negar que las organizaciones autoritarias también permiten el actuar humano en concierto, con mucha economía de discusiones. Lo mismo ocurre con las de la ética primitiva. Sin ninguna solidaridad. Las contradicciones que no se detectan por satisfacer un deseo muy fuerte suelen indicar formas autoritarias y de ética primitiva -siempre egocéntricas- de pensamiento, por muy buenas que sean las intenciones. Eso lleva a "ver lo que se desea ver", independientemente de lo que ocurre en la realidad -física o social-.

Veamos la última parte. "Ella diferencia cuidadosamente poder y dominación, ya que equipara dominación con violencia"..."Violencia y poder son términos contrarios; donde la una domina por completo el otro está ausente (...) la violencia puede destruir el poder; es absolutamente incapaz de crearlo."

Dudas confirmadas. Casi toda la historia humana está saturada de Poder generado por la violencia, y mantenido con ella. Arendt no quiere ver lo que no le gusta. Y no lo ve. Este voluntarismo, aunque sea por motivos altruístas, es característico del autoritarismo, y también de tendencias al fundamentalismo, es decir, ética primitiva. Por otra parte, confundir dominación con violencia significa desestimar la violencia psicológica del autoritarismo, que puede operar indefinidamente sin violencia física. ¿O distingue ambos tipos de violencia?. Tal vez define otro tipo de poder, con otras palabras. Me parece poco probable, por otros escritos de ella que he leido. Los motivos altruistas, incluso con asignación del carácter de sagrados, son un recurso típico de la inmensa mayoría de los autoritarios con Poder -en sus tres versiones-, lo que suele confundir mucho: ¿cómo es posible que sea autoritaria esta persona que propone cosas "tan buenas"?. Pinochet lo hacía tan bien como Arendt, sólo en este aspecto, sin ánimo de compararlos en otros.

Pienso que Arendt está lejos todavía de la autonomía. En estos temas, me parece más cercana al autoritarismo y la ética primitiva, con algunos visos de individualismo -no mostrados en estas citas-.

Me quedan las citas de Foucault. De ellas me parece deducir una especial y precoz cualidad: detecta que el Poder no es privilegio de las estructuras -¿querrá decir "las personas que actúan en representación de instituciones públicas"?-, y que también está presente en otras instituciones -familias, amigos, etc.-. Textualmente, "en todas las esferas de la sociedad". Además, "siempre", "Todas las relaciones que involucran a otros implican dinámicas donde se ejerce poder".

Este absoluto recalcado -para él no hay relaciones en las que no haya Poder- parece indicar que Foucault no imagina las alternativas de autonomía, no las ha conocido o no las ha detectado, si las vivió. El que no imaginara alternativas de inexistencia de Poder por anomía no me indica nada, no tiene nada de raro: aún hoy son muy pocas las personas que saben lo que eso es, menos todavía las que la relacionarían con el Poder.

Foucault proporciona otras pistas. Para él, el Poder es "una estrategia ... que produce verdades, normalizaciones, disciplinamientos, etc.", y que "se ejerce a partir de innumerables puntos y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias."

Si él piensa que es el Poder el que genera las verdades -autoritarismo cognitivo-, las normalizaciones -que traduzco por «normas»- y disciplinamientos, está mostrando claras características del autoritarismo, a saber, la verdad y la regla las definen las autoridades superiores externas. Lo mismo ocurre con su afirmación de que el ejercicio del Poder sólo es posible desde la desigualdad. Si afirma que siempre hay Poder en las relaciones, entonces dice, tácitamente, que todas las relaciones implican desigualdad. No cree en la igualdad intrínseca de las personas. Mi impresión, clara, es que Foucault operó principalmente con autoritarismo, muy probablemente, por lo mostrado en estos escritos.

6.-Un comentario a los comentarios.

Al releer los comentarios, me ha parecido pertinente hacerle un comentario. Que vale la redundancia.

Pienso que se puede estar o no de acuerdo con mis comentarios, discutir si he interpretado correctamente lo que los autores dicen y si he relacionado lícitamente lo que yo digo que ellos dicen con las características de los modos. Pero, cualquiera que sea el resultado, éste no influye en una cualidad que a mi juicio dichos comentarios poseen, difícil de discutir: un análisis como el que ellos constituyen no se puede hacer a menos que se usen los conceptos piagetianos, en su conjunto, tal como los expongo aquí y en mis otros textos. Lo que también puede ser discutido es si a esta característica corresponde calificarla de cualidad. Yo creo que sí, y aquí van mis razones.

Pienso que las investigaciones empíricas de Piaget demuestran, con un alto grado de certidumbre, que las personas se relacionan de maneras recurrentes, que se diferencian entre sí por las características que él describe de los modos. Obviamente, confío en que mis deducciones sobre la existencia del modo individualista, basadas en los modos de Piaget y en mis observaciones asistemáticas de la realidad social en que vivo, son también correctas. Por eso las muestro.

Es decir, pienso que los modos ético-morales "existen", si se les sabe "ver", y son ellos los que determinan fundamentalmente la "calidad social" de las relaciones entre las personas. Más que cualquier otra variable conocida. Espero haber mostrado aquí que el Poder que se use depende del modo ético-moral del grupo societal, y que la calidad de vida obtenible con cada tipo de Poder está directamente relacionado con el grado de evolución del modo correspondiente. Y que el óptimo deseable es la ausencia de Poder obtenido por el uso del modo Democrático.

Por experiencia propia, compartida con el resto de la humanidad, sé que de poco sirve saber qué es lo que me gustaría que ocurriera, si no va acompañado del saber cómo se consigue: el famoso "know how", el saber cómo, que muchos traducen como "saber hacer", directamente. Los gringos, muy concisos, no aclaran que se trata del saber cómo hacer, pero acompañado del saber cómo funciona. Que el primero no funciona si no se tiene el segundo. Mi diccionario inglés no deja dudas; conocimiento, pericia o "experticia" técnica y habilidad práctica acumuladas para la ejecución eficiente y suave de una tarea compleja y difícil.[17] Es la única acepción que aparece. En mi diccionario español, muy modesto, no figura.

La diferencia es fundamental. Saber como funciona no sirve tampoco, si está solo. Es indispensable la dupla. Pero hay una prioridad: no se puede adquirir habilidad práctica si no se sabe como funciona. Primero la teoría y luego la técnica correspondiente. Saber que se padece una enfermedad no conocida en vez de saber que se padece otra "conocida" -el médico sabe como "funciona"- grafica esta diferencia. Enterarse que uno tiene cáncer -o sida- en vez de saber que sólo se trata de una amigdalitis -o del cólera- demuestra la otra. En el último caso, el médico sabe también como mejorarla. Cuando no se conoce el remedio lo habitual es que no se conozca bien como funciona: algo falta que no permite interrumpir el proceso.

Aun aceptando que el sistema nocional piagetiano que propongo, hasta el momento no contiene "remedios" tipo receta para acelerar la evolución ético-moral personal -y por ende la de las sociedades-, presenta características muy halagüeñas de describir adecuadamente una parte importante del "como funciona" una persona en sus interrelaciones. Especialmente útil me parece el que también permita "diagnósticos" suficientemente claros y simultáneamente haga posible fundamentar la deseabilidad social de cada modo.

Permite saber, por ejemplo, cuáles de las recomendaciones de Lickona o Senge promueven la autonomía y cuáles no, con pequeño margen de duda. Entonces, allí hay una enorme cantidad de "recetas", con ejemplos muy claros, hasta con dibujos.

Permite fundamentar en investigaciones científicas -las de Piaget- el rechazo del autoritarismo como medio idóneo de "preparar para la democracia", como pretendía Pinochet y otros, entre ellos Fujimori, que se escuda en su "elección democrática" para actuar como cualquier tirano "no elegido".

En el plano personal, un buen dominio de este sistema nocional ayuda muchísimo en la evaluación de las decisiones y actuaciones propias -en todos los ámbitos de actividad imaginables- y en la selección más cuidadosa de las futuras, aprendiendo de los errores pasados. También facilita la evaluación de los medios sociales en que uno se ve inmerso, muchas veces sin alternativas, y previendo qué es lo que se puede esperar y qué no, adecuándose así a características de ese medio que antes no eran posibles de adivinar. Ahora, cuando me pasan un parte -por supuesto injusto- me da mucho menos rabia que antes. Ya es algo. Si mi dominio fuera realmente bueno, me quedaría totalmente tranquilo. Espero conseguirlo, algún día.

Pero el progreso personal no basta, si ya he comprendido que mi calidad de vida no sólo depende de mi bienestar, también depende de la calidad de vida de la sociedad en que vivo, relacionada con todas las demás sociedades por lazos cada vez más fuertes y extensos. Mientras haya gente muriendo o sufriendo por ignorancia, no puedo estar tranquilo, me siento responsable de hacer lo que esté a mi alcance por ayudar, solidariamente, por evitar esos sufrimientos, ahora inútiles e innecesarios. Siento la necesidad imperiosa de compartir con todos las herramientas que nos pueden llevar a un futuro solidario, comprometido, Democrático con D, lo más pronto que podamos.

Entre todos, podemos acercar significativamente la sociedad deseable por excelencia, la que definió Bertrand Russell, escueta y elegantemente: aquélla sociedad en que las personas sientan espontáneamente deseos -incluyen gustos, intereses y necesidades- que no se contrapongan con los deseos de los demás. Y cuando eso no sea posible -casos habrá- resolver con estricto respeto mutuo.

Mediante la cooperación entre iguales diferenciados. Para que, realmente, nunca más...en ninguna parte...

 

¿Sugerencias, críticas, comentarios, preguntas?. Envíalas al autor, pinchando aquí.

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BIBLIOGRAFIA

{1} Adorno, Theodor W., Frenkel-Brunswick, Else, Levinson, D.J. y Sanford, R.N., "The authoritarian personality", (La personalidad autoritaria) Harper, New York, 1950.

{2} Bunge, Mario. "Ética y ciencia", Siglo Veinte, Buenos Aires, 1972.

{3} Chacón M.,Patricio, "Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia", Mimeo, Santiago, Chile, 1994.

{4} Chacón M., Patricio, "El tema ético-moral, un gran ausente." (Algunos mitos sobre la ética y la moral) Mimeo, Santiago, Chile, 1993.

{5} Chacón M.,Patricio, "Etico-política", Mimeo, Santiago, Chile, 1993.

{6} Chacón M.,Patricio, "Los modos de Piaget: una herramienta de análisis", Encuentro XXI, Num. 2, Otoño 1995, Santiago.

{7} Chacón M.,Patricio, "¿Podremos civilizarnos más rápido?", autoed. privada, Santiago, Chile, 1989.

{8} Chacón M.,Patricio, "Sociedades adolescentes" (Una teoría de la evolución social) Mimeo, Santiago, Chile, 1995.

{9} Hurtado, Victoria; Santa Cruz, Guadalupe y Valdés, Alejandra. "Un deseo indecente", Instituto de la Mujer, Santiago, 1995.

{10} Lickona, Thomas, "Educating for character", Bantam Books, New York, 1991.

{11} Lickona, Thomas, "Raising good children" (Criando buenos niños), Bantam Books, New York, 1985.

{12} Macpherson, Crawford Brough, "La teoría política del individualismo posesivo", Fontanella, Barcelona, Seg, Ed., 1979

{13} Macpherson, Crawford Brough, "La democracia liberal y su época", Alianza Editorial, Madrid, 1982.

{14} Maturana H. y Varela N, "El arbol del conocimiento", Universitaria, Santiago, 1978.

{15} Maturana H. "Biología del conocimiento", Universitaria, Santiago, 1985.

{16} Piaget, Jean, "El criterio moral en el niño", Ed. Fontanella, Segunda Edición, Barcelona, 1974. Traducción de "Le jugement moral chez l'enfant", Alcan, Paris, 1932.

{17} Piaget, Jean, "Estudios sociológicos", Ariel, Barcelona, España, 1977. Traducción de "Études sociologiques", Droz, Ginebra, 1965.

{18} Piaget, Jean, "La toma de conciencia", Morata, Madrid, 1976,

{19} Rojas, Enrique, "El hombre light" (Una vida sin valores), Temas de Hoy, Madrid, 1992.

{20} Rojas, Enrique, "La conquista de la voluntad" (Como conseguir lo que te has propuesto), Temas de Hoy, Madrid, 1994.

{21} Russell, Bertrand, "Fundamentos de Filosofía", Plaza y Janés, Barcelona, España, 1975.

{22} Senge, Peter, "La quinta disciplina", Granica, Barcelona, 1993.

{23} "Webster's New Collegiate Dictionary", Merriam-Webster, Springfield, Mass. USA, 1949

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Notas

[1] Véase, de Hurtado, Santa Cruz y Valdés, "Un deseo indecente" {9}, pgs 63 a 65. A. Valdés ci­ta a Arendt, Hanna: "Sobre la violencia", Cuad. de J. Mortiz, Méxi­co, 1970, y a Foucault, Michel: "El dis­curso del Poder", Folios, México, 1983.

 [2] Piaget nunca mencionó este modo, el individualismo. Lo he postulado como un modo diferente a partir de la ca­racterización de los modos pia­getianos, como un modo transicional entre el autorita­rismo y la auto­no­mía, dado que en la ac­tualidad puede ser distinguido con bastante faci­lidad: no cal­za comple­tamente con ninguno de los otros dos. Una expli­cación y caracterización bas­tante com­pletas, in­cluso la razón probable por la que Piaget no lo mencionó, pue­den verse en mi artículo "Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia" {3}.

[3]Piaget dedicó todo un texto --con su correspondiente investigación empírica-- al tema del retraso o dècalage, "La toma de conciencia" {18}, fenómeno que se presenta tanto en los aprendizajes llamados "intelec­tuales" como en los llamados "motores".

[4] Sigo en esta distinción a M. Bunge --véase su "Ética y ciencia"{2}-- y a B. Russell --véase su "Fundamentos de Filosofía" {21}--.

[5] Véase P. Chacón M. "Etico-política" {5} y "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {7}.

[6] He planteado y justificado esta divergencia principalmente en ¿Podremos civilizarnos más rápido? {7}. Además, creo que el aparecimiento de la ética primitiva después del autoritarismo puede darse cuando se evoluciona en sociedades ya organizadas con autoritarismo, pero aparece primero cuando no hay "cultura autoritaria" previa, tal como ocurre aun hoy en­tre niños abandonados a su suerte --en la ca­lle o en orfanatorios--: es el caso de sociedades que vienen de la anomía, me parece.

 [7] Las excepciones serían los ejércitos de Suiza y Suecia, organizados de modo tal que sólo "saben" operar defensivamente: información que me fue entregada ex­traoficialmente en la embajada de Suiza. Talvez Francia esté, hoy en día, camino a la misma forma de entrenamiento.

[8] He planteado antes una secuencia de la evolución social de la hu­ma­nidad ana­lizada conside­rando los modos de Piaget: la historia de las sociedades humanas dividida en eras, una para cada mo­do, en la misma secuen­cia "natural" en que se produce actualmente en las personas. Pienso que cada nueva era --en la que predomina un modo más evolucionado-- implica un avance significativo y difícil de lo­grar, con respecto a la era anterior. Véase mi "Sociedades adolescentes" {8}, subtitulada "Una teoría de la evolución social". Todas las próximas refe­ren­cias a la evolución social están ba­sadas en las ideas expuestas en este texto.

 [9] Todos los conceptos asociados al autoritarismo que menciono aquí están expli­cados in extenso en Piaget "El criterio moral en el niño" {16}, resumidos y sistematizados en P. Chacón "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {7}, y "Etico-política" {5}. Los mitos están analizados en P. Chacón "El tema ético-moral, un gran ausente" (Los mitos acerca de la ética y la moral) {4}. Nótese que allí no men­ciono todas las ca­rac­terísticas del autoritarismo ni todos los mitos: hay más.

[10] Véase de Adorno et als "La personalidad autoritaria" {1}.

[11] Las nociones "egocentrismo" y "sociocentrismo", así como las de las formas "descentradas" de pensamiento están expuestas in extenso en Piaget "Estudios so­ciológicos" {17}, Cap I pto 4.

[12] El mejor estudio que conozco sobre los capitalismos liberales está en los textos de Mac­pherson "La teoría política del individualismo posesivo" {12} y "La democracia liberal y su época" {13}. Nótese que él también habla de "individualismo".

[13] Por si su manejo de los modos no le permiten todavía hacer este instructivo ejercicio, pue­de en­contrar un par de muestras en mi "Etico-política" {5}, ps 54 a 66. El valor "no mentir" está a­plica­do con autoritarismo y con autonomía --en dos historias--, analizando los contenidos psicológicos  ex­plícitos y los implícitos: los resultados son e­videntes. Hay otro par de historias relativas a un problema en un ta­ller, que muestra la influencia fundamental de los modos en la calidad social de la convivencia, aun cuando allí no hay un valor reconocido como tal.

[14] Véase Senge, Peter, "La quinta disciplina" {22}.

[15] Véase Lickona, Thomas, "Raising good children" {11} y "Educating for character" {10}.

[16] Véase Chacón, Patricio, "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {7} y "Ético‑política" {5}.

 [17] Véase Webster's Dictionary {23}, p 466. La traducción es mía.

 

 

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Etieconomía: el precio.

Apuntes para un estudio ético-moral de la economía.

 

Patricio Chacón Moscatelli Fono: 735 42 76 

Stgo, Chile

E-mail: pachamos@xxxxxxxxxxx

Mayo, 1997

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1.- Introducción.

Muchos temas pueden ser analizados con el prisma de un conjunto de conceptos propio de otro tema. Los expertos en economía -en especial los 'libremercadistas'- han hecho uso extensivo de este ejercicio: buena cantidad de los expertos en los otros temas así analizados reclaman de un uso que linda en el abuso, sobre todo cuando la ejecución de algunos aspectos de sus temas preferidos resulta ser calificada como 'económicamente inviable'.

Creo que es tiempo de aplicar a la economía un poco de su misma medicina, para beneficio de todos, economistas libremercadistas incluidos, y sin ánimo alguno de revancha, propia o ajena.[1]

Intentaré no caer en las diatribas habituales contra 'la economía' --denominación que casi subentiende a la economía neoliberal libremercadista-, y las consabidas acusaciones de su inmoralidad, ya casi un lugar común. Más aun, trataré de ser consecuente con mis afirmaciones anteriores, en las que he destacado la inconveniencia de las generalizaciones indebidas, la antropomorfización de conceptos abstractos y los análisis fuera de un contexto claro y específico: los considero errores graves a los que nos induce nuestra capacidad de abstracción, una trampa tendida por nuestra propia habilidad de usar el lenguaje, cuando no las usamos con el debido cuidado: 'creamos' realidades imaginarias inútiles y engañosas.

Por supuesto, no se trata de analizar 'la economía' como un todo: sólo algunos fenómenos de la actividad económica que me parecen especialmente indicados para ser tratados con el prisma ético-moral. Más específicamente, con el sistema conceptual que Piaget elaboró al estudiar la génesis del pensamiento ético, y, por lo mismo, también de la acción moral.

Reconociendo de antemano mi ignorancia casi total de una ciencia tan compleja como la economía -sé lo suficiente para darme cuenta de que no sé lo suficiente- me limitaré al estudio de un solo tema, simple, cotidiano, al alcance de cualquier egresado de educación media: la fijación del precio de un producto o servicio y la transacción comercial consiguiente. La alusión a otros aspectos económicos es inherente al contexto en que se da el precio, necesariamente económico: trataré que sea sólo marginal.

Quienes esperen tajantes condenas o aprobaciones ético-morales de alguna de las alternativas de realización de estos fenómenos económicos se verán defraudados: las experiencias ético-morales -según Piaget- sólo pueden ser calificadas asignando un modo ético-moral a la persona que las realiza, por lo que no serán 'buenas', 'malas' o 'indiferentes', en el sentido del moralismo tradicional. Tampoco habrá 'culpables' ni proposición de 'castigos'.

Lo que no quiere decir que estén ausentes algunas formas de evaluación que, debo adelantar, son poco corrientes: ciertas alternativas pueden ser evolucionadas o primitivas; egocéntricas, sociocéntricas o descentradas; socialmente convenientes o inconvenientes; por último, hay o no ruptura de lazos o contratos sociales.

2.- Definición de términos.

Pienso que todo análisis útil debe comenzar por una correcta y completa definición de términos, a fin de que pueda ser criticado sin ambigüedades, y así mejorado. Por mi condición de lego en economía -a la que me acojo- las definiciones de este ámbito serán casi las del sentido común, las que estimo suficientes para este análisis preliminar. Espero que no sean incompatibles con las de los especialistas.

2.1.- Precio y compraventa.

Entiendo por «precio» al valor que se asigna a un producto o servicio para que pueda ser transado en el mercado. Es decir, precio es la cantidad de moneda corriente que el comprador debe entregar al vendedor para que pueda quedarse con el producto o usar el servicio. Este «intercambio» de lo vendido por el dinero es lo que denominaré «venta» y «compra»: dos caras del mismo proceso -también llamado «compraventa»-, el que entrega la cosa -que usaré como sinónimo de producto o servicio- es el que vende y el que paga -que usaré como equivalente a «entregar el dinero»- es el que compra.

2.2.- El sistema conceptual ético-moral de Piaget.

Mi intención es hacer un análisis del tema económico planteado desde una perspectiva ético-moral científica.

¿Como acercarse científicamente a este aspecto de las vivencias humanas, tan característico de nuestra especie?. Por nuestra manera de pensar, para entender los fenómenos ético-morales, necesitamos de un conjunto de ideas acerca de este tópico: es decir de una teoría. Por supuesto, todas las personas tienen y usan alguna de las tantas teorías en boga acerca de la ética y la moral. Como ya he afirmado en otra parte, la mayoría de las ideas de uso público -o del sentido común- acerca de estos temas no pasan de ser, en último análisis, mitos [2]. Carecen de las características que nos hacen preferir las teorías científicas. Uno de los mitos que ya he analizado consiste en creer que es imposible hacer un estudio científico de la ética y la moral.

¿Existe, en la actualidad, alguna teoría científica acerca de la actividad ético-moral?. Afortunadamente sí, y más de una.[3] De las que conozco, destaca entre ellas la más antigua, planteada hace ya 63 años, en el libro "El criterio moral en el niño", de Jean Piaget {24}. Basada en sus estrictas investigaciones empíricas, del más puro estilo científico, constituye, a mi juicio, una base firme para analizar el desarrollo de las sociedades desde el punto de vista de la evolución de sus modos característicos de relación interpersonal, base última de la evolución de todas las instituciones humanas, de todos los ámbitos de actividad imaginables. Por supuesto, también las del ámbito económico, tan ligado al político.

¿Podrá ser usado, como el mejor criterio para el análisis de fenómenos económicos, la teoría de Piaget acerca del desarrollo ético-moral?. Piaget planteó esta teoría para el comportamiento y la evolución ético-moral de las personas en ámbitos diferentes al económico, pero me parece obvio que es lícito extrapolarla a este ámbito -es una teoría independiente de los 'contenidos'-, y además suponer como válidos otros aditamentos, que postulo como derivados lógicos de la teoría base de Piaget. Creo que, este conjunto, cumple mucho mejor con las condiciones requeridas que otras teorías habitualmente usadas -como las del sentido común, que se usan sin darse cuenta, de manera no consciente-.

De acuerdo con la teoría ético-moral de Piaget, las personas demuestran usar formas recurrentes y habituales de determinar lo que está bien o está mal hacer, en su relación con otras personas, con las cosas y consigo mismas. Estas formas de criterio moral -a los que llamó modos- consisten en diversas maneras de aceptar la validez de las reglas -por heteronomía o por autonomía-, preferencia por ciertos tipos de sanciones -expiatorias o de reciprocidad-, diversas formas de considerarse a sí mismo con respecto al grupo social -el respeto de heteronomía o el respeto de autonomía-, los que menciono sólo como ejemplos de una compleja red de conceptos. Estos modos conforman verdaderas mentalidades diferentes, que coexisten en la misma persona -en distintos ámbitos de actividad-, las que van evolucionando en estrecha relación con otras evoluciones que las personas experimentan, a medida que crecen, y que se dan como potencialidades, que sólo se realizan -se hacen reales- en la medida que el medio social lo hace posible.

La comprensión del sistema conceptual piagetiano, del cual he mencionado sólo algunos conceptos, a mi juicio requiere a lo menos del estudio cuidadoso y sin prejuicios de una docena de sus libros, además de lo cual se requiere ir relacionando meticulosamente los conceptos estudiados en cada uno de ellos, hasta conformar la red antes mencionada. El libro en el que Piaget trata la evolución ético-moral, "El criterio moral en el niño" {24} ya citado, puede ser muy mal interpretado si no se estudia -muy distinto de sólo leer- sabiendo el contexto dado en sus otros libros fundamentales, en los cuales conforma una idea de cómo piensan y aprenden a pensar los seres humanos, idea que es extraordinariamente diferente a las ideas del sentido común: se trata de un paradigma psicológico distinto al de uso común, y también al de los medios académicos actuales, casi todos impregnados del paradigma freudiano, consciente o no conscientemente.

Lo ideal para entender bien este artículo, con el sentido que yo le doy, sería que el lector siga mi recomendación anterior, y además, lea tres de mis textos. Pero entiendo que es demasiado pedir. Recomiendo entonces que lean -ojalá estudien- mi libro "Etico-política" {8}, de tan solo 179 páginas, y que contiene un paradigma psicológico básico, fundado en lo que yo he entendido de Piaget, muy importante para mejor entender todo el conjunto. En su defecto, cabe un sucedáneo más corto: como todo sucedáneo, sólo mejor que nada.

La más breve de las descripciones, muy resumida, de los modos de relación social -o ético-morales- de Piaget que he logrado hacer hasta la fecha, y que reúne las características de ser completa y de ser 'autosuficiente' -espero que se entienda sin tener que recurrir a otros textos- tiene sólo 7 páginas. Se llama "Los modos de Piaget: una herramienta de análisis" {9}. El subtítulo aclara que los propongo como instrumentos de análisis para las ciencias humanas. Podría 'copiar' -insertar- aquí dicho artículo, directamente del disco duro de mi editor de textos, con gran facilidad. Pero, para no extender demasiado éste, supondré que el lector ha leido -o va a leer- el artículo mencionado, que tiene además la ventaja de haber sido publicado. Ahora me limitaré a la enumeración de los modos y de la evolución ético-moral -la secuencia en la que los seres humanos aprendemos a usar dichos modos-. En el presente trabajo usaré las descripciones que están resumidas en el anterior para el análisis, y así justificar las hipótesis de éste. Es decir, este es el segundo piso de una casa cuyo primer piso -escalera incluida- está en el anterior: la responsabilidad -y las dificultades- de tratar de subir sin escala recaen ahora en el lector.

Los modos de relación social, según lo que yo he entendido de Piaget, son los siguientes:

1) la anomía, pre-ética y pre-moral,

2) la heteronomía, o modo autoritario,

3) la ética primitiva,

4) el individualismo o relativismo ético-moral[4], y

5) la autonomía, o modo democrático, o modo de cooperación entre iguales diferenciados

La evolución ético-moral, o secuencia de aparición o aprendizaje -y por supuesto de aplicación- de los modos de relación social antedichos, según las investigaciones de Piaget -tal como yo las he entendido-, y para las personas que evolucionan en las sociedades occidentales actuales, es la siguiente:

a) la anomía, desde el nacimiento.

b) la ética primitiva, desde la infancia (desde el "mantenerse sentado", antes que la heteronomía[5]), con posible agudización a partir de la pubertad, según las condiciones sociales en que ocurre la evolución.

c) la heteronomía o modo autoritario, desde la infancia (comienzos del lenguaje).

d) el individualismo, desde los inicios de la pubertad.

e) la autonomía o modo democrático, desde los inicios de la púbertad.

Piaget distingue claramente dos aspectos de la actividad normativa de las personas: la práctica de las reglas y la reflexión acerca de esa práctica, o acerca de las normas. De las investigaciones empíricas de que da cuenta en su libro queda en evidencia lo que Piaget denominó 'dècalage' -traducible por 'retraso'- y que consiste en que todo avance -vale decir, todo aprendizaje- se realiza primero en la práctica de la regla y luego de un tiempo de práctica se detecta el logro en la reflexión. Por lo demás, el mismo retraso que Piaget descubrió en los aprendizajes de todo tipo.[6] De la diferencia entre ambos aspectos -la práctica o moral y la reflexión o ética- deriva mi preferencia por la denominacion de estas actividades humanas como ético-morales, ya que ambos aspectos me parecen siempre presentes e indisolubles, pero distintos.[7]

Se trata, por lo tanto de una evolución compleja, por un lado de los modos empleados -los que cambian separadamente para diferentes ámbitos de actividad- mezclado con el retraso ya mencionado, para cada aprendizaje particular.

Esta evolución indica la secuencia de aparición de los modos -no se trata de estadios, en el sentido fuerte (en el que los nuevos reemplazan completamente a los anteriores)-, e implica la coexistencia de modos –evolución separada por ámbitos de actividad- y un contexto de constructivismo extremo, ya explicados en otras partes.[8]

Es necesario destacar que, aun en la actualidad, sólo algunas personas logran el dominio de la autonomía, y eso sólo en algunos ámbitos de actividad: en la gran mayoría de las personas de hoy predomina el individualismo, mientras hay ámbitos de actividad completos en que predomina el autoritarismo -tan importantes como los legales y buena parte del económico, como espero demostrar- y otros igual de importantes en los que predomina la ética primitiva -ejércitos, policías y cárceles-. En estos ámbitos de actividad todos estamos obligados a asumir el modo dominante, aunque nos resistamos.

Piaget no estudió, en los niños que 'entrevistó', las posibles expresiones de la ética primitiva, -modo que caracterizó muy brevemente- porque consideró de partida que, ya en la época de su investigación, este modo estaba extinguido -antes de 1932, año en que se publicó "El criterio moral en el niño" {24}-. Discrepo abiertamente de esta opinión de Piaget, ya que este modo puede ser observado en plena actividad hoy en día, en muchos ámbitos de actividad muy importantes. Por estas razones lo he incluido, usando las descripciones de Piaget. Piaget pensaba que este modo se daba en las 'sociedades primitivas', apareciendo en el período de la pubertad. Por lo tanto, en una escala de evolución apegada a lo dicho por Piaget, esta ética primitiva debería surgir después del autoritarismo, ocupando el tercer lugar.[9]

En la evolución de los seres humanos actuales -desde niños hasta que se mueren de viejos-, la que consiste en que todos van pasando desde el uso único de la anomía al uso mezclado de los modos, por adición de los modos siguientes en proporciones crecientes -según lo ha demostrado Piaget-, tiene una importancia trascendental tanto la ocurrencia de otras evoluciones -tales como la psicológica y la fisiológica- como el apoyo del medio social circundante.

3.- Análisis ético-moral del precio: fase teórica.

Muchos piensan que la compraventa y el precio correspondiente han existido desde siempre, en especial las personas jóvenes. Otros, más enterados, se remontan al proceso que fue su predecesor, el trueque. Ambos procesos son bastante recientes, medidos con la vara con que se mide la evolución de las especies. La compraventa necesitó de la existencia del dinero, 'invento' que sólo tiene algunos miles de años; se generalizó en lo que llamamos Occidente, de manera definitiva, sólo unos cuantos cientos de años atrás, después de la Edad Media.[10] El trueque le precedió -probablemente- por otros cuantos miles de años, para lo que necesitó que las sociedades de la época tuvieran 'excedentes' para intercambiar, lo que imagino debe haber ocurrido cuando las tribus humanas se hicieron pastores, y no antes.

Las sociedades anteriores -como las de la época de los cazadores- eran todas 'económicamente autárquicas', con 'economía natural' (PC), es decir se autoabastecían. Pero las sociedades autosuficientes no desaparecieron súbitamente, algunas evolucionaron al trueque, aumentando su número lentamente. Para el aumento del trueque, en cantidad y distancia -y después del dinero- fue necesario el desarrollo de los medios de transporte y de los caminos. En algunas partes aparecieron sociedades que inventaron alguna forma de dinero, y por lo tanto, de precio. Mientras tanto, seguían coexistiendo otras que usaban el trueque y otras se mantenían autoabastecidas. En un proceso muy gradual, que duró miles de años, el dinero se fue haciendo cada vez más masivo. Pero las sociedades autoabastecidas se mantuvieron, en gran cantidad, hasta fines de la Edad Media, en toda Europa.[11] Me parece probable que todavía existan grupos aislados que siguen siendo autárquicos, económicamente.

Si se analiza a fondo, la compraventa es el proceso moderno por el cual una persona obtiene algo que desea, sin tener que 'hacerlo' por sí misma. Entrega dinero a cambio. Lo mismo ocurre con el trueque, sólo que se entrega otra cosa -no dinero-, de valor equivalente. ¿Existen o existieron otras maneras de obtener lo que uno desea sin tener que hacerlo por sí mismo?. Creo que varias.

La más simple es pedírselo a quien lo tiene, para que lo regale, para que lo dé, sin pago y sin precio. Se usa bastante, aun hoy en día. Basta con dar las gracias.

Cuando lo que uno desea no tiene dueño -una clase de cosas en rápida extinción, como un panorama o agua del mar, o aire puro- entonces basta con tomarlo o gozarlo, directamente, si es que se tiene acceso.

Otra manera que se usa -tal vez demasiado- es 'tomarlo sin permiso', si es que el dueño de la cosa no está alerta. Si está presente y alerta, cabe el recurso de arrebatarle la cosa: se requiere estar en condiciones de aplicar la violencia que esta forma implica. Otra alternativa es usar algún engaño -dinero falso, una historia, etc-. Todos estos modos son reconocidos -en la actualidad- como «delitos», con nombres tales como «robos», «hurtos», «estafas» y otros semejantes.

3.1.- El primer precio: el del garrote.

Las formas violentas de obtener lo que se desea son, con mucho, más espontáneas y más antiguas que las voluntarias o de consenso. Tanto si se las mira desde el punto de vista de la evolución social como desde aquel de la evolución de las personas.

Tan pronto como los niños y niñas están en condiciones de tomar lo que desean, simplemente lo toman, y si se los detiene, el berrinche es casi seguro: es otro de sus elementos de 'relación'. Si la disputa es con otro de su edad, se pegan, se empujan, se muerden y se aplican violencia con todas sus fuerzas: el que pierde queda llorando y gritando. A veces ambos. Para estos ejercicios, no necesitan del lenguaje: esto demostraría, sin más, que la ética primitiva precede al autoritarismo, que sí lo requiere. Al menos en estos ámbitos 'económicos'.[12]

Los métodos violentos -con violencia física- de obtención de cosas se han aplicado, masivamente, a lo largo de toda la historia humana, desde sus inicios, y su declinación es muy reciente: durante el siglo XVII todavía era la forma predominante de 'intercambio' de cosas -bienes y/o servicios- y de obtención de territorios en casi toda Europa (PC). Así se formaron las 'grandes naciones' actuales, tanto en Europa como en otros continentes: producto de guerras 'exitosas', obviamente sólo para el bando ganador. La mayoría de los feudos y ciudadelas operaban autárquicamente, y 'los mercados' eran claramente minoritarios. A todo esto, debe agregarse que la convivencia entre siervos y señores feudales destacaba por formas muy violentas de relación (PC).

Por otra parte, muchos investigadores sostienen que el Estado fue un invento cuya principal función era la de evitar los abusos de quienes insistían en el uso de la violencia física, tanto bandoleros como señores y hasta reyes: el Estado debía proporcionar seguridad a la gente que intentaba gozar del fruto de su trabajo. Un excelente estudio de los liberalismos y su origen, ejemplo de estas posiciones, está contenido en los textos de C. B. Macpherson.[13]

Esta forma de obtención de cosas deseadas corresponde a la etapa de evolución social que llamé, en otra parte, la era del garrote,[14] en la que predominaba la ética primitiva: manda el que tiene el garrote más efectivo. 'Manda' quiere decir 'hace lo que se le ocurre', los demás lo complacen o se arrancan, si pueden. En las personas -los infantes- es también el período o etapa de la ética primitiva, en la que predomina este modo ético-moral.

Esta coincidencia entre la evolución de las personas y la de las sociedades ha sido ya mencionada y destacada por Elias[15] y por Piaget, en diferentes ámbitos de evolución: las personas parecen repetir el proceso de las sociedades, pasando por casi todas las etapas. Ambos autores dan justificaciones muy razonables de esta coincidencia.

En esta manera de obtener cosas que uno desea, el 'precio' vendría a ser el esfuerzo que la violencia necesaria implica, o tener la fama de ser capaz de aplicarla si alguien se opone. Este sería el «precio de la ética primitiva», todavía en funciones. O bien el «precio del garrote», derivado de la ley del mismo nombre.

El poder apropiarse o disponer de lo que hacen, han hecho o encontrado otros -sus bienes o servicios- es la expresión económica del Poder. En otra parte he analizado las diferentes formas de «Poder»: de acuerdo con la clasificación allí expuesta, el precio del garrote es la expresión económica del Poder del garrote, de la ética primitiva, o, simplemente, Poder primitivo.[16]

3.2.- El precio del garrote simbólico o autoritario.

Las personas que preferirían los métodos violentos de obtención de cosas deseadas pueden reemplazar la violencia física por la violencia psicológica. En especial cuando las formas de violencia bruta se hacen impopulares y dan 'mala imagen'. Las ventajas para ambas partes suelen ser muy grandes, si se compara esta forma de violencia con la anterior. Por supuesto, serán mayores para quienes están en condiciones de aplicarla.

Las ventajas mutuas principales pueden ser las siguientes.

a) La violencia psicológica es menos 'dolorosa' que la física, y hasta puede ser recibida sin darse cuenta, no conscientemente -para el que la sufre-. Si está reglamentada y legislada, ni siquiera significa necesariamente humillación o desagrado -adicionales al hecho de ser violentados-, los que son inevitables con la violencia física.

b) Para el que la aplica, es menos cansadora y menos riesgosa -en la otra se pueden invertir los papeles con mucha facilidad- y no requiere de mantener un estado físico adecuado -difícil cuando se envejece- o de un arsenal suficiente. Todavía más riesgoso es depender de guardaespaldas. Ya Ovidio, en la Roma antigua, advertía, preocupado: "Quid custodiant custodios?" (¿Quien vigila a los vigilantes?).

c) Dado que esta forma de violencia implica y requiere de un sistema organizado y permanente de relaciones sociales que hagan posibles las desigualdades inherentes a la violencia psicológica usada, las personas que no respeten las reglas establecidas deberán enfrentar las consecuencias estipuladas. Esto da al sistema visos de ser estable y de lograr el reemplazo de la violencia física por la psicológica, con las ventajas ya reseñadas. Además, de manera permanente, por períodos muy largos.

d) La violencia física es una forma de organizar la actividad de los más débiles que, por su naturaleza, impide lograr organizaciones muy grandes: los 'delegados' se percatan muy pronto que han adquirido Poder -en el sentido explicado en (P)- suficiente como para erigirse en competidores de sus 'mandantes', fenómeno que explicaría, principalmente, -según Elias (PC)- la prolongación extrema del período medieval. En cambio, la violencia psicológica ha demostrado ser capaz de conseguir organizaciones e instituciones de extensión cada vez más grande, hasta llegar a ser mundial, con muchos y muy complicados niveles de delegación (SA). Además, con permanencia de siglos, con variaciones estructurales muy pequeñas. Lo dicho vale para todo tipo de organizaciones e instituciones, no sólo las económicas: ejemplos son los países o naciones, las iglesias organizadas -en tanto organizaciones-, y de otros tipos, muchas institucionalizadas.

e) La institucionalización de métodos de interrelación que implican violencia psicológica permite que dicha violencia adquiera formas impersonales -impuestas y hasta aplicadas por el sistema- por lo que quienes se aprovechan de ella pueden asumir una actitud legalista que los exime de sentirse culpables: sólo están aplicando las reglas del sistema. La masificación aumenta la impersonalidad, minimiza las culpas individuales: ¿qué pueden hacer las simples personas frente al sistema?.

f) Quienes 'progresan' gracias a esta violencia psicológica logran, muy rápidamente, la capacidad de 'contratar' o poner de su parte a quienes puedan aplicar la violencia física, si lo consideran necesario. La gama va desde los reyes que formaron las naciones occidentales -que nos muestra Elias (PC)- hasta las mafias, abiertamente ilegales, y el muy legal recurso a los sistemas judiciales y sus organismos de apoyo. En caso de apuro, en los que el sistema mismo corre peligro, se juntan todos los que han progresado -gracias a la violencia psicológica y que, por lo tanto desean su mantención- y presionan hasta que los organismos que conservan el llamado 'monopolio de la fuerza' restituyan la 'normalidad quebrantada': la gran mayoría de los golpes de estado 'modernos' han tenido su origen en estos 'apuros'.

Como se ve, las ventajas son mucho mayores para los aplicadores que para los sufridores de esta violencia. Además confieren al sistema mecanismos de retroalimentación que tienden a su estabilidad y a su reforzamiento: esto explica la duración considerable de tales sistemas. El peligro surge del seno del grupo dominante, ya que sus componentes no pueden evitar la tentación de aplicarse igual método entre ellos mismos: terminan peleando, incluso volviendo a la violencia física.

Otros peligros para estos sistemas -tal vez insalvables- vendrán con la evolución inevitable de los grupos humanos así conformados y potenciados: los veremos en la etapa siguiente.

A estas alturas, pienso que tal vez valga la pena aclarar, muy resumidamente, lo que estoy entendiendo por violencia psicológica, en especial para quienes no dominen la terminología piagetiana que estoy usando.

Cuando una o más personas -como grupo- disponen de la capacidad de establecer las reglas de relación interpersonal -de un determinado ámbito de actividad- sin que las otras -también sujetas a esas reglas- tengan la oportunidad o capacidad de discutir u opinar en dicho establecimiento, entonces las primeras están ejerciendo violencia psicológica sobre las segundas. Dicho en lenguaje piagetiano, la relación entre ambos grupos es de heteronomía o autoritaria: los que dictan las reglas son llamados autoritarios dominantes, y los otros autoritarios sumisos, si es que aceptan -consciente o no conscientemente- esta situación. Las personas que no aceptan voluntariamente el autoritarismo dominante -ya sea porque son individualistas o son autónomas (también conocidas como 'democráticas')[17]- pueden verse forzadas a acatarlo -por disposiciones legales, por ejemplo-: «acatar» tiene aquí el significado de ‘aceptar como un mal menor’, o ‘inevitable’, contra su voluntad.

Este modo de relación social presenta características especialmente adecuadas para el surgimiento de organizaciones jerarquizadas del tipo que se conoce como «prusiano» -típico de los ejércitos y también de las 'sociedades carcelarias'-, ya que cada persona es capaz de actuar con autoritarismo sumiso con sus superiores y casi simultáneamente con autoritarismo dominante con sus inferiores -inferiores calza mejor que subalternos-. Las cadenas jerárquicas así formadas pueden alcanzar dimensiones impresionantes. Constituyen un paso evolutivo muy importante en relación al modo precedente, la ética primitiva.

Nótese que los ejemplos dados -ejércitos y grupos delincuentes asumidos- tienen como objeto o fin declarado y evidente la aplicación de métodos de ética primitiva -a quienes corresponde, es decir, a sus enemigos- entre ellos utilizan el modo autoritario, salvo error, omisión o 'apuro'. Esta es otra de las tantas demostraciones del uso simultáneo de más de un modo ético-moral por la misma persona.

Como los modos de relación social se utilizan casi siempre sin tener consciencia de ellos, en rutinas no conscientes,[18] tanto dominadores como sumisos actúan sus respectivos roles considerándolos normales, correctos y adecuados: se dice con frecuencia que son 'naturales'. Tanto el patrón como el inquilino consideran natural su papel y el del otro. Para ellos, así es la vida.

Cabe destacar, desde ya, que el llamado «origen democrático de las leyes» no asegura, ni mucho menos, que dichas normas eviten la aplicación de la violencia psicológica inherente al autoritarismo. Daré ejemplos difícilmente rebatibles, más adelante.

¿Como podrá definirse brevemente el precio autoritario?. A la luz de lo que ya hemos visto, entenderé por «precio autoritario» aquel que se fija autoritariamente -por el que vende o por el que compra- y que es aceptado autoritaria u obligadamente -por el que compra o por el que vende-. Independientemente del carácter legal -acorde o no con las leyes- de las formas de fijación de los precios. Estas calificaciones, muy poco familiares hoy en día, cobrarán significados precisos cuando veamos sus aplicaciones prácticas. Espero que también sugieran otras aplicaciones.

Si consideramos esta fijación de precios como la expresión de Poder económico, el precio autoritario equivale al ejercicio del Poder autoritario, usando la clasificación de mi texto sobre el Poder (P).

Las personas que no conocen el sistema piagetiano en que me baso pueden pensar que la característica 'autoritario' es muy confusa: los remito a los textos de Piaget, y, en su defecto, a los míos. Puede que ese y otros conceptos del mismo origen sean un poco complejos, pero, por estar clara y sistemáticamente caracterizados, no pueden ser calificados de confusos: por ahora, sólo son poco conocidos.

3.3.- El precio individualista.

El desarrollo de las sociedades de la era autoritaria (SA), potenciadas por la creciente capacidad de organización y la seguridad -también creciente- que otorgan los nacientes estados nacionales a sectores cada vez más amplios, se verá nuevamente acelerado y fomentado por nuevos productos nacidos en su seno: en efecto, surgirán poco más tarde las tecnociencias, herramientas fantásticas para multiplicar casi infinitamente las formas de dominación por violencia psicológica. Estas nuevas herramientas vienen a sumarse a las ya difundidas: la división del trabajo y la especialización consecuente, el dinero y el mercado -en sus diferentes formas-, todos relacionados entre sí e interdependientes. Los efectos de unas sobre otras resultarán fuertemente sinérgicos, potenciándose recursivamente unos con otros.

Sin embargo, serán las tecnociencias el caballo de Troya que traerá en su interior el germen del cambio en los sometidos: para que grandes cantidades de personas puedan usar estas herramientas será necesario que se instruyan, y la instrucción masiva les facilitará el darse cuenta de las diversas formas que toma la violencia psicológica, y, en consecuencia, habrá cantidades crecientes de personas que serán, cada vez más, renuentes a aceptarla.

Este fenómeno viene a ser reforzado, otra vez, por el aparecimiento de una metaciencia -ciencia que estudia a las ciencias- la «epistemología», que surge del ámbito de la «filosofía de la ciencia». Este refinamiento de los científicos, que toman conciencia de su quehacer científico y de los razonamientos que emplean en él, los lleva a descubrir que los hechos que estudian sólo tienen sentido en el contexto de las teorías que los contienen, las que a su vez, sólo tienen sentido en su relación con el conjunto de hechos que pretendidamente explican, y en el contexto del conjunto de conceptos que la forman. Es decir, 'descubren' que las verdades que 'descubren' son relativas a sus teorías previas, y no absolutas: se dan cuenta de que sólo tienen acceso a lo que 'conocen' a través de las ideas -o teorías- que ya tienen acerca de eso que conocen. Y que el tan perseguido conocimiento de la «esencia de las cosas», independiente de quien conoce, se aleja de su alcance, tal vez para siempre. Seguramente, este es un resumen tan breve, que resulta demasiado esquemático.[19]

Este exquisito 'descubrimiento', al alcance de la comprensión de un número extremadamente reducido de superespecialistas -la gran mayoría de los mismos científicos no lo 'entienden bien' o no se preocupan de estos asuntos-, comienza a 'generalizarse' de manera peculiar, mucho más allá de los ámbitos de origen, e incluso a sectores muy alejados de las ciencias, entre una parte muy grande de la población: su popularidad no cesa de crecer. Por las dificultades que implica su adecuada y completa comprensión, lo que llega a estas masas crecientes es una simplificación extrema: «todo es relativo». Muchas personas relacionan esta «teoría» tan general con la «relatividad» de Einstein -el mayor prestigio de la ciencia, además indiscutible, porque casi nadie está en condiciones de discutirle- cuando entre ambas 'teorías' apenas cabe descubrir un alcance de nombre.

Pero todo ayuda cuando se dan las condiciones: el "todo es relativo" se transforma en dogma o moda, aceptado por cantidades cada vez mayores de personas. Adquiere nombre propio -es el «relativismo cognitivo»-, y es estudiado como fenómeno social generalizado. Es aplicado a todo, también a la actividad ético-moral, transformándose en el «relativismo ético-moral», manera de pensar que significa que no existen valores absolutos ni dogmas, y que cada cual determina sus propias reglas de convivencia, como le parece.

Este relativismo ético-moral -para el cual prefiero el nombre «individualismo», modo ético-moral que he caracterizado y justificado antes[20]- constituye un claro e importante avance en la evolución ético-moral, del mismo modo que lo es su homólogo cognitivo en sus dominios: permite formas de organización aun más grandes y eficientes que el autoritarismo, ya que quienes lo usan son capaces de una flexibilidad difícil de imaginar en los modos más primitivos (SA). La razón principal estriba en que las personas individualistas -en los ámbitos de actividad en que lo son- aprenden entendiendo, con aplicación del análisis crítico propio, a diferencia del aprendizaje autoritario, en el cual se aprende memorizando, sin análisis crítico propio, por respeto a la autoridad externa que dice como son las cosas, lo que es verdadero o falso, bueno o malo.

Creo que, para el estudio del precio, las características más significativas del individualismo son:

-se rechaza la imposición de las reglas de relación social, y se reclama para sí mismo el derecho a opinar críticamente sobre la validez de ellas. Las reglas impuestas e 'inevitables' se 'acatan', a desgana, buscando los resquicios que permitan evadirlas.

-la preocupación se focaliza en los derechos propios, sin mayor preocupación por los derechos de los demás -cada cual debe reclamarlos, tal como lo hace uno mismo-. Frente a terceros aparece la preocupación por el endogrupo o grupo propio en perjuicio de los terceros o exogrupo, pero dentro del endogrupo prima el interés personal. Es decir, presenta características muy egocéntricas y, dentro de ellas, también sociocéntricas.[21]

-fuerte atracción por el riesgo y las emociones fuertes, rayanas en la violencia, debido al sentimiento de que los posibles daños sólo le competen a él, y que los demás no deben preocuparse por él -él no se preocupa por otros-: la resiente, como interferencia indebida.

-si sus acciones perjudican o pueden perjudicar a otros, los otros deben reclamar y defenderse: si no lo hacen, entonces 'son tontos', y se merecen lo que les pase.

-si existen otros que no están en condiciones de defenderse y reclamar, ese no es un problema del individualista, sinó que de las personas cercanas a los afectados, o del Estado, o de quien corresponda o se interese: en ningún caso de él, él 'no está ni ahí'.

Es posible mostrar otras características del modo individualista, más sutiles y complejas de describir. Pero con las ya dichas, es factible describir la forma de establecer los precios que corresponda a este modo de relación social o ético-moral. Siempre manteniéndonos en el nivel puramente teórico.

Entenderé, entonces, como «precio individualista» aquel que se fija y/o se acepta con la lógica individualista. Es decir, en ambos casos, se toman en cuenta los intereses personales prioritariamente, sin aceptar imposición de normas arbitrarias que produzcan perjuicio propio -hasta donde sea posible-, pero sin preocupación por posibles perjuicios ajenos. Se aceptan objeciones o discusiones cuando la contraparte las hace valer: cada cual tiene que defenderse si desea que sus derechos se respeten. Si los intereses del endogrupo no compiten con los propios, entonces pueden ser también resguardados.

El precio individualista corresponde al ejercicio del Poder individualista, especificado en mi artículo sobre el Poder (P).

En el análisis de la práctica del precio individualista veremos cómo se aplica, cuáles son las condiciones ideales para que se transforme en la norma, en el modo preponderante. Resulta casi obvio suponer ya que esta forma de precio encontrará condiciones óptimas en la era individualista -la actual- y que llamé de las sociedades adolescentes, por cuanto dicho modo ético-moral florece en -y es característico de- esa etapa del desarrollo personal (SA).

3.4.-El precio democrático o de autonomía.

He afirmado antes que, a mi juicio, las primeras expresiones masivas del modo de la autonomía o democrático se dieron con el surgimiento de las ciencias, en esos ámbitos de actividad, cuando la era autoritaria se encontraba en su apogeo (SA). Pienso que las primeras expresiones -no masivas- son muy anteriores, ya que probablemente se daban en grupos de iguales en los cuales no surgían conflictos graves, tales como algunas familias y los de los juegos infantiles: ya en la época en que Piaget realizó sus investigaciones (1930), en esos ámbitos de actividad se daba espontáneamente la autonomía, y se consideraba que dichos juegos eran antiquísimos. También en Chile se estiman como muy antiguos -miles de años- los trabajos comunitarios llamados 'mingas' o 'mingacos', todavía en práctica, y en los cuales se expresa muy claramente el espíritu solidario propio de la autonomía.

Pienso que el extraordinario desarrollo de las tecnociencias se debe, principalmente, al uso masivo de la autonomía en esos ámbitos de actividad. ¿Porqué las ciencias llamadas duras han madurado mucho más que las ciencias humanas?. Creo que, como siempre en los fenómenos sociales, las razones son muchas y se refuerzan entre sí: sin embargo, algunas destacan. Me parece que los intereses personales son mucho más 'lejanos' a los investigadores de las ciencias duras que a los de las ciencias humanas. Partiendo de los mismos 'objetos de estudio': las 'cosas' son más 'lejanas' que las personas o los sujetos sociales, además son casi siempre más simples, y difícilmente entran en competencia con los investigadores. La 'lejanía' de los objetos de estudio ayudan o facilitan el pensamiento 'descentrado' -ni ego ni sociocéntrico-, condición indispensable para el surgimiento del pensamiento democrático o de autonomía.

Con tantas dificultades, no es raro que todavía las ciencias humanas se encuentren 'inmaduras', con muchos paradigmas antagónicos, o parciales, hasta contradictorios: en la etapa de las 'múltiples escuelas' -en el sentido de Kuhn-. Tampoco es extraño que algunos aspectos de ciertas ciencias humanas se desarrollen mucho más que otras, como ocurre con la econometría con respecto al resto de la economía: es más 'lejana' que las otras áreas, en las cuales influyen mucho las ideologías, a menudo usadas -en rutinas no conscientes- para defensa o expresión de intereses propios o del endogrupo.

¿Será posible establecer un precio característico de la autonomía, en esta área de la economía, tan tentadora para la aplicación de 'recetas' o teorías que confirmen lo que uno desea?. Hasta ahora, me ha sido posible encontrar diferentes formas de libertad[22] y de Poder (P), cada una típica de -o asociable a- cada uno de los modos ético-morales. El método ha sido el mismo que he estado empleando: revisar las características de cada modo y determinar las del concepto en análisis correspondiente. Primero en teoría y luego buscando las expresiones prácticas del hallazgo o hipótesis teórica, cuando ésta se encuentra o se estima que existe.

Las características de la autonomía o modo democrático que me parecen atingentes al fenómeno precio son, muy resumidos, los siguientes.

-no se acepta la imposición de las reglas de relación social, y se reclama para sí mismo y para todas las demás personas el derecho a opinar críticamente sobre la validez de ellas. Incluso se toma en cuenta la posible posición de personas que no están presentes o que todavía no han nacido -las generaciones futuras-. Se considera que todas las personas son iguales en tanto personas: todas son diferentes, únicas e irrepetibles.

-la preocupación se focaliza en los derechos de todos, los propios y los ajenos por igual, o mejor aun, con la debida equidad con aquellos que requieren ayuda especial. Expresa formas de pensamiento descentradas, con aplicación de la reversibilidad -¿qué sentiría yo si estuviera en el lugar del otro?- y de la universabilidad -¿qué pasaría si todos hicieran lo mismo?-.

-fuerte tendencia a la cooperación entre iguales diferenciados, tendencia a utilizar las diferencias individuales en beneficio de todos, solidariamente.

-preocupación constante de que sus acciones no perjudiquen a otros, aun cuando ellos no se den -o no se puedan dar- cuenta.

-permanente respeto de las reglas y de sus responsabilidades consecuentes, de acuerdo con el sentido de lazo social libre y voluntariamente asumido, como necesidad personal, que no varía si los demás no cumplen con su parte, y que no se tienta si no hay riesgo de ser sorprendido en falta: es lo que se conoce como «coherencia ético-moral», es decir, se actúa en consecuencia con lo que se sabe que se debe hacer.

Es posible mostrar otras características del modo democrático, más sutiles y complejas de describir, y que talvez tengan relación con el precio. Pero pienso que es suficiente con las ya dichas. Con ellas, una definición breve del precio de este modo sería:

El «precio democrático» o «de autonomía» es aquel que se fija y/o se acepta según el modo ético-moral del mismo nombre. Vale decir, las dos acciones están precedidas de consideraciones respecto a los derechos y deberes de ambos participantes, los que deciden libremente -sin coacciones de hecho o de derecho-, como iguales en cuanto personas. Ambas partes toman en cuenta los puntos de vista de la otra, reversiblemente, tanto como el propio: sus objetivos son obtener beneficos mutuos y permanentes de la transacción, los que ojalá se extiendan al conjunto de la sociedad. Tiende más a la equidad que a la igualdad exacta. Tomará en cuenta los aspectos ecológicos, para proteger debidamente a las generaciones venideras.

Quienes hayan leído mi texto sobre el Poder (P) recordarán que el uso del modo democrático o de autonomía implica ausencia de Poder: esta característica se confirma al considerar el uso del precio democrático o de autonomía. En efecto, nadie está aplicando Poder -en el sentido definido en (P)- cuando usan el precio democrático, ya que tanto el que compra como el que vende toman en cuenta los derechos y obligaciones de ambos y de posibles terceros, las circunstancias y necesidades reales de los involucrados, todo lo cual se conjuga para beneficio mutuo, de corto y largo plazo.

Antes de terminar esta fase de análisis teórico, conviene destacar que la falta de un precio que corresponda con el modo de la anomía no se debe a olvido o error. En efecto, creo que personas y/o grupos societales que se encuentren en el período de anomía -ausencia de reglas establecidas o reconocidas como tales-, en el dominio económico, no están en condiciones de reconocer la necesidad de comprar o vender, ni el valor de uso de los bienes o servicios, ni de la propiedad de ellos que se 'traspasa', ni, menos aun, de hipotéticos precios. Para personas o sociedades así, el precio no tiene sentido: el precio puede ser considerado como una «regla específica del intercambio», que se establece entre las contrapartes de acuerdo con «reglas generales del intercambio». En la anomía -ausencia de reglas- tanto reglas como metareglas sobre el intercambio resultan imposibles.

Pienso que la actitud observable en los niños anómicos hacia las cosas constituye una buena constatación de lo afirmado.

4.- Análisis ético-moral del precio: aspectos prácticos.

De acuerdo con el plan de trabajo ya esbozado, corresponde ahora verificar si en la práctica cotidiana "existen" -si pueden ser detectados- los diferentes tipos de precio deducidos y definidos teóricamente.

4.1.- La práctica del precio de la ética primitiva.

Tal como ya he adelantado, no es necesario recurrir a la historia para detectar usos del precio del garrote: se siguen dando en cantidad y 'calidad' que a casi todos nos gustaría disminuir: casi, porque debemos excluir a quienes viven y/o gozan de él.

El uso de la violencia física para obtener cosas de los infantes, -característico de ellos y que nos acompañará para siempre jamás-, puede ser considerado como un remanente curioso pero de escasa significación -mirado desde 'la economía'-, y que además persiste por un período bastante corto.

A despecho de la alarma de las campañas de seguridad ciudadana, este precio del garrote se bate en franca retirada. Al menos, si se lo mira en la perspectiva de la historia humana. Puede que los índices del uso de la violencia muestren fuertes variaciones de corto plazo (menos de 20-30 años), y que en esta escala se justifiquen las preocupantes declaraciones acerca del "incremento sostenido de la violencia", en especial si se refieren a la obtención de cosas.

Una fuente casi inagotable de optimismo -en este aspecto- es la lectura del texto ya citado de Elias (PC). Los textos tradicionales de historia, leídos desde la perspectiva de los perdedores de cada época, también muestran progresos sustanciales. Durante innumerables milenios vivieron muchos millones de personas que experimentaron la terrible experiencia de ser considerados 'cosas', sujetos de intercambio de otros, y también sometidos a cualquier capricho de sus amos, por aberrantes que fueran: la esclavitud, talvez ya extinguida. Durante toda la antigüedad --antes y durante la de romanos y griegos- los esclavos constituían clara mayoría, lo que se puede afirmar sin tener que recurrir a estadísticas, inexistentes entonces.

Elias da cuenta de un fenómeno peculiar, que ocurre después de la caída del imperio romano (PC): la esclavitud declina (se hace 'impopular') lentamente -al menos en Europa-, lo que se traduce en un destino peor que la esclavitud para quienes eran vencidos por señores o bandidos, ya que sólo valía la pena dejar con vida a los vencidos por quienes se pudiera cobrar rescate. Todos los demás -mujeres, hombres, ancianos y niños- 'servían' para divertirse un tiempo -destripándolos, violándolos o como esclavos temporales-, tiempo que terminaba tan pronto como los vencedores decidían irse. No era 'sensato' dejar vivos que más tarde podían ser enemigos potenciales. Estos ataques o peleas no eran sucesos esporádicos, ocurrían con escalofriante frecuencia. Cualquiera que sean las cifras de criminalidad actuales, aun en los países menos seguros, las diferencias son dramáticas.

Pero no es necesario recurrir a los historiadores para dar cuenta de niveles de seguridad mucho más bajos que los actuales, casi incomparables. Un tío me contaba de los asaltos que sufría el tren al sur, en Los Cerrillos de Teno -a 200 km de Santiago-, muy frecuentes, de los cuales fué víctima en un par de ocasiones. Las bandas eran el vestigio de los famosos Pincheira, bandidos que 'gobernaron' dicha zona por mucho tiempo, bien entrada la República. Las dos veces también le robaron el revólver que usaba regularmente en su fundo -a 19 km de Talca-, como medida elemental de seguridad para defender a su ganado de los cuatreros. Mi tío no era excepción en la zona, era entonces 'lo normal'. Estamos hablando de menos de 100 años atrás. Tal vez la mayor diferencia estribe en que, en esa época, no había tele ni medios de difusión que les diera 'espacio' y 'cobertura': sólo se conocían los eventos mayores, y con gran retraso. Además, por relatos de viva voz, mucho menos 'creíbles'. Pienso que un estudio de las crónicas de la historia reciente, centrada en este tema, podría darnos sorpresas y ponernos en una mejor perspectiva para evaluar la situación actual.

Una muestra de los efectos de la 'información completa e instantánea' que dan los medios de difusión actuales puede tomarse de las ideas acerca de la seguridad ciudadana en Santiago que tiene un colono de Cholgo, Hornopirén, carretera austral a 1300 km de Santiago, que recogí el verano pasado. Don Carlos conoce Santiago 'por la Tele', en tres canales, a batería, y no entiende cómo tanta gente sigue viviendo allí, cuando no se puede salir después de las 10 de la noche sin que lo asalten a uno, donde violan a las mujeres que se atreven a salir solas, hasta de día claro, y en que las casas tienen que tener rejas detrás de las rejas -"viven como presos, en sus propias casas, y yo los he visto por la tele" dice Don Carlos- y hasta con las rejas, asaltan las casas casi todos los años. Le asombra que los turistas que llegan -muchos de Santiago mismo, como yo- sean tan buenas personas, y cree que se debe a que 'los malos' no salen a turistear. Al preguntarle si allá no robaban nunca, dijo que sólo a veces, pero que la gente era tan poca, que muy pronto se sabía quien había sido. Además, casi siempre se trataba de afuerinos o gente borracha, que con frecuencia terminaban por devolver las especies, para poder quedarse en el lugar. Así que su casa -como la mayoría- no tiene chapas en las puertas, no se necesitan. Como le caí en gracia, Don Carlos me invitó a que me trasladara a un trozo de su terreno -a unas cuantas hectáreas con bosque para hacer la casa y con playa para pescar, que podía pagarle como pudiera- para que no siguiera sufriendo en un medio tan peligroso. Cuesta describir su sorpresa cuando le dije que tenía que pensarlo.

Aun cuando las ciencias económicas no parecen dar gran importancia a estas formas de obtención de cosas -bienes y/o servicios-, el precio del garrote ha sido usado masiva y persistentemente por las 'grandes' y pequeñas naciones para llegar a constituirse en los territorios que ahora son. Las diferentes partes de la ex-Yugoeslavia siguen embrutecidas en estos propósitos, ya por más de tres años. Los 'apuros' de los grupos económicamente dominantes han terminado, con alarmante frecuencia, en 'restauraciones del orden quebrantado' a garrotazo limpio. El uso de versiones modernas del garrote no invalidan lo dicho. En Chile, hace tan sólo 22 años.

No tengo noticias de estudios académicos -económicos- del uso sistemático y planificado del precio del garrote, desde el punto de vista de los que lo usan, aunque se puede estimar, a simple vista, que quienes lo utilizan aprovechan sus ventajas comparativas, obtienen rentabilidades y TIR altísimos -muchísimo mayores que otros 'negocios'- aunque difíciles de pronosticar, y los riesgos que se corren no se evalúan en dinero, salvo multas ocasionales. Algunos de sus 'cultores' obtienen, además, gratificaciones intrínsecas, gozan del riesgo, les gusta lo que hacen, y les da 'prestigio' en el medio en que viven. Es curiosa la preferencia de la economía académica por otras formas de precio. Sobre todo para los académicos que alegan que su ciencia no debe hacer consideraciones ético-morales.

Una razón probable de este desinterés generalizado reside en el hecho, poco destacado, de que el uso del precio del garrote constituye una fracción muy reducida del total de intercambios, en los países civilizados actuales. Si no fuera así, la 'economía legal' -por ponerle un nombre que la distinga de la otra- difícilmente podría sostenerse. La confianza en que la contraparte cumplirá con sus compromisos -dentro de rangos amplios pero considerados aceptables- es consustancial a la operación de los sistemas económicos actuales.

Uno de los pocos ámbitos económicos que sí se preocupa de la utilización de este precio es el negocio de los seguros, pero también desde la perspectiva de la economía legal. Entonces, las rigurosas y exhaustivas estadísticas se refieren a la frecuencia de sus usos y al monto promedio involucrado, siempre mirado desde el punto de vista del que 'vende' con este precio -más bien 'pierde'-.

Lo reducido de las primas de seguro contra estos riesgos, tanto como la falta de interés académico en este precio, confirman mi suposición anterior de que su uso es muy claramente minoritario, una excepción a la regla. Tal como los cheques y otros documentos no pagados -en sus diversas versiones- son reducidísima minoría con respecto a los que sí se pagan. Y que la preocupación de las entidades que apoyan la seguridad ciudadana tiende a la optimización de los indicadores.

Por todo lo dicho, me parece muy claro que la época del precio del garrote ya pasó, que ese precio ya no es el predominante sinó una excepción. Esto concuerda con -y confirma- lo que postulé en mi ensayo sobre la evolución de las sociedades (SA), de la acelerada disminución del uso del Poder primitivo, tal como lo definí en (P), en todos los ámbitos de actividad humanos.

4.2.- La práctica del precio autoritario o de la heteronomía.

Después de la facilidad con que encontramos numerosos casos actuales de precios del garrote -no sólo históricos, mucho más abundantes-, no sorprenderá la enorme cantidad y variedad de precios en que la violencia psicológica peculiar del autoritarismo participa, centralmente. Talvez la dificultad resida en la diferenciación de este precio autoritario con respecto al precio individualista, tan ego o sociocéntrico como el primero, o la distinción con el anterior -el del garrote- cuando se da en un contexto de supremacía económica sustentada en la dominación por medio de violencia física. Las dificultades serán todavía mayores cuando tengamos que analizar las mezcolanzas -mucho más desordenadas que las simples mezclas- de diferentes modos en los aspectos económicos.

4.2.1.- Un paréntesis histórico.

Creo haber entendido -de las lecciones de historia corrientes- que la llegada del absolutismo se considera como el período histórico en que comienza a predominar el autoritarismo por sobre la ética primitiva anterior: el monopolio de la violencia -se entiende la física- por parte de un poder central libera a las personas del reino, de la violencia de un montón de señores, y de los 'efectos no deseados' de sus acciones -además intrínsecamente indeseables para terceros- derivados de sus inveterados hábitos de pelearse entre ellos, pasando a llevar a quienes se encuentren en el camino. También los defiende de los enemigos externos, bárbaros u otros reinos. Pero el poder central que los desplaza ¿no aplica violencia física con sus súbditos?. Eso, en general, en todos los ámbitos de actividad. ¿Qué pasa en los ámbitos económicos?.

Mi ignorancia en historia me obliga a recurrir a lo que afirma Elias, a lo que dice Macpherson y a lo que sugiere Ellen Meiksins Wood, todos ellos apoyados en cantidades impresionantes de citas de otros autores, tanto o más autorizados que ellos.[23] Con esta base, me atrevería a decir que los reyes absolutos y los emperadores que les sucedieron, como buenos ex-señores, no se medían mucho cuando sus intereses, gustos, preferencias y hasta caprichos estaban de por medio. Eso de «el Estado soy yo» no era sólo una manera de decir: el monopolio de la violencia física, del que disponían a voluntad, estuvo siempre dispuesto a confirmarlo.

Tanto en Elias (PC) como en Meiksins (EI) se afirma que el mercado en su versión local -'burgos', villas, pueblos y entre campesinos- operaba inicialmente casi exclusivamente por trueque, o, como lo decía Adam Smith: "trueque, pago en especie e intercambio" (truck, barter and exchange) (citado en EI). La moneda -generalmente monedas romanas antiguas- estaba reservada al comercio de larga distancia, sólo para productos suntuarios o de lujo, sólo para nobles muy ricos. Este comercio era posible en las costas o cerca de ellas, y requería de 'protección' o dominio de las rutas correspondientes, es decir, se basaba en la capacidad de defenderse, físicamente, por parte del 'comerciante'.

El crecimiento de los burgos, lento pero sostenido, apoyado en el crecimiento de la población y en las mejoras 'técnicas', en la división del trabajo y el aumento de la productividad inducido por la especialización, hizo crecer lentamente los mercados locales y el Poder -económico y también primitivo- de los burgueses, pese a la resistencia de los señores feudales, a quienes convenía más el precio del garrote aplicado a sus siervos. Los burgos no sólo se fortificaban para defenderse de los bárbaros o bandidos, también de los señores vecinos, casi tan bárbaros y bandidos como los otros. Las familias señoriales -las 'casas'- que terminaron por monopolizar la fuerza bruta se apoyaron principalmente en los burgos, únicos lugares donde podían aplicar impuestos y tributos en dinero o en metales preciosos, indispensables para pagar sus ejércitos. El dinero o los metales se transportan -y se esconden y defienden- más fácilmente que los productos.

Los burgos se apoyaron en estas casas crecientemente poderosas -en fuerza armada- para defenderse de los bárbaros extranjeros y de los otros señores, y dichas casas emergentes comenzaron a acuñar más y más monedas, lo que reforzó a los mercados locales y a los burgueses ricos, los que pudieron pagar más tributos al poder central. El poder central tuvo que mejorar los caminos para recaudar más tributos y también para mantener a raya a bárbaros, señores y bandidos. Finalmente, ya transformados en Reyes, para imponer los mercados locales a todos, señores incluidos. Los burgueses se sacaron de encima a los voraces señores y bárbaros, a cambio de la 'protección' del Rey, más lejano y que se contentaba con dinero.

Poco dicen mis fuentes acerca de la injerencia que los reyes tenían en la fijación de los precios. Lo que sí está claro es que imponían el monto de los impuestos, así como parte de las leyes que regulaban los intercambios. Si se piensa en la 'protección' como una mercancía o servicio entregado por el poder central y los tributos como el pago de este servicio, al menos en este 'intercambio' o 'compraventa', el 'precio' -los tributos- los fijaba el poder central, según sus necesidades. Aquí los costos o la productividad no tenían nada que ver. Como se trataba de un monopolio, no se daba pié a buscar alternativas: se pagaba o se pagaba. En caso contrario, se daba con los huesos en la cárcel, a menudo sin vuelta. Los burgueses, como avezados comerciantes, intentaban regatear, conseguir más plazo, pagar en especies, todo con muy poca comprensión de los recaudadores, funcionarios y no comerciantes, apoyados por irrebatibles pelotones armados.

Como todos los inventos, los impuestos comenzaron tímidamente, como 'aportes específicos para el financiamiento de una guerra', también específica. No sólo se aplicó a los burgueses, también a los señores, lo que los unió para defenderse de los tributos. Pero el mayor poder del poder central pudo más. Luego vino otra guerra, y las cruzadas. Si agregamos la guerra de los treinta años, y luego la de los cien años, se comprenderá que los tributos, por más que se resistieran los afectados, terminaron por ser permanentes. Claramente, este fue el caso de Francia (véase PC).

Una de las formas en que se cobraban estos tributos fue el de un porcentaje de todas las ventas que se efectuaban en los mercados locales, también tímidamente al comienzo, para fijarse después, también con gran resistencia de los afectados. Como los tributos así recaudados superaban con mucho a los que podían obtener de los señores -que pagaban tributos 'proporcionales' a sus territorios y que además se resistían más-, el poder central 'promovió' los mercados a su modo, es decir, los fue imponiendo y otorgando ventajas a los burgos en desmedro de los señores. Para contentar a la nobleza -y también para dominarla- la atrajo hacia París, dándole rentas en dinero.

Vale hacer notar que estos «mercados locales» estaban lejos de constituir 'sociedades de mercado' -como las actuales- sinó 'sociedades con mercado', en las que no imperaba aun la producción capitalista (véase EI). El 'invento' de la producción capitalista -propietarios, capitalistas y asalariados-, de sus 'sociedades de mercado', de la 'competencia' entre los productores en el mercado, el imperio de 'la mano invisible del mercado' y 'el libre juego de la oferta y la demanda' se los debemos a Inglaterra.

Condiciones especiales -demasiado largas de analizar aquí, pero que se pueden ver en EI y en los autores que ella cita, y también en Macpherson, obras citadas- hicieron que emergieran allí, sin proponérselo, productores capitalistas -que buscan el lucro personal- y asalariados que trabajan para ellos, y cuyos productos son comercializados de maneras que se asemejan, cada vez más, a los mercados actuales.

Veremos con más detalle -en el análisis de los precios democráticos- las implicancias que tiene el hecho de que estos 'elementos' de la economía -para muchos, supuestamente eternos e inevitables, verdaderas 'leyes naturales del comportamiento humano'- sean tan inventados como el dinero, los impuestos y otros 'avances del progreso'.

Aun cuando las condiciones especiales antedichas se produjeron sin que nadie las buscara, forzaron la constitución de los mercados como única salida posible para los que, de este modo, se vieron en la obligación de entrar en ellos (EI). Tal como ahora nos ocurre a nosotros: ¿quién puede 'salirse' del mercado, por mucho que lo desee?. Así fue como Inglaterra forzó a Francia, y luego al resto de Europa, entre ambas, a meterse al mercado de 'libre competencia' -del que nadie es libre de salir-, apoyadas por la inequívoca fuerza de sus imbatibles armadas. De Europa al resto del mundo, en poco tiempo, sólo un par de siglos.

4.2.2.- Situación actual.

Estando ya establecido el mercado contemporáneo -tan libre cuando lo examinan sus promotores en condiciones ideales-, las condiciones reales y las ventajas comparativas que cada cual usa a discreción para competir bien -para uno- hacen que una pequeña minoría -con hartas ventajas comparativas- fije los precios según su conveniencia, y con la única limitación que puedan imponerle posibles competidores o el agotamiento económico y/o físico de los compradores.

Pero, ¿qué es eso que llaman «el mercado»?. Intentaré una respuesta simple, al nivel lego de las reflexiones previas.[24]

Lo que antes mencioné como «mercados locales» se entiende muy claro: son los lugares en los cuales se juntan las personas que desean vender o comprar productos, muy ocasionalmente servicios. Son lugares físicos, en los que terminan por establecerse los «comerciantes» -personas que compran para vender, antes llamados 'mercaderes'-, intermediarios que están permanentemente en el mercado para 'atender' a compradores y vendedores, habitualmente consumidores y productores cuando se trata de comunidades pequeñas, otros intermediarios -también comerciantes- en las más grandes. Parecen ser los precursores de todos los mercados, y todavía existen, en gran cantidad, en Chile. En el sur de Chile se les llama 'mercados particulares' a los comercios establecidos, generalmente pequeños, que atienden a los consumidores finales, para distinguirlos de los 'mercados' corrientes -sin apellido-.

Pero ese no es el mercado que nos preocupa: este mercado es mucho mayor, ya que abarca a TODAS las personas, SIEMPRE y en CUALQUIER lugar en que se encuentren. La tendencia actual es que abarque a todo el mundo; la actual 'globalización del mercado', es decir, su mundialización.

De las frecuentes alusiones al mercado que hacen sus partidarios especialistas, se podría deducir que el mercado es una fuerza muy grande, casi omnipotente, muy sabia, casi omnisapiente, omnipresente y que, por alguna misteriosa razón, produce los mayores beneficios que son posibles para todas las personas de una sociedad. Si alguien es perjudicado por el mercado, sólo son efectos ocasionales y/o transitorios, o de pequeño monto, casi despreciable. Este mercado tiene sus leyes, propias y eternas, de naturaleza semejante a las leyes físicas más indiscutidas, como la de la gravedad, a las que no se puede burlar impunemente, ya que se impondrán finalmente, luego de las más desastrozas consecuencias. Tiene poderosas 'manos invisibles', que 'asignan los recursos' de manera infalible y que responden, casi mágicamente, a la 'naturaleza permanente' de los seres humanos. Para que se mantenga saludable y vigoroso, basta con que se le deje LIBRE, que nadie intente intervenir en él, de ninguna manera, basta con 'concurrir al mercado' para que 'opere': él proveerá. ¡Cuánto se parece a un dios!.

Este me parece uno de los casos más típicos y extendidos de antropomorfización de abstracciones que conozco -se les asigna características humanas-.

Yo creo que eso que llamamos mercado -tanto legos como especialistas- es el conjunto de relaciones entre personas que se refieren al aspecto económico de sus actividades. Sin duda, una parte muy importante de las interacciones humanas pueden clasificarse como económicas -producción, distribución y consumo de bienes y/o servicios-, pero queda otra porción de ellas, no menos importante, que nada tienen que ver con la economía. Todo esto, sin perjuicio de que buena parte de las primeras estén indisolublemente ligadas a buena parte de las segundas, hasta el punto de que unas lleguen a ser constitutivas de las otras. Más aun, las mismas interacciones pueden ser clasificadas simultáneamente como económicas y como de otros ámbitos: el quehacer humano es 'interdisciplinario'.

Las relaciones entre personas muestran regularidades que, por lo general, están normadas por especificaciones socialmente aceptadas y construidas, que toda la gente conoce y aplica, casi siempre en rutinas no conscientes. Una porción muy pequeña de estas normas son reconocidas explícitamente como tales, y de éstas, sólo unas cuantas están escritas: se les conoce genéricamente como «leyes» -incluye reglamentos y otros-. El resto, la inmensa mayoría, hábitos y costumbres de todo tipo incluidas, conforman lo que habitualmente se considera el dominio ético-moral, pero, en un análisis más cuidadoso, este dominio también abarca y opera sobre las leyes: todos reconocen que, a lo menos, las leyes están sujetas al escrutinio ético-moral.[25]

Lo que llamamos «instituciones» sociales -en sentido amplio- son dominios de acción humanos en los cuales rige un conjunto de reglas y pautas socialmente construídas y aceptadas, tanto leyes como normas ético-morales -explícitas o tácitas-, las que se van 'institucionalizando' en el proceso civilizatorio, tal como postulan y describen Berger y Luckmann[26]: son las ideas que tienen y mantienen las personas que las 'vivencian' acerca de las interacciones que asocian con ellas.

Nótese que la utilización generalizada del conjunto de normas que 'da vida' a una institución puede producirse por adopción consensual, libre y voluntaria, pero también puede ser forzada, impuesta y tolerada, soportada o consentida, en ambos casos, con participación consciente; por último, también se puede aprender a respetarlas del mismo modo como se aprende a respetar regularidades tales como el cambio noche- día-noche... y otros semejantes -como se aprende un lenguaje-, participando en rutinas no conscientes, aprendiendo cómo es el mundo en que vivimos, como las reglas de un juego que todos juegan y que había comenzado mucho antes de que llegáramos.

Las constantes modificaciones y adaptaciones que alteran las reglas en la evolución de las instituciones también pueden ser producidas por imposición, por consenso o por indiferencia -conscientes-, o por 'aprendizaje' de los que se incorporan al juego -no conscientes del cambio-. Es decir, la creación y evolución de las instituciones puede producirse usando la ética primitiva, el autoritarismo, el individualismo o el modo democrático, tanto si nos damos cuenta del modo usado como si no. Los efectos sociales del uso predominante de cada uno de los modos -extraordinariamente diferentes- se harán patentes en cada período considerado.

A mi juicio, es muy útil distinguir los modos ético-morales predominantes en los procesos de institucionalización, así como los que predominan en las sucesivas y permanentes modificaciones que experimentan en su evolución y, especialmente, en su vivencia real actual. Asunto que, tomado en globo, es tan interesante como largo de analizar, por lo que quedará necesariamente pendiente. Por lo tanto, me limitaré a continuarlo, pero sólo para algunas de las 'instituciones económicas': las que estamos viendo.

Pareciera que el lento y relativamente reciente proceso que ha dado vida a las instituciones que constituyen 'el mercado' -proceso impuesto, como hemos visto-, ha dejado sistemáticamente las manos libres para imponer los precios a los que disponen de mayores 'ventajas comparativas', las que casi siempre consisten en la posesión de grandes cantidades de dinero -o cosas convertibles en dinero-, también conocidas como 'el capital'. Como si 'mercado libre' implicara la libertad de los capitalistas dominantes para competir entre ellos, para lograr la imposición de sus condiciones en el mercado; una competencia en la que 'participan' sin libertad -y pasivamente, casi en calidad de víctimas- los 'no capitalistas' o los 'capitalistas menores'. El cuadro se repite para diferentes niveles decrecientes, los 'sectores' o submercados, en los que imperan los capitalistas de monta decreciente, con una sola constante: la peculiar 'participación' ya descrita, reservada para los 'no capitalistas'. Los delincuentes -los que usan todavía el precio del garrote- llaman «giles» -que es sinónimo de 'tontos'- a sus 'clientes' o 'consumidores', la parte de su 'mercado' con quienes 'operan', ya que 'compiten' con otros delincuentes de su 'especialidad'. Curiosas las similitudes.

Cuando un vendedor consigue condiciones de monopolio o de oligopolio -unos pocos vendedores concertados-, condición que se conoce como «de mercado cautivo», el límite al precio lo establece el agotamiento de la demanda -los compradores no tienen más dinero disponible para ese producto-. Los casos reales en los que se produce esta condición son numerosísimos: los productos patentados -como la mayoría de los fármacos, bebidas, figuras 'famosas', etc.-, aquellos que requieren de instalaciones muy grandes -como el acero, el cemento, los electrodomésticos, etc.- o de instalaciones muy especializadas -como laboratorios fotográficos, reparación de electrodomésticos, etc.-, servicios domiciliarios asignados por concesión -como agua, gas, electricidad, etc.-, para nombrar sólo algunos ejemplos de una enorme gama.

Ejemplo muy conocido es el de los productos farmacéuticos registrados -patentados-, en los cuales el costo de la sustancia activa suele multiplicarse por factores muy altos -10, 100, 1000 o aun más-, con límites que sólo dependen de la ambición de sus propietarios.

También existen numerosos mercados cautivos de compra, pocos y grandes poderes compradores que adquieren sus productos a muchos productores más 'pequeños' -molinos, conserveras, exportadoras, procesadoras de leche, etc.-, quienes imponen precios, controles, normas y 'castigos', cuyo único límite parece ser el que los productores puedan seguir produciendo, con utilidades que tienden a cero a medida que crece el número de ofertantes o disminuye el de demandantes: una versión poco estudiada de la ley de la oferta y la demanda, ya que no tiene relación con lo que ocurra con la oferta y demanda de los productos.

Este es el tipo de compraventa en que es más clara la imposición unilateral del precio y de las condiciones anexas a él: 'cautivo' es un calificativo usado en sus acepciones más duras, 'prisionero' y casi 'esclavo'. Pero no es el único tipo en que la imposición existe.

En las economías de libre mercado, lo habitual es que los capitalistas que venden -y/o que producen- impongan sus precios en desmedro de los que compran -generalmente los que consumen, al menos en la última compra-. La única herramienta que deja 'el mercado' a quienes compran-consumen es dejar de comprar si el precio no les parece correcto, o comprarle a otro. Al 'mercado' no le importa lo que le pase al consumidor si no encuentra otro vendedor a buen precio y de acceso fácil y si lo que quiere comprar es de imperiosa necesidad para él, de modo tal que no dispone de tiempo o medios para regatear o 'vitrinear'. Por otra parte, de poco puede servir el no comprar si los vendedores persisten en mantener altos los precios cuando los productos llenan necesidades importantes y/o urgentes: los consumidores se verán en la obligación de aceptar las alzas, casi de inmediato, como lo demuestra repetidamente el presente y la historia económica.

Cuando la situación se invierte, y los que compran son los capitalistas, también 'el mercado' los favorece, tal como ocurre en casos de mono u oligopolio; también quedan en condiciones para imponer unilateralmente el precio. Un caso especial es el de la 'compra de trabajo', tan especial que creo se merece artículo aparte, tanto por sus complejidades como por sus múltiples implicancias.

Los 'mecanismos de mercado' usados para tales imposiciones es una muy variada gama de recursos, los que casi siempre están reservados por su alto costo a quienes 'trabajan en grande': los consabidos capitalistas. Sólo mencionaré un par, a modo de ejemplo, pero hay muchos más.

El más evidente es el 'marketing', nombre que se usa mucho más que su traducción al castellano: 'mercadeo'. Su Poder autoritario -en el sentido expresado en (P)- llega a tales niveles que muchos infantes pueden decir el nombre de una gaseosa casi simultáneamente a 'mamá' o papá', y antes que sus nombres propios. Claro que para tal hazaña se requiere una campaña 'a todo dar' y permanente, para 'no perder la imagen de marca'. De ahí en adelante, se comprende que tantas personas hayan olvidado -o nunca conocido- el agradable sabor del agua -la de la llave o potable- y la cara de extrañeza que ponen cuando uno la pide en un restorán.

La 'potencia' de esta herramienta reúne casi todas las acepciones de Poder autoritario mencionadas en (P): capacidad de obligar, mandar, influir, manejar, gobernar, someter, dominar, conducir, seducir, persuadir, engañar y regentar a otras personas, con o sin que se den cuenta de ello. Su mayor 'gracia' es que, por lo general, las personas corrientes no se dan cuenta de estar siendo manipuladas por el marketing, el que consigue 'inducir' gustos, preferencias, deseos y hasta necesidades en ellas, 'valores' que operarán desde dentro de ellas mismas, en rutinas no conscientes. Los sesudos estudios que se dedican a esta 'maravilla' consustancial al 'libre' mercado demuestran que es más efectiva mientras más ignorante es el destinatario. Es decir, afecta más a la gente más indefensa, los más jóvenes y los más pobres: son también los más numerosos -la parte más sustanciosa del mercado-, otra 'gracia' del marketing y sus 'herramientas'.

Cada cierto tiempo, los expertos en marketing detectan que sus herramientas empiezan a perder eficacia, y que crece el número de personas que desconfía de los plañideros llamados de la propaganda. Entonces, las agrupaciones de anunciantes emprenden 'campañas' para mejorar la imagen del marketing -es un 'marketing del marketing', un 'metamarketing'-, prometen que ellos mismos cuidan la eticidad de la publicidad -afirmación desmentida por la realidad circundante, con lo que la misma campaña se torna mentirosa, sin que ellos 'se den cuenta' ni se 'autocorrijan'-, aseguran que si no fuera por la publicidad el mundo sería oscuro y la gente no sabría qué comprar ni dónde, sin más argumento que la repetición agobiante, el tono meloso, seguro y seductor, siguiendo la recomendación de Goebbels: "repite, repite, que algo queda".

En la campaña que actualmente se desarrolla en Chile, se atreven a afirmar que la cultura -personificada por un cantante de ópera muy marketeado- "sería desconocido si no fuera por la televisión, la radio y las publicaciones escritas": ¿qué porcentaje de su 'espacio' dedican los medios a la difusión de las artes y la cultura de verdad?. Es curioso que los buenos artistas comiencen, por lo general, en ambientes 'underground', y que 'surjan' a los medios después de hacerse conocidos en esos medios, donde siempre hay empresarios 'descubriendo' nuevas figuras, que entran de esta manera a los circuitos 'oficiales': allí se les marketea como corresponde para que de veras triunfen: es decir, se hagan millonarios. La comisión de ética no se ha enterado de esta campaña, o no considera que se esté faltando a la verdad. Muy ético.

Otro recurso de los capitalistas que 'concurren libremente' al mercado es la combinación de leyes -elaboradas por ellos o con su consentimiento- con las 'condiciones de escala'. Poco reconocido como tal y menos mencionado, este recurso consiste en las dificultades que encuentra una persona cualquiera -no capitalista- para obtener el respeto de sus derechos atropellados por capitalistas en su 'libre concurrencia' al mercado. Cuando esto ocurre, la 'pérdida' de cada consumidor es pequeña, de monto tan reducido que resulta 'antieconómico' recurrir a las leyes que podrían protegerlo. Si el consumidor insiste en reclamar a su costa -no aplica la 'lógica del mercado'-, le costará encontrar un abogado que le represente -el litigio no será 'económicamente viable'-, a menos que gaste mucho más que lo que pierde al olvidarse del asunto. El capitalista demandado dispone de abogados regiamente pagados, a tiempo completo, financiados con el volumen de muchas 'pequeñas trampitas', todas pequeñas, pero que sumadas millones de veces reúnen fortunas. Las organizaciones de consumidores apenas consiguen sobrevivir juntando los esfuerzos de los consumidores de algunos grandes monopolios, pero sin ayudas oficiales, sin apoyo de los medios -propiedad de o comprometidos con los grandes capitales-.

En Chile, no existen límites legales -fijados por ley- para el monto de la utilidad capitalista, salvo para un producto muy especial: el interés cobrado por prestar dinero. Pasado ese límite, el interés se transforma en usura y es penado por la ley.[27] ¿Cual es ese límite máximo?: muy pocos saben que existe, menos aun cuál es. Yo estoy entre los segundos. Los que prestan dinero con usura conocen maneras de disfrazar los excesos sin que los que recurren a ellos -generalmente en situaciones de necesidad extrema- puedan demostrar o reclamar después. Los usureros -que hoy abundan- también cuentan con las 'ventajas de escala' aliadas con la legislación vigente.

Otra forma de precio que resulta 'impuesto', en la práctica cotidiana, es el precio de los servicios que entrega el estado, es decir, los impuestos. Vale la redundancia. ¿Será que se llaman así precísamente porque se imponen?. Se me dirá que se fijan democráticamente, por los parlamentos elegidos por todos: tienen un origen democrático. Sin embargo, este origen no basta para que su realización sea también democrática, justa y no arbitraria. Pero es un secreto a voces que quienes disponen de grandes capitales -los consabidos capitalistas- cuentan con organizaciones completas destinadas a la evasión sistemática de los impuestos, con profesionales cuya capacidad se valora en relación directa a su habilidad para evadirlos: la mayoría de los 'expertos tributarios'. Tanto es así que dicha 'capacitación' ha comenzado a permearse a las universidades que compiten por 'el mercado' de la enseñanza, algunas de las cuales, al parecer, preparan profesionales para lo que dicho mercado pide: especialistas en evadir. No se explica de otro modo el reclamo público de un profesor universitario: "No puede ser que se acepte que un Contador Auditor es bueno en la medida en que logra rebajar el pago de impuestos de su empresa".[28]

La legislación tributaria, al menos en Chile, deja en manos de los servicios respectivos la determinación del monto de los impuestos, de acuerdo con reglamentaciones específicas, pero además, en algunos casos, también de las multas que deben pagar los contribuyentes y las situaciones que las ameritan. Años atrás, me tocó pagar, en un término de giro, una multa por pago atrasado: el atraso se debió a que el mismo servicio se tomó un par de meses en determinar el monto que debía pagar -son los únicos habilitados para dicha determinación-, 'razón' por la cual se me aplicó la multa por los dos meses de 'atraso', tal como dice el reglamento a la letra en otras partes. Otra demostración de que el origen democrático de las leyes tributarias no implica ni garantiza su aplicación democrática; ésta depende de la forma -modo ético-moral- con que los funcionarios la aplican.

Otra forma de imposición arbitraria de precios es el abuso que cometen algunos profesionales en el ejercicio de sus labores. Los que acuden a ellos, por lo general, no están en condiciones de evaluar si el precio que cobran es o no justo. Más aun, tampoco pueden evaluar si sus diagnósticos y prescripciones son las más adecuadas, si emplearon los recursos que cobran, si debían emplearse. Algunas profesiones cuentan con tribunales de ética, propios, en general de acceso bastante difícil. No es raro que los abusos de profesionales sean frecuentes, ya que tanto las profesiones que tienen comisiones de ética como las que no, adolecen de falta de capacitación específica en el respeto de reglas éticas en las instituciones que las enseñan. Quien piense que exagero, que revise la categórica opinión de un experto en educación universitaria, el Prof. Gyarmati.[29]

Pienso que los casos citados, sólo una pequeña parte del enorme total, es suficiente evidencia para justificar la afirmación de que existen y persisten los precios autoritarios en las sociedades de 'libre' mercado. También para confirmar que 'libre' es sólo un título engañoso, ya que esta característica está reservada para quienes compiten, el selecto y muy minoritario grupo de los capitalistas.

4.3.- La práctica del precio individualista.

La distinción de un precio individualista con respecto al autoritario puede ser una tarea mayor. Principalmente porque sus efectos pueden considerarse idénticos, o casi indistinguibles. Con todo, si buscamos en las motivaciones o justificaciones de quienes los usan -los precios sólo existen cuando los usan personas-[30], talvez podamos encontrar algunas diferencias.

Puede que las características chauvinistas de los capitalistas autoritarios -de antiguo cuño-, negativas para la colaboración entre zonas ricas y zonas pobres, sirvieran para que estos promovieran la producción nacional y pusieran ciertas trabas a la importación indiscriminada y masiva, con lo que conseguían evitar la competencia extranjera -cuidando su mono u oligopolio- pero de paso, y casi sin querer, manteniendo niveles de empleo más elevados, así como más permanentes. Es claro que un capitalista individualista -mucho más 'flexible'- considerará como una tontera no importar lo que sea si es más barato que producirlo. Sobre todo si eso es un buen negocio para él. Lo que ocurra con los que producían esos bienes, no le importa ni le interesa: ese es un problema 'ajeno', de otros.

Por iguales razones, los capitalistas individualistas no trepidan en 'exportar' capitales si encuentran mejores 'mercados'. Otra vez, lo que ocurra con sus conciudadanos no les incumbe. Y no se trata de que vayan a colaborar con los necesitados de otros países, sólo van detrás del mejor negocio. El individualismo en la economía resulta fundamental para promover y hasta posibilitar la mundialización de la economía.

Quienes comercien con individualistas podrán distinguirlos de los autoritarios porque los primeros resultan mucho más flexibles, pero eso tiene sus desventajas cuando se requiere de ellos ayudas fundadas en una larga relación comercial: para un individualista, cada negocio es un asunto separado de los anteriores, y por lo tanto, debe rendir frutos separados, independientes unos de otros. Por lo tanto, la historia no cuenta, y privilegiará las alternativas que maximicen su utilidad actual, olvidándose de las anteriores. No 'posa' de buena gente, como los autoritarios -también paternalistas-, es más 'cara dura' y no acepta 'agradecer' los negocios anteriores sacrificando sus utilidades presentes. Optará por la mejor alternativa, sin preocuparse por su 'antiguo' cliente: sus relaciones tenderán a ser mucho más impersonales, más 'calculadoras': en resumen, más individualistas. Entre ellos, las prefieren así aun cuando puedan salir eventualmente perjudicados, porque se 'comprometen' menos, no le deben nada a nadie, cada cual se las arregla solo, como pueda.

A diferencia de los capitalistas autoritarios, muy rígidos y conservadores en la observación de las reglas del juego, los individualistas son extraordinariamente creativos, siempre están buscando -y encontrando- nuevas maneras de hacer nuevos negocios, lo que a menudo implica 'saltarse' normas antiquísimas de este mundo mercantil, que depende tanto de la confianza mutua. En especial si dichas normas no son 'legales', es decir, no son leyes específicas o son de muy difícil comprobación.

Quienes no conozcan el actual mundo de los negocios, o no sean individualistas en este ambito de actividad, pueden tener dificultades para traducir a la realidad lo antedicho. Aquí van algunos botones de muestra.

Al negociar, una de las contrapartes hace una 'oferta', ya sea para comprar o para vender. Especifica la cosa, los plazos -de entrega y de pago-, las calidades, la forma de despacho, entre otras, y los precios: el precio tiene sentido en el contexto completo en que se efectúa la compraventa, y es bastante más complejo que el simple valor en dinero. Una de las especificaciones es la duración de la oferta, el plazo en que dicha oferta es válida, de gran importancia cuando el contexto es de inflación alta. Si es muy alta, se agregan cláusulas de reajuste. Aun así, el plazo de validez tiene importancia porque el que espera respuesta tiene que reservar las cosas o el dinero para realizar la operación. Por eso 'se usa' responder 'por sí o por no' al más breve plazo posible, ojalá sin esperar el vencimiento de la oferta. Un buen individualista responderá sólo si le conviene, y si también le conviene, dilatará la respuesta más allá del plazo convenido, 'engatusando' a la contraparte con mentirillas no demostrables legalmente. Si la contraparte pierde oportunidades o dinero con la espera, al individualista le importa un comino, porque no es delito, es decir, no será castigado por las leyes: eso no está contemplado en ellas, específicamente.

Lo dicho para la vigencia de la oferta puede ser usado para el plazo de entrega o el de pago, o cualquiera otra condición. Ante reclamos, aducirá 'razones' típicamente individualistas: no le pago porque no tengo dinero -¿porqué se comprometió si no lo tenía?-, no le entrego las cosas porque no hemos terminado de hacerlas -¿porqué se comprometió si no tenía la seguridad?-, no hemos terminado de hacerlas porque nos llegó otro negocio mucho mejor -¿porqué tomó otro compromiso si tenía éste antes?-, o, muy frecuente, le vendí a otro cliente que después me ofreció mejor precio -¿sin respetar su compromiso previo, y sin avisar siquiera?-. Otra versión del último caso, al revés: le compré a otro proveedor que me ofreció después mejor precio o mejor plazo de entrega -iguales observaciones-. El individualista llega al extremo de venderle a otro cliente artículos que ya estaban pagados, por adelantado o con anticipos, y que, por lo mismo, podían ser considerados como de propiedad -total o parcial- del primer comprador al momento de la venta: vende cosas que ya no son suyas. Es típico de este modo su aversión al -y su falta de- compromiso.

Esta forma 'novedosa' de hacer negocios suele ser muy alabada por un capitalista autoritario si quien los hace es uno de sus empleados, y le favorecen: a lo más, arriscará la nariz, pidiendo que se tenga cuidado con los riesgos que se corren. Pero se embolsicará las utilidades sin asco, mientras más grandes mejor. Pero cuando resultan perjudicados por las 'hábiles maniobras' de ejecutivos o capitalistas individualistas, entonces se indignan, sin poder entender cómo estas personas pueden faltar a su palabra de tal manera. En la actualidad, estas jugarretas se consideran como parte de los riesgos normales de los negocios, ante las cuales más vale estar preparados: como la mejor defensa es un buen ataque -la guerra en el ámbito económico-, triunfa más y mejor quien la hace primero -el que pega primero pega dos veces, para seguir belicosos-.

El gerente general de mi primer trabajo -cuando egresé de la universidad- fué uno de los precursores de estas hábiles 'pillerías'. De carrera meteórica, era conocido entre los industriales de aquella época –1967 a 1968- como 'El gitano': este alias despectivo escondía encontrados sentimientos de admiración -por su temeridad y su éxito-, de temor -por los daños que podía causar al ser cabeza de una de las más grandes empresas de electrodomésticos- y de desprecio -por su baja calidad moral-. Su éxito alcanza hoy niveles internacionales.

La mayoría de los patrones autoritarios que he conocido tenían y tienen como gran orgullo el pagar siempre a tiempo los jornales 'a su gente' -una condición integrante del precio del trabajo-; aunque muchas veces fuera expresión de paternalismo, para dominar mejor, ciertamente protege bastante a los trabajadores, dándoles seguridad. Los individualistas inauguraron los pagos parciales o postergados 'por falta de fondos' o por razones banales e injustificables: 'no sacamos el dinero a tiempo', 'los cheques no se alcanzaron a firmar', etc.. Todo esto simultáneo con gastos muy grandes en otros 'negocios' o 'inversiones' más rentables y la rigurosa cancelación de sus emolumentos y granjerías, siempre muy considerables. El caso se repite para leyes sociales -obligatorias por ley- y otros emolumentos.

¿Qué es lo que están haciendo los 'hábiles' ejecutivos individualistas que incurren en estos tipos de conducta?. Simplemente, explicarán muy afablemente, aprovechando sus ventajas comparativas, las oportunidades que brinda el libre mercado: si todos hicieran lo mismo que ellos, piensan, el mundo progresaría mucho más y más rápidamente.

No estoy afirmando que las trampitas antedichas fueran 'inventadas' por los individualistas, creo que también las hacían algunos de los autoritarios, pero esa no era, como ahora, 'la norma', lo que casi todo el mundo se siente autorizado a hacer. Además, las 'razones' o justificaciones de unos y otros son muy distintas. Para los autoritarios -en estos ámbitos de actividad- la arbitrariedad es parte de sus derechos, que incluyen el fijar las reglas -¿porqué no también cambiarlas?- y les sirve para reforzar su autoridad: aplican el dicho "autoridad que no abusa pierde su poder". Y no se saca nada con reclamarles, porque nunca aceptarán que se equivocan -sería signo de debilidad-. En cambio, los individualistas lo hacen 'sin querer', sin dobles intenciones, sólo por su incapacidad de hacer consideraciones sociales. A ellos, si les reclaman -y les insisten bastante- pueden reconocer su 'error' y entonces ¡negociar!, hasta pueden dar marcha atrás: no temen aceptar que se equivocan también -pero poco-.

Esta generalización del uso del resquicio legal y del 'estruje' de la ley la debemos -¿o nos la deben?- los individualistas, con su falta de consideración por lo que les pase a otros, a su 'flexibilidad' y creatividad para 'reinterpretar' las reglas vigentes de maneras que les resultan tan convenientes, al filo de la legalidad o a salvo de ser descubiertos o legalmente castigados, probablemente incentivados por su placer por el riesgo propio -sin que se les ocurra tomar en cuenta que involucran a otros-.

Los individualistas han 'agilizado' la concentración del capital a niveles que no soñaron los más optimistas de los autoritarios -apegados rígidamente a las normas hasta la literalidad-, aumentando el tamaño y alcance de sus 'negocios' hasta posibilitar la globalización de las economías. Esas mismas características, unidas a sus capacidades de aprender entendiendo y del desprecio por las consecuencias -ambas habilidades son partes de una especie de 'autonomía asocial'- les permiten 'inventar' negocios y entender abstrusas y complicadísimas formas de realizarlos, usando los medios más sofisticados y complejos, los que no tienen misterios para ellos.

Si el mercado -el denominado 'libre'- surgió de condiciones especiales que nadie buscó o fabricó, su generalización fue obligada, forzada y violentada por personas fuertemente autoritarias, a quienes les venía como anillo al dedo para incrementar enormemente sus Poderes autoritarios (P), y al mismo tiempo, disminuyendo los riesgos de caer en manos de las que todavía usaban la ética primitiva, todo esto a volúmenes y niveles entonces inéditos, antes ni siquiera imaginados. Encontraron la forma más eficiente para dominar mejor y con el menor esfuerzo a siempre crecientes cantidades de otras personas.

Pero el surgimiento de grandes cantidades de personas individualistas ha logrado que el neoliberalismo -una forma más individualista de entender la economía que los capitalismos tradicionales, sus antecesores[31]- supere los logros obtenidos por los predecesores autoritarios al punto de hacerlos palidecer y disminuir hasta el ridículo. Han creado formas de 'liberar' el mercado que les permite dominar a masas cada vez más grandes -también a niveles mundiales- de personas, en beneficio de grupos cada vez más reducidos y más ricos: capitalistas individualistas.

Obviamente, no estoy planteando el absurdo de que sean los modos ético-morales mencionados 'las causas' del libre mercado tradicional ni del mercado libre neoliberal, entendidas como 'las únicas', y ni siquiera como 'las principales'. Creo que los fenómenos sociales son multicausados, multi-interconectados y multi-inter-sinergizados, tanto como multi-inter-trans-disciplinarios, y que la existencia y uso de dichos modos es una de las tantísimas condiciones necesarias para que estos fenómenos hayan tenido y tengan lugar, aquí -y en casi todo el mundo- y ahora.

Por otra parte, tampoco creo que estos modos sean condiciones accesorias o de escasa importancia: la universalidad y inevitabilidad del uso de la función ético-moral como función psicológica socializadora de los seres humanos -tan universal e inevitable como las otras funciones psicológicas básicas, tales como el emocionar, el razonar, el percibir, el recordar y el imaginar, el desear, el necesitar y otras igualmente básicas- me lleva a pensar que omitir su consideración conduce a explicaciones del pasado, del presente y del futuro probable o deseable, que serán truncas, incompletas y, por lo mismo, engañosas. Nuestra capacidad de adaptación.[32] a circunstancias siempre cambiantes depende fundamentalmente de las explicaciones que construímos permanentemente de cómo son y han ocurrido las cosas. Estas condicionan nuestro actuar y todas nuestras funciones psicológicas, las básicas y las complejas, las que sólo nos son útiles en el contexto -también siempre cambiante- de esas explicaciones. Las que he llamado en otras partes nuestras «construcciones paradigmáticas».[33]

Pienso que todas las teorías -las científicas, como las que estudia Kuhn, y de las otras, como la creencia en el diablo o en el horóscopo, o como la forma de saludar que es correcta- son equivalentes a pensares, y también, lógicamente, a la inversa. Mi teoría es -pienso- que los seres humanos para poder vivir necesitamos ideas -o teorías, o pensares- acerca de las 'cosas' que nos rodean y en las que vivimos inmersos, 'cosas' que pueden ser físicas o 'psicológicas' -como las funciones psicológicas que hemos experimentado en relación a cosas o sucesos, incluídas acciones ejecutadas 'sólo' con el cuerpo-, o 'sociopsicológicas' -como las instituciones de Berger y Luckmann-. Para todas las cosas, para todo lo que hacemos. Con la salvedad -talvez- de unas cuantas sensaciones internas, como el dolor de muelas, que nadie necesitó explicarme: sólo me dijeron como se "llamaba" eso que yo estaba sintiendo.

Las ideas que mantenemos acerca de las cosas constituyen nuestra manera de "apropiarnos" o construir el mundo en que vivimos, y son esas ideas las que nos permiten no sólo entenderlo, también percibirlo, sentir emociones, organizar nuestros deseos, intereses, gustos y necesidades, y finalmente, actuar. Las he llamado "construcciones paradigmáticas", porque las construimos y porque son paradigmas de una realidad a la que sólo podemos acceder a través de ellas.

Cuando un grupo considerable de personas adopta y acepta una cierta manera recurrente de elaborar, interpretar y usar las reglas de convivencia -los modos ético-morales descubiertos por Piaget-, y con las reglas así elaboradas conduce su propia vida y también, de manera importante, la de quienes conviven con ellas, su modo ético-moral puede llegar a ser predominante, si se extiende lo suficiente para eso. Otras personas, talvez en modos más primitivos en estos ámbitos de actividad, pueden 'aprender' el modo nuevo, probablemente por mimésis[34], tal como se aprenden y modifican los idiomas corrientes -también los 'gestuales' y otros poco reconocidos como tales-, alentadas por los 'éxitos' de quienes ya lo usan.

El individualismo presenta características muy favorables para expandirse muy rápidamente. Una vez aceptado y entendido que 'todo es relativo' vale también para las reglas de convivencia -las normas ético- morales-, que dichas pautas de conducta no son eternas ni inmutables ni sagradas -como piensan y sienten las personas autoritarias-, que tienen un sentido y un objetivo claramente determinado y distinguible -regular la convivencia-, que abusan quienes se arrogan el derecho a dictarlas e imponerlas arbitrariamente por sí mismos o en representación de autoridades aun más importantes que ellos -como aceptan y hasta necesitan las personas autoritarias-, y que cada cual puede y debe opinar en la creación, modificación, interpretación y utilización de ellas, usando su análisis crítico propio, entonces se ha completado el paso desde el autoritarismo al individualismo. Para el paso al modo democrático se necesitan aun otros cambios, mucho más complejos y mucho más difíciles.

En la descripción, donde seguramente se me han escapado muchas características, parece ser un proceso muy complicado y arduo de lograr. Para muchas personas que ya han pasado la adolescencia y que aun operan en la heteronomía o autoritarismo -en uno o varios ámbitos de actividad- y que además viven sujetos a un medio social fuertemente autoritario -sean dominantes o sumisos, da lo mismo-, el paso les resulta más que dificultoso, simplemente imposible: no lo darán nunca, si se mantienen las condiciones del medio social.

Pero a los adolescentes que viven en medios sociales en que abunda el individualismo les brota tan espontánea y fácilmente como a los niños alemanes en Alemania el hablar alemán. Eso, en los ámbitos de actividad en que se da dicha preponderancia. Aunque pareciera que las potencialidades son tan grandes en esta etapa de la vida que basta con que se dé alguna presencia de individualismo en el medio para que se esparza como muchos regueros de pólvora. Como los mismos lolos dicen, 'es la papa' (superfácil). Los medios universitarios actuales que conozco son todos semilleros de individualismo: el resto de la sociedad sigue estos prestigiados ejemplos con enorme facilidad.

Otra probable razón por la cual el individualismo crece cada vez más es la facilidad y falta de conflicto con que las personas individualistas se relacionan con las autoritarias: obviamente, aprovechando sus 'ventajas comparativas'. Como no se preocupan de los demás, muestran su punto de vista, defienden sus posiciones argumentando muy bien, y si los otros aceptan autoritaria y sumisamente, con las dificultades que les impone la rigidez autoritaria, se aprovecharán de las circunstancias sin sombra de inquietud, mucho menos de culpa -casi desconocida para ellas-. Y todos contentos. Incluidos los que pierden.

Es un caso en que cabría la denominación de «individualismo dominante», más por los efectos que por la intención de dominar, generalmente ausente en el individualismo. Explicará, si le preguntan, que él no ha dominado a nadie, es el otro el que se puso en posición sumisa, y que eso es problema del otro, que no será él quien ande tratando de convencer a los demás -tal como no le gusta que traten de convencerlo a él, cada cual debe convencerse solo-. Es posible que esta posición de magnánima prescindencia -de discutible respeto por los otros- ejerza en los demás una seducción difícil de resistir, si están cerca de aceptar sus postulados.

Con las personas autoritarias dominantes, las individualistas prefieren no discutir, se limitan a exponer una vez sus opiniones, y si el otro no quiere escuchar, es problema de él. Las personas individualistas actuarán después como dijeron que lo harían, con lo que suelen despertar las iras de las autoritarias cuando los efectos son perjudiciales para ellas, pero también su tácita y talvez ceñuda aprobación -aprobación al fin-, puesto que los resultados -especialmente los materiales, mejor aun en dinero- son más importantes que las intenciones o los medios usados, para los autoritarios.

Dado este conjunto de características y circunstancias -más otras tantas que seguramente se me escapan-, las que actúan en conjunto y sinergizándose entre sí, recursivamente, ¿qué tiene de raro que el «capitalismo autoritario» haya sido superado súbitamente por el «capitalismo individualista», hoy en día predominante, exitosamente triunfante?.

Considero que, con lo ya dicho, queda debidamente demostrado que existe, en la práctica actual y desde hace ya un buen tiempo, un precio que puede llamarse individualista, claramente distinguible del autoritario, al punto de que, junto a otros factores, da cuerpo a una forma de capitalismo que también merece apellido: individualista.

El hecho de que siga coexistiendo el precio autoritario -aparecido antes- con este precio individualista, claramente predominante hoy, es sólo otra demostración del uso en mezclas de los modos ético-morales, aplicados en este caso a los ámbitos de actividad económicos. Además, ambos coexisten con el primero de los vistos, el de la ética primitiva o del garrote, tal como vimos antes. Y también con formas precapitalistas de intercambio.

4.4.- La práctica del precio democrático.

Muchos se preguntarán si hay espacio para la práctica del precio democrático en el panorama presente, aparentemente copado por los tres anteriores. Por extraño que parezca, hay bastantes ejemplos, además, de notable antigüedad.

Probablemente, esta forma de precio precede a todas las ya descritas: madres y padres proveían -gratuitamente- a sus retoños. También es probable que compartieran entre ellos sus provisiones, así como entre hermanos, sin cobrarse nada. Y que usaran la equidad -más para el más necesitado-. Y la solidaridad en casos de desastres naturales -los artificiales se inventaron después, al inicio de la civilización: en un comienzo, las tribus vecinas eran predadores tan naturales como los otros-. Estas formas de 'precio' solidario, con equidad, siguen dándose mayoritariamente en los medios familiares, al menos cuando los niños son pequeños. También persisten en no pocas familias extendidas, de acuerdo con la antigua norma de 'no se hacen negocios con la familia: se le ayuda'.

En cualquier caso, dejando las conjeturas a un lado, tengo noticias confiables de que estaba presente ya en los antiquísimos mercados locales. Mi fuente (EI) cita a Karl Polanyi, antropólogo e historiador económico, autor de la ya clásica "La gran transformación", publicada en 1944. Yo cito ahora a (EI):

"Su tesis principal (la del libro de Polanyi) consiste en que, antes del período moderno, la búsqueda del lucro individual no fue nunca el principio dominante de la vida económica, y que debe hacerse una distinción rigurosa entre las sociedades con mercado, que han existido a lo largo de la historia, y lo que se llama "sociedad de mercado". En todas las sociedades anteriores, las relaciones y las prácticas "económicas" estaban "incorporadas" o inmersas en relaciones sociales extra-económicas, familiares, religiosas o políticas. Existían otras motivaciones, además del lucro o la ganancia material, como la obtención de una calidad o estatuto, el logro de prestigio o la obligación de solidaridad comunitaria; otros mecanismos, diferentes del intercambio mercantil, reglaban la organización de la economía, en especial los principios llamados de "reciprocidad" y de "redistribución"."

"Polanyi ha cuestionado directamente los postulados de Adam Smith en cuanto a la existencia de un homo oeconomicus y su propensión natural al trueque, al pago en especie y al intercambio mercantil, mostrando que esa "propensión" nunca tuvo, ni siquiera en la época de Smith, el rol dominante que le atribuye, y que debió transcurrir cerca de un siglo para que se impusiera plenamente como elemento regulador de la economía. Los mercados que existieron en las sociedades precapitalistas, cualquiera que haya sido su tamaño, fueron un elemento secundario en la vida económica.".[35]

Estando clara la situación de la época premercado, en la que destaca la existencia de motivaciones que pueden suponerse de autonomía o democráticas, tales como las que subrayé en la cita -junto a otras, menos altruistas-, me queda encontrar ejemplos actuales o de la historia reciente.

Vale recordar el caso de la economía familiar, en la que todos aportan -a la medida de sus capacidades- para que, de lo así obtenido, cada cual reciba según su necesidad, con solidaridad y equidad. Lejos, es la forma de economía democrática más abundante, en todo el mundo: en su conjunto -de muchos pequeños núcleos- abarca una parte muy importante de la humanidad actual. Aun cuando conozco algunos casos en que esto no ocurre con todos los miembros de la familia -ya que los padres dividen muy meticulosamente sus haberes y aportes, lo que suele ser 'copiado' por los retoños en cuanto comienzan a 'ganar su propio dinero'-, me parece que en Chile las familias de este tipo son todavía muy minoritarias, pero que su número crece rápidamente. ¿Llegarán al punto de 'cobrarse' mutuamente?. ¿De mantenerles una 'cuenta corriente de gastos' a los hijos, para cobrarla cuando sean mayores?. Espero que no, pero está por verse.

Otra forma de precio de autonomía que se presenta en Chile, en grupos más grandes pero de mucho menor cuantía total que la anterior, es también la de unos 'precios no tradicionales', considerados casi 'extraeconómicos'. Se trata de los servicios y productos proporcionados por instituciones conocidas como 'de voluntariado', dedicadas a fines benéficos, sin fines de lucro -de verdad-, en las que el personal que recibe sueldo se reduce a unos cuantos funcionarios de jornada completa. Destaca entre estas organizaciones la de Bomberos, en Chile, voluntarios, con cuarteles en casi todas las ciudades y pueblitos, por pequeños que sean. Llama la atención que estén bastante 'militarizadas', con jerarquías considerablemente rígidas y varios uniformes, de claro corte autoritario, dados sus fines de declarada autonomía: ¿otro caso de mezcla de modos?.

Las organizaciones de voluntariado abarcan una amplia gama de servicios, especializándose en algunas áreas en las que focalizan sus atenciones. La Teletón en la atención de niños minusválidos, Hogar de Cristo tiene varias áreas, y así sucesivamente. Estas, y otras como ellas, son organizaciones que no tienen fines de lucro, efectivamente: ni para la organización ni para sus directivos o ejecutivos.

Conviene diferenciarlas de otro grupo, constituido por algunas de las llamadas ONG's y otras instituciones, que también declaran no perseguir fines de lucro, lo que en realidad se cumple para la organización, pero que ha llegado a ser una fuente de ingresos envidiables para algunos de sus ejecutivos, transformándose, estos trabajos, en una 'profesión' muy lucrativa. Menciono estos casos porque creo que no basta con que una organización declare no perseguir fines de lucro para que se le incluya entre aquellas que usan la autonomía.

Entre las que declaran no tener fines de lucro -establecido obligatoriamente por las leyes que las crearon- pero que nada tienen de autonomía, destacan las recientes empresas de seguros de salud y de fondos de pensiones, en Chile, las Isapres y Afp's. Estas empresas NO PUEDEN tener utilidades, pero los capitalistas que las crean invierten sumas enormes en ellas. Luego, se disputan encarnizadamente 'el mercado'. ¿Cómo pueden explicarse estos gravísimos atentados a las leyes inmutables, inevitables y casi sagradas del mercado? ¿Dónde está la trampita?. Porque esos inversionistas no son ingenuos ni tontos. Pareciera que la gracia de ellas está en el poder económico que sus propietarios adquieren al decidir en qué invierten los fondos, gigantescos, que estas empresas manejan. Los dueños de los fondos son los imponentes, pero no tienen ninguna injerencia en dicha inversión. ¿No resulta por lo menos hipócrita el que 'no tengan fines de lucro'?.

La forma de 'precio' que a mi juicio contiene el mayor grado de autonomía -modo que Piaget también llamó "de cooperación entre iguales"- es la institución de la minga -o mingaco-, en plena vigencia en Chiloé -de las islas o continental-, 1000 km al sur de Santiago de Chile. Básicamente, consiste en la colaboración voluntaria de un grupo de vecinos para la realización de tareas grandes y complejas, tales como la construcción y los traslados o "tiraduras" de casas, por muchos kilómetros, en una geografía de muchas y muy empinadas colinas, y que suelen incluir la 'navegación' de la casa, de madera, por los canales interiores. En estos trabajos casi no se usan elementos modernos -máquinas, grúas y otras-, y salvo los motores marinos de los lanchones, se siguen usando tecnologías antiquísimas. También se usa para cosechas, trillas y otras tareas que exceden la capacidad del grupo familiar.

Cuando una familia requiere hacer una minga, sus miembros recorren la zona solicitando la ayuda para una fecha próxima, planificada cuidadosamente: a esta fase le llaman 'suplicar' -"anda a suplicarle a Mateo para la construcción del granero" es una petición corriente-. En el intertanto, la familia junta los materiales -para lo cual puede 'suplicar' ayuda adicional- y organiza la tarea en colaboración con los diversos expertos que conoce: carpinteros, albañiles, marinos, boyeros, etc.. Dichos 'expertos' traerán con ellos sus herramientas, hachas, yuntas de bueyes, cadenas y otros. La familia también debe apertrecharse con los elementos con que 'pagará' la minga: comida, bebida y golosinas abundantes para todos los que asistan. Por lo general, los hombres hacen los trabajos que requieren más fuerza y las mujeres se encargan de las comidas, pero en caso de necesidad, tanto mujeres como hombres -niños, jóvenes, maduros o viejos, da lo mismo- pueden y saben hacer las partes de todos, con notable habilidad y fuerza. La realización del trabajo, acompañado de bromas y gran algazara, generalmente muy rápido y con alta eficiencia, termina con una fiesta en la que todos participan, con natural entusiasmo y alegría.

Fuí testigo-participante de una de estas fiestas, a la que llegué por casualidad -tuve que detener el auto para dejar pasar una casa que atravesaba el camino en ese momento- y a la que me uní para ayudar, empujando, en una parte muy empinada en la que los bueyes no daban abasto. Siendo un perfecto desconocido, fuí 'incorporado' al grupo como un 'igual' hasta que terminó la fiesta.

¿Qué tan antigua es la minga?. Personas oriundas de Chiloé me han dicho que 'minga' deriva de 'mingaco', palabra mapuche que designaba a estos trabajos colectivos, los que serían considerablemente anteriores a la llegada de los españoles a dicha zona, en el siglo 16. Tarea para los historiadores.

También he sido testigo de otras formas de colaboración solidaria y desinteresada que se dan en esa zona. He sabido que también ocurren en otras regiones en las que impera la pobreza -incluido Santiago, la capital-. Por ejemplo, la ayuda que recibe una familia que, por enfermedad u otras causas inevitables, no está en condiciones de autosustentarse. A medida que se enteran de sus necesidades, familiares, vecinos y conocidos se apuran en llevarles los elementos que pueden aportar y que allá se consideran como mínimos indispensables. Muchos 'aportantes' viajan y caminan desde muy lejos -decenas de kilómetros- para cumplir con este deber que nadie osa desconocer. Aun con mal tiempo, en un clima bastante duro. Los que vuelven de entregar sus aportes, avisan a otros de las necesidades aun no cubiertas, las que son prontamente atendidas. Esta ayuda solidaria, sin ninguna forma de pago o de retribución, inmediata o futura –salvo modestas 'atenciones' y agradecimientos- se mantiene mientras dure la necesidad, a veces por años. Quien no colabora cargará con el menosprecio de la comunidad y la aplicación de una estricta 'ley del hielo'. Lo mismo o peor, para quienes se aprovechen de la comunidad, inventando desgracias.

También muy antiguas eran las 'trillas a yegua', habituales en todas las zonas agrícolas chilenas, trabajos comunitarios en los que también 'se pagaba' con una fiesta, de tantos días como la cosecha requiriera. Mapuches viejos cuentan que eran habituales entre ellos las "trillas a pié": las describen como un baile parecido al machitún -ceremonia religiosa- pero los pies, en vez de golpear el suelo, se hacen resbalar sobre el grano, a fin de romper las espigas, desgranándolas.[36] Si lo más importante era la fiesta -en una época de escasos eventos sociales- o el trabajar juntos en beneficio de todos -por turnos, les tocaba a todos- es algo que ya resulta difícil de investigar, por cuanto la mecanización agrícola casi las ha extinguido.

Otras instituciones que probablemente utilizan el precio democrático, es decir, ejercitan la autonomía en ámbitos económicos, son las organizaciones de tipo 'cooperativas', de muy distintas denominaciones –mutuales, empresas autogestionadas, etc.- y variados objetivos. Al menos en sus orígenes, fueron pensadas como formas de actividad económica en que la propiedad era colectiva -aunque no estatal- y sus objetivos declarados eran favorecer solidaria y equitativamente a quienes formaban parte de ellas y simultáneamente a toda la comunidad. En resumen, trataban de eliminar el lucro individual como motivación de la actividad económica. La idea era que sus utilidades fueran en beneficio de grandes grupos de personas, ojalá equitativamente, y que, además, beneficiaran a toda la comunidad a través de proporcionar bienes y servicios con la mejor de las relaciones precio-calidad que fuera posible, optimizándola.

En teoría, si no pretendían erigirse en un grupo privilegiado, habrían sido la mejor de las expresiones del uso del precio democrático: respeto por sí mismo simultáneo con idéntico respeto por todos los demás.

En Chile hubo un movimiento cooperativo muy fuerte, con gran cantidad de instituciones, que incluso se agruparon en una asociación que les prestaba servicios. Algunas cooperativas y mutuales llegaron a ser muy grandes, hasta líderes de sus respectivas ramas. Durante la dictadura militar fueron violenta y descaradamente 'desincentivadas', forzadas a optar por uno de tres caminos: 'privatización', jibarización o desaparición.

Las que optaron por la privatización, obviamente se 'desnaturalizaron' rápidamente, transformándose en empresas vulgares y silvestres, algunas conservando el puro nombre de autonomía: cooperativas u otros.

Tuve oportunidad de trabajar por unos meses -una asesoría puntual- en una empresa autogestionada, ya durante la dictadura militar. Aparte de las 'presiones' oficiales, de todo tipo -que se soportaban gracias a las ayudas de agencias internacionales, canalizadas por el Instituto de la Autogestión, ahora inexistente-, pude observar en ella terribles problemas de disciplina, muy poca solidaridad y, en general, falta de autonomía ético-moral generalizada. Al punto de que era difícil encontrar quienes se hicieran cargo de la gerencia. Poco tiempo después quebró, por esas causas, no por la presión oficial.

¿Habrá algunas que conserven el espíritu democrático que tuvieron en sus inicios?. Otra interesante investigación por realizar, cuántas y cuáles son, qué características tienen. Y las razones por las cuales, en la práctica, casi desaparecieron o cambiaron las que había.

En este punto cabe destacar los contenidos de autonomía ético-moral implícitos en varias de las recomendaciones dadas por Peter Senge, experto en Administración de Empresas, de MIT, así como en algunos de los ejemplos aplicados a empresas que él menciona. Senge muestra cómo, con objetivos planteados desde un punto de vista completamente diferente al mostrado aquí -el de su disciplina-, algunas empresas de corte absolutamente capitalista han ido derivando a formas de operación que me atrevo a calificar como de creciente y significativa autonomía ético-moral. Esto, en pleno corazón del neoliberalismo actual: Estados Unidos.

En su libro "La quinta disciplina" {32}, Senge postula la necesidad de efectuar una serie de cambios en las empresas que deseen mejorar verdaderamente sus niveles de eficiencia, tanto para que compitan mejor -obtener utilidades más seguras y mayores, además crecientes- como para resolver el grave problema de conseguir empleados más productivos -mejor aun, capacitar los actuales- con idénticos fines.

Muchas de sus propuestas consisten en formas -que él califica de novedosas- de analizar y resolver los problemas de las empresas. Por su carácter fuertemente técnico, pareciera que nada tienen que ver con la autonomía planteada en este ensayo: sin embargo, la mayoría son claras aplicaciones de formas de razonar con autonomía: tomar en cuenta los puntos de vista de todos los involucrados; considerar sistémicamente todas las variables intervinientes en un problema; informar a todas las personas de la organización de todos los objetivos valiosos para la empresa; la utilización del análisis crítico propio de todos los empleados, de todos los niveles (para eso se requiere que estén todos informados de todos los objetivos); el uso de "modelos mentales"[37] coherentes entre sí; examinar los supuestos implícitos, también los de los 'superiores' -generalmente asumidos como dogmas-; la inutilidad del control externo –característico del autoritarismo- y la necesidad de reemplazarlo por el autocontrol -típico de la autonomía-, lo que él llama "localismo"[38]; éstas son sólo algunas entre muchas otras.

Pero varias otras, en especial las que dicen relación con las maneras de motivar a los empleados -de todos los niveles- y de lograr que se comprometan con los objetivos de la empresa, a mi juicio conducen directamente al logro de relaciones de autonomía o democráticas, también en todos los niveles de la empresa, esta vez, incluyendo a sus propietarios.

Al punto de que los objetivos fundamentales de la empresa -que Senge llama "visión compartida"- terminan siendo analizados, criticados y finalmente aceptados por todos sus miembros, 'dueños' o simples empleados. No hay otra alternativa, afirma Senge, si se desea que se comprometan con ellos, que los compartan: para que realmente los compartan, deben haber participado en su elaboración y posibles cambios. Como se comprenderá, los objetivos resultantes de tal forma de elaborarlos no pueden ignorar los intereses de todos los empleados -no sólo los de los dueños del capital- y suelen considerar también los de los clientes y proveedores, a un paso de incluir a toda la sociedad humana, paso que se da muy fácil en este ambiente: de hecho, se 'transforman' en ecológicas. Entonces, una empresa con objetivos generales como éstos, por muy capitalista que sea -ya que persigue la obtención de ganancias y el crecimiento sostenido como herramienta para competir mejor con otras competidoras- casi no se diferencia de una empresa autogestionada ideal, y casi casi, de los de una 'socialista' también ideal, en el mejor de los sentidos. ¿Se estará dando una convergencia de fines entre ambos tipos de empresa?. Es mi impresión que una convergencia así puede producirse si en ambos tipos se usa, de verdad, el modo ético-moral democrático.

Pudiera pensarse que Senge habla de pequeñas empresas, pero las que menciona repetidamente -Royal Dutch/Shell, Johnson & Johnson, 3M, Citicorp, Hanover Insurance Co., IBM, Matsushita, entre otras- figuran entre las más grandes del mundo. A mí me queda la duda sobre la amplitud y profundidad con que dichas empresas aplican las recomendaciones de Senge, y cuáles de ellas son las que han adoptado. Suena muy bonito cuando lo expone Senge, pero me gustaría mucho comprobar hasta qué punto se está usando en esas empresas lo que él propone, y con qué modo ético-moral se utiliza.

Llama mucho la atención el caso de People Express Airlines[39], ejemplo que Senge destaca como empresa precursora de varias de sus recomendaciones, empresa que parece casi autogestionada, y que creció vertiginosamente mientras mantuvo sus características iniciales -llegó a ser en pocos años la quinta de USA- y que quebró aun más súbitamente al abandonarlas para crecer más rápido, según postula Senge.

Conozco otro texto con varias similitudes a este de Senge: muestra muchas experiencias y recomendaciones que fomentan la autonomía piagetiana aquí descrita, también en USA: se trata de "Educating for character" {19}, de Thomas Lickona, orientado a los ámbitos educacionales. La persistente insistencia -de Lickona y Senge- en recomendar acciones que tienden a dicha autonomía -sin definirla, hasta sin mencionarla, ni menos relacionarla con la de Piaget- parece indicar que los sectores 'más avanzados' de USA están 'descubriendo' las ventajas de ella, aún sin contar con las herramientas teóricas y metodológicas que podrían potenciar significativamente sus recomendaciones.

Por último, y sólo para no cansar, mencionaré un aspecto de clara autonomía ético-moral-económica, parcial, que contienen la inmensa mayoría -sinó la totalidad- de las actividades económicas -que incluyen alguna forma de precio-, y que, a mi juicio, son las que mantienen en operación a las sociedades actuales.

Todas las operaciones económicas que llegan a feliz término, lo consiguen gracias a que las partes cumplen con lo que se comprometieron, dentro de márgenes aceptables. Si así no fuera, la anarquía resultante, los litigios, venganzas y otras gabelas impedirían la continuación de la vida económica moderna, tal como la conocemos.

No están consideradas en este grupo, por definición, las operaciones que no se completan, por estafa, incumplimiento u otras causas. Se trata del cumplimiento en tanto el que vende porotos entrega porotos, con tan pocas piedras, arvejas y otras cosas que no sean porotos, que son aceptados como porotos. Del tipo que ofreció y en las condiciones negociadas, con márgenes bastante estrechos. El que compró dió dinero verdadero -no falso-, o sus cheques fueron pagados por los bancos, en plazos aceptables. Las 'trampitas' individualistas destacan porque son una desviación de las normas de convivencia económica que estaban establecidas, que obligan al cumplimiento antedicho.

Este aspecto de las actividades económicas, de autonomía difícilmente discutible, no obsta para que otros aspectos de las mismas actividades, ya mencionados en los acápites anteriores, sigan siendo calificables como de ética primitiva, de heteronomía o autoritarios, o de individualistas, según sea el caso. Con los inconvenientes sociales que obviamente traen consigo.

Vale destacar que este aspecto democrático de la práctica económica actual no tiene ninguna relación con ciertas características que las teorías capitalistas asignan a los seres humanos como intrínsecas, entre ellas, el egoísmo fundamental y supuestamente eterno que mueve a los seres humanos a vencer su pereza y a progresar persiguiendo el lucro. Me temo que si el deseo de obtener el lucro personal primara demasiado por sobre las mencionadas tendencias -talvez anticuadas- a cumplir las palabras empeñadas, el mercado -con todos sus 'poderes'- no resistiría más de un par de vueltas de la rueda de la fortuna. Casi se puede decir que el afán de lucro y este aspecto democrático son claramente contrapuestos y antagónicos. Y que es el segundo el que calladamente 'mantiene' al lucro, que goza de los resultados.

Creo que la existencia de esta parte democrática de las operaciones económicas que he destacado, en contextos en que, en los otros aspectos, predominan los otros modos ético-morales o de relación social, constituye una masiva y decisiva demostración de que existe la mezcla de modos ético-morales. Mezcla que hace tan difícil distinguirlos unos de otros, sobre todo cuando los que los buscan mantienen teorías -acerca de ellos- que suponen que deben darse aislados, solos. Como parte de una personalidad monolítica, del todo o nada.[40]

Considero ya suficientemente demostrado que existió y existe, en la actualidad el que he llamado 'precio democrático', tanto un precio 'completo' como parcialmente, en alguno de sus aspectos. Y que tienen una importancia tan grande que si no existieran, las sociedades actuales, con todo su esplendor, seguramente colapsarían.

5.- Conclusiones.

Al menos para una primera aproximación al tema, considero haber cumplido en lo principal con los objetivos propuestos: existen -es posible distinguirlos- diferentes tipos de precios, uno para cada uno de los diferentes modos ético-morales.

¿Será útil hacer esta clase de distinciones?. Esto habrá que verlo, y dependerá del uso que podamos darles. Talvez puedan servir para entender mejor los precios actuales, y, mejor aun, para elaborar nuevas normas de establecer precios, ojalá de autonomía -la descrita aquí-, para que puedan ser usados por todas las personas, en beneficio de todas las personas.

Quiero dejar constancia de que, intencionalmente, he evitado referirme a los precios que se usaban en los sistemas sociales que se conocen como 'los socialismos reales': creo que ameritan estudio separado.

Como muchos habrán advertido, sin mencionar explícitamente el asunto de 'la propiedad', lo dicho en este ensayo tiene fuertes relaciones con este concepto. El precio y su inseparable compraventa -como se han tratado aquí, en sus diferentes formas o modos ético-morales- constituyen el mecanismo o institución social aceptado para 'traspasar' la propiedad, desde el que vende al que compra. Sin embargo, pienso que lo aquí dicho sólo toca tangencialmente este tema, tan importante que amerita tratamiento separado. Creo que la propiedad puede entenderse, también, de maneras características que corresponden a los diferentes modos ético-morales, y que el análisis detallado y específico de esas maneras puede resultar muy enriquecedor. Tarea pendiente.

También quisiera destacar mi impresión de que, de lo expuesto aquí, surge bastante clara la posibilidad de delinear un ciclo evolutivo de los diferentes tipos de precio, atendiendo a cual de los ya expuestos ha predominado en diferentes épocas de la historia. Tan clara me pareció que comencé a trabajar en esa línea, pero me encontré con dificultades mayores que las que, con la extensión presente y mis conocimientos actuales, me parece razonable acometer. Seguramente, será necesario elaborar ciclos para cada sociedad o grupos de ellas, puesto que diferentes civilizaciones han evolucionado de diferentes maneras, con muchas pausas y hasta fuertes retrocesos y regresiones, algunas de larguísima duración. También con rápidos y súbitos progresos, en especial en los últimos tiempos. Sin perjuicio de que la actual planetización de la economía muestre convergencias significativas. Un trabajo que excede los alcances de éste, ya demasiado largo. Por otra parte, y desgraciadamente para mí, pienso que también se requiere de conocimientos de historia de la economía de los que probablemente no dispongo. Por todo lo cual, me parece que se trata de una estupenda ocasión para operar interdisciplinariamente, mediante la cooperación entre iguales diferenciados: queda extendida la invitación correspondiente.

A pesar de lo dicho, creo que me puedo permitir ahora dejar planteada una deducción que, con todas las dificultades anotadas, puede considerarse como de probabilidad no despreciable. Se trata de la tendencia general, desde el posible punto de partida hasta la situación actual, y de su casi inevitable -al menos para mí- proyección al futuro, más bien lejano.

El punto de partida más probable de los precios es el del garrote y la ética primitiva: con poco margen de error, éste fue el precio predominante entre los primeros grupos humanos 'organizados'. Y continuó siendolo durante la mayor parte de la historia humana. Con tal raigambre en la 'naturaleza humana' que se mantiene, como hemos visto ya, hasta el presente, pero ahora en clara declinación, en el largo plazo. Primero fue desplazado por el precio autoritario -como predominante- y luego éste último por el precio individualista, sin que ninguno de los anteriores haya desaparecido del todo, ni mucho menos.

El precio individualista -y los sistemas económicos que lo hacen posible- han conseguido tal hegemonía mundial que algunos de sus partidarios han proclamado que sus logros ameritan afirmar que se ha arribado, con ellos, al fin de la historia: este es, según ellos, el óptimo posible a la 'naturaleza humana'.

Otros no opinan igual: veamos lo que concluye Perry Anderson.

"Cualquier balance actual del neoliberalismo sólo puede ser provisorio. Este es aún un movimiento inconcluso. Sin embargo, es posible dar un veredicto acerca de su actuación durante casi 15 años en los países más ricos del mundo, en la única zona donde sus frutos parecen, podemos decir, maduros. Económicamente, el neoliberalismo fracasó y no consiguió ninguna revitalización del capitalismo avanzado. Por el contrario, socialmente consiguió muchos de sus objetivos, generando sociedades marcadamente más desiguales, aunque no tan desestatizadas como quería. Política e ideológicamente, el neoliberalismo alcanzó éxito en un grado que probablemente nunca soñaron sus fundadores, sembrando la simple idea de que no hay alternativa a sus principios y de que todos, aceptándolos o negándolos, no tienen más que adaptarse a sus normas. Probablemente desde comienzos del siglo ninguna sabiduría convencional logró un predominio tan abrumador como el neoliberalismo. Este fenómeno se llama hegemonía aunque, naturalmente, millones de personas no creen en sus recetas y se resisten a sus regímenes. La tarea de los que se oponen al neoliberalismo consiste en ofrecer otras recetas y preparar otros regímenes. No hay cómo prever cuándo y dónde van a surgir. Históricamente, el momento de giro de una onda constituye una sorpresa.".[41]

No tengo argumentos para rebatir estas conclusiones, sobre todo si sólo se basan en aspectos económicos, de la economía tradicional. Sin embargo, creo que se vislumbra muy claramente una presencia cada vez mayor de componentes de autonomía, tanto pura -como en las mingas chilotas y en las familias 'autónomas'- como parcial -las preocupaciones ecológicas y otras 'inclusiones de autonomía' en los precios más primitivos- y que hacen posible que las sociedades sigan operando y progresando. Tendencia que parece acelerarse mientras se consolidan sus logros iniciales.

Otro motivo de optimismo es que la necesidad de detener las tendencias antisociales que produce el modo individualista –traspasado de la esfera económica a todos los otros ámbitos de actividad, que se traduce en elevada criminalidad, uso de drogas exitismo y consumismo desatados y sin límites- hará indispensable recurrir a la única solución verdadera y de largo plazo, la educación moral masiva. Las que conozco –como las que propugna Lickona en `Educating for Caracter´ {19}- fomentan sin duda el uso de la autonomía de Piaget, en todos los ámbitos de actividad. El ámbito económico no es un objetivo explícito de esta educación moral, pero si en todos los otros ámbitos se comienza a generalizar el uso de la autonomía de Piaget, no pasará mucho tiempo sin que el ámbito económico se vea ‘forzado’ a usar el mismo modo. Por supuesto, lo que quiero decir es que la gente comenzará a usar este modo también en este ámbito si en todos los otros –o la mayoría de los otros- ya lo usa.

¿Se mantendrá esta tendencia hasta el punto de que llegue a predominar el precio de autonomía?. Si esto ocurre realmente, ¿cómo serán las sociedades en que estos precios sean los predominantes y los otros sólo remanentes de escasa frecuencia, modos relictuales en franca extinción?. Si todo esto se realizara, ¿será necesario el dinero para esta clase de 'precios'? Recordemos que en las mingas y en las familias autónomas no se usa; tengo entendido que tampoco se usaba al interior de algunas formas de kibutz -en los inicios del actual estado de Israel-, al comienzo de dichos 'experimentos sociales'. En estas condiciones ¿cómo serán los mercados de plena autonomía?. ¿Cómo será la publicidad?.

Pienso que las respuestas sólo pueden ser dadas por la 'economía ficción', cuasi ciencia o género todavía nonato. ¿O será 'político-economía-ficción', o bien la 'ético-político-economía-ficción'?. La tentación de inaugurar estas 'disciplinas' es muy grande. Pero las dificultades parecen todavía mayores: el estado actual de nuestras sociedades -en lo que a autonomía se refiere- se ve tan lamentable que cualquier pronóstico, por modesto que se intente, caería en la clase de las superutopías.

Sin embargo, la tendencia que ha mostrado la especie humana a desarrollar la autonomía piagetiana, que sigue creciendo a contracorriente (SA), a pesar de todos los gigantescos obstáculos con que se ha topado y que se siguen multiplicando, permite abrigar esperanzas. Parece que el futuro puede traer, a pesar de todo, más solidaridad, más equidad, menos egoísmo y menos lucro, aunque el presente siga siendo renuente a mostrarnos los caminos por los que pueden llegar a materializarse éstas y otras características humanas propias de la autonomía, hasta el punto de que sea éste el modo predominante.

Tengo la esperanza de que la tarea de quienes no podemos aceptar al neoliberalismo -el también llamado capitalismo salvaje- como la fase terminal de la evolución de las sociedades humanas se vea facilitada por la utilización de los conceptos piagetianos aquí propuestos -en conjunto con los de todas las otras disciplinas atingentes-. Un modelo de sociedad deseable -al menos no tan indeseable como las neoliberales- puede surgir de la extrapolación al futuro de actitudes político-económicas de autonomía ético-moral. Muchas de las cuales probablemente ya existen y se usan -no es necesario inventarlas-, otras que fueron propuestas pero nunca aplicadas con este modo ético-moral, otras que podríamos deducir de las actuales o de las propuestas, y de combinaciones nuevas -de todas las clases o de una sola-.

Un modelo así, que logre ser creíble -aunque sea sólo como posibilidad hipotéticamente realizable, alguna vez- puede ayudarnos a dirigir nuestras acciones y esfuerzos sin el agobiante peso muerto de un fin de la historia tan amargo y despiadado como el que actualmente vivimos.

Estoy convencido que, con la ayuda de estas herramientas piagetianas que propongo -y también las otras que conocíamos de antes-, podemos inventar algunos nuevos 'grandes relatos', uno de los cuales puede ser el que nos sirva de horizonte para salir del nauseabundo pantano actual. Por supuesto, usando de la cooperación entre iguales diferenciados, es decir, el modo ético-moral de la autonomía, o democrático.


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BIBLIOGRAFIA

 

{1} Adorno, Theodor W., Frenkel-Brunswick, Else, Levinson, D.J. y Sanford, R.N., "The authoritarian personality", (La personalidad autoritaria) Harper, New York, 1950.

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{3} Berger, Peter y Luckmann, Thomas, "La construcción social de la realidad", Amorrortu, Buenos Aires, 1989.

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{10} Chacón M.,Patricio, "¿Podremos civilizarnos más rápido?", autoed. privada, Santiago, Chile, 1989.

{11} Chacón M.,Patricio, "Sociedades adolescentes" (Una teoría de la evolución social) Mimeo, Santiago, Chile, 1995.

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{13} Colby, Anne y Kohlberg, Lawrence, "The measurement of moral judgement" (La medición del juicio moral) Vol I, Cambridge University Press, New York, fotocopia de borrador previo a la impresión, 1984.

{14} "El lafkenmapu", de la serie "Al sur del mundo", Canal 13, Canal de Televisión de la Universidad Católica de Chile, 1988.

{15} Elias, Norbert, "El proceso de la civilización" (Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas), F. C. Económica, México, 1989 Seg. Ed. (1a Ed. en alemán, 1977 Tomo I y 1979 Tomo II).

{16} Gyarmati K. Gabriel, Browne C. Enrique, de la Barra G. Alvaro, Goic G. Alejandro, Gómez Millas Juan, Guzmán V. Manuel, "Las Profesiones. Dilemas del conocimiento y del poder". Ed. Univ. Católica de Chile, 1984.

{17} Kuhn, Thomas S., "La estructura de las revoluciones científicas", Fondo de Cultura Económica, México, 1971.

{18} Lickona, Thomas, "Raising good children" (Criando buenos niños), Bantam Books, New York, 1985.

{19} Lickona, Thomas, "Educating for character", Bantam Books, New York, 1991.

{20} Macpherson, Crawford Brough, "La teoría política del individualismo posesivo", Fontanella, Barcelona, Seg, Ed., 1979

{21} Macpherson, Crawford Brough, "La democracia liberal y su época", Alianza Editorial, Madrid, 1982.

{22} Meiksins Wood, Ellen, "De la elección a la imposición: la historia del mercado", Traducción inédita de Hernán Soto desde "L'histoire du marché, entre liberté et contrainte", "Critique communiste" No. 140, Hiver 1994-1995, a su vez, traducción de "From opportunity to imperative: the history of the market", "Monthly Review", Julio-Agosto 1994.

{23} Mifsud, Tony, S.J., "Los seis estadios del juicio moral: con aplicación pedagógica", fotocopia de mimeo, CIDE, Santiago, Chile, 1983.

{24} Piaget, Jean, "El criterio moral en el niño", Ed. Fontanella, Segunda Edición, Barcelona, 1974. Traducción de "Le jugement moral chez l'enfant", Alcan, Paris, 1932.

{25} Piaget, Jean, "Estudios sociológicos", Ariel, Barcelona, España, 1977. Traducción de "Études sociologiques", Droz, Ginebra, 1965.

{26} Piaget, Jean, "La toma de conciencia", Morata, Madrid, 1976,

{27} Piaget, Jean, "Psicología de la Inteligencia", Ed. Psique, Bs. As. Argentina, 1984, trad. de "La psychologie de l'intelligence", A. Colin, Paris, 1947.

{28} Piaget, Jean, "Biología y conocimiento", Castilla, Madrid. 1969. Traducido de "Biologie et connaissance", Gallimard, Paris, 1967.

{29} Rest, James,"Development in judging moral issues",(Desarrollo en el juzgamiento de temas morales) University of Minnesota Press, Minneapolis, USA, 1979.

{30} Rest, James, "Moral development. Advances in reasearch and theory" (Desarrollo moral: Avances en la teoría y en la investigación), Praeger, New York, 1986.

{31} Russell, Bertrand, "Fundamentos de Filosofía", Plaza y Janés, Barcelona, España, 1975.

{32} Senge, Peter, "La quinta disciplina", Granica, Barcelona, 1993.

{33} Chacón M. Patricio, Tesis de Maestría "La teoría de la evolución ético-moral según Piaget: la inclusión de dos nuevos Modos, la Ética Primitiva y el Individualismo", Santiago, 1998.

Notas:

[1] Numerosos textos sobre ética o moral son imposibles de obtener porque su edición o reedición se ha considerado 'económicamente inviable', aun cuando se reconoce que son muy importantes y muy interesantes: aquí se incluyen algunos míos. Insisto, no tengo ánimo de revancha. Volver al texto

[2] Véase P. Chacón M., "El tema ético-moral, un gran ausente. Los mitos sobre la ética y la moral" {7}.Volver al texto

[3] Entre las más conocidas --sólo en los ámbitos especializados--, cabe mencionar la de Kohlberg y la de Rest. Para la primera, véase Kohlberg et al "The measurement of moral judgement" {13} y Mifsud "Los seis estadios del juicio moral: con aplicación pedagógica" {23}; para la segunda, véase Rest, "Development in judging moral issues" {29}, y Rest, "Moral development. Advances in reasearch and theory" {30}. Kohlberg se autodeclara discípulo de Piaget, y sus colaboradores afirman que supera al maestro: estoy en absoluto desacuerdo con ambas afirmaciones. Estos dos autores, norteamericanos, han realizado larguísimas investigaciones para probar sus postulados. Rest trabajó inicialmente con Kohlberg, pero luego formó su propia escuela. La mejor 'versión' que conozco de ambas teorías es la de Lickona, variante contenida en su "Raising good children" {18}. Adorno investigó sólo uno de los modos ético-morales --en el sentido de Piaget--, el autoritarismo, en su ya clásico "The authoritarian personality" {1}. A pesar de sus innegables aportes, creo que no reunen las características suficientes como para ser considerados como una teoría de evolución ético-moral. Volver al texto

[4] Piaget nunca mencionó este modo, el individualismo. Lo he postulado como un modo diferente a partir de la caracterización de los modos piagetianos, como un modo transicional entre el autoritarismo y la autonomía, dado que en la actualidad puede ser distinguido con bastante facilidad: no calza completamente con ninguno de los otros dos. Una explicación y caracterización bastante completas, incluso la razón probable por la que Piaget no lo mencionó, pueden verse en mi artículo "Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia" {6}. En mi Tesis de Maestría {33}, posterior a la aparición de este artículo, se puede ver una descripción más completa y actualizada a 1998. Volver al texto

[5] Esta temprana aparición está provisionalmente validada por una Investigación Exploratoria, que realicé para mi Tesis de Maestría {33}. Volver al texto

 [6]Piaget dedicó todo un texto --con su correspondiente investigación empírica-- al tema del retraso o dècalage, "La toma de conciencia" {26}, fenómeno que se presenta tanto en los aprendizajes llamados 'intelectuales' como de los llamados 'motores'. Volver al texto

[7]Sigo en esta distinción a M. Bunge --véase su "Ética y ciencia", {5}-- y a B. Russell --véase su "Fundamentos de Filosofía" {31}--. Volver al texto

[8] Véase P. Chacón M. "Eticopolítica" {8} y "¿Podremos civilizarnos más rápido?" {10}. Volver al texto

[9] He planteado y justificado esta divergencia principalmente en ¿Podremos civilizarnos más rápido? {10}. Además, creo que el aparecimiento de la ética primitiva después del autoritarismo es válido cuando se da en sociedades ya organizadas con autoritarismo, pero aparece primero cuando no hay 'cultura autoritaria' previa, tal como ocurre aun hoy entre niños abandonados a su suerte --en la calle o en orfanatorios--: es el caso de sociedades que vienen de la anomía, me parece. Por lo tanto, en la evolución de las sociedades, la ética primitiva precede a la heteronomía: así la trataré. Volver al texto

[10] Véase Elias, Norbert "El proceso de la civilización" (Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas) {15}. Aun cuando su 'objeto de estudio' declarado son las sociedades occidentales principales --Alemania, Inglaterra y Francia--, presenta numerosísimas referencias a las sociedades de la antigüedad --Roma, Grecia y otras-- y también a algunas orientales --China, Japón y otras--. Elias basa sus tesis en el estudio de las costumbres --de compravender, de vestir, de comer, de guerrear, etc.-- por lo que resulta muy atingente a esta forma de analizar la compraventa. Será mi fuente recurrente, de aquí en adelante: su alusión la indicaré con el signo (PC). Volver al texto

[11] Véase Elias, op. cit. pp 277 ss. "No es que en esta época faltara por completo el comercio de larga distancia; pero se trataba, en lo esencial, de artículos de lujo, y en ningún caso de los de uso cotidiano: ni siquiera el vino solía transportarse a grandes distancias. Quien quería beber vino tenía que plantar viñas en su propio territorio, y, en el mejor de los casos, cambiaba el excedente con los vecinos." Para Elias, la economía autárquica o natural o doméstica se contrapone a la economía monetaria, la que se desarrollará muy lentamente, durante siglos. Volver al texto

[12] Lo hemos comprobado en una Investigación Exploratoria, que puede verse en detalle en mi Tesis de Maestría {33}. Volver al texto

[13] Véase Macpherson, C. B., "La democracia liberal y su época" {21} y "La teoría política del individualismo posesivo" {20}. Volver al texto

[14] Véase mi artículo "Sociedades adolescentes" {11}, que contiene una visión de la evolución social desde el punto de vista de los modos ético-morales. También haré numerosas referencias a este artículo, por lo que las indicaré con el signo (SA). Volver al texto

[15] Véase Elias, op. cit. pp 49. Volver al texto

[16] Véase mi artículo "El Poder y los modos de Piaget" {12}. El Poder primitivo está en pp. 7 y ss. También haré repetidas referencias a este artículo, y lo indicaré con (P). Volver al texto

[17] Autoritarismo y Modo Democrático son los nombres que Piaget usó, ya en 1932, para estos modos ético-morales: más de alguien puede malpensar que los estoy rebautizando para perjudicarlo. Volver al texto

[18] La actividad humana --pensar y/o actuar-- puede ser realizada en modalidad de «rutinas conscientes», focalizando nuestra atención en lo que hacemos, o bien, en «rutinas no conscientes», de manera semiautomática --pero no inconsciente--, usando una especie de 'piloto automático' que nos devuelve a rutinas conscientes si ocurre algo imprevisto o peligroso: como el manejar un auto, cuando se sabe bien. Descritas en mi "Eticopolítica" {8}, Cap IV. "Un paradigma psicológico, explícito". Volver al texto

[19]Para una extensa descripción del papel de las teorías científicas en las tecnociencias, véase Kuhn T. S. "La estructura de las revoluciones científicas" {17}. Volver al texto

[20] Véase mi artículo "Bateson, Watzlawick y Piaget: relaciones y sinergia" {6}. Consideraciones adicionales sobre este modo ético-moral están contenidas en (SA), en (P) y en mi Tesis de Maestría {33}. Volver al texto

[21] Para un completo y detallado análisis del egocentrismo, del sociocentrismo y sus relaciones con las formas descentradas de pensamiento y acción, véase Piaget, J. "Estudios sociológicos" {25}. Volver al texto

[22] Para un análisis de los diferentes tipos de libertad, según los modos ético-morales empleados, véase mi "Eticopolítica" {8}, Epílogo, "La construcción social de la libertad". Volver al texto

[23] De Macpherson, véanse las obras ya citadas, {20} y {21}. De Ellen Meiksins Wood, véase "De la elección a la imposición: la historia del mercado" {22}. Como también me referiré frecuentemente a este artículo, lo indicaré con (EI). Volver al texto

[24] Hay acepciones de 'mercado' que no son atingentes al que me interesa aquí: por ejemplo, lo que se quiere decir cuando se afirma que 'este producto no tiene mercado', como sinónimo de 'demanda'. Volver al texto

[25] Hay varias otras formas de restricción del dominio ético-moral, las que, tal como la dicha, pueden ser demostradas como mitos --sin base real-- con análisis estrictos. Algunos de esos mitos están analizados en mi ensayo "El tema ético-moral, un gran ausente" (Los mitos acerca de la ética y la moral) {7}. Volver al texto

[26] Véase Berger, Peter y Luckmann, Thomas, "La construcción social de la realidad" {3}. Estos autores no hacen las distinciones acerca de los modos ético-morales en que puede efectuarse la institucionalización, que propongo a continuación. Volver al texto

[27]Véase el Código Civil de Chile, Libro IV Títulos XXIII a XXV, y el Código Penal, las partes que corresponde a su penalización, Libro II Título IX. Volver al texto

[28] Prof. Norberto Rivas en Radioemisoras USACH, Julio 1993, Programa "Liderando con visión estratégica". Volver al texto

[29] Véase de Gabriel Gyarmati et al, "Las Profesiones. Dilemas del conocimiento y del poder" {16}; las citas correspondientes y un resumen comentado pueden verse en P. Chacón "El tema ético-moral, un gran ausente" {7}, p. 21 a 23. Volver al texto

[30] Esta es una obviedad que suele pasarse por alto, 'olvidarse': se afirma que "éste es el precio de este producto", como una manera de ocultar que ése es el precio que desean cobrar las personas que venden. Como si se tratara de una característica intrínseca del artículo --como su color y su peso--, que se usa mucho porque se sabe que impresiona a la gente más simple, más 'concreta', que tiende a usar el pensamiento sincrético, es decir, 'materializando' acciones humanas. Véase Piaget, Jean, "Psicología de la inteligencia" {27}; aparece también en numerosas otras obras suyas. Volver al texto

[31] ¿En qué consiste el capitalismo neoliberal?.¿En qué se diferencia de los capitalismos anteriores?. Creo que sólo unos cuantos especialistas son capaces de dar respuestas claras y concisas. Recomiendo "Qué es el noeliberalismo" {2}, breve artículo de Perry Anderson, traducción de Carlos Sánchez Trincado. Volver al texto

[32] 'Adaptación' en tanto que asimilación y acomodación, como principio o proceso básico de la vida biológica y, por supuesto, de la psicológica. Su discusión en profundidad puede verse en Piaget, Jean, "Biología y conocimiento" {28}. Volver al texto

[33] Una definición más completa, con sus justificaciones y raíces, puede verse en mi "Eticopolítica" {8}, Cap. IV, "El contexto: definiciones básicas y un paradigma psicológico, explícito.", ps 20 a 32.Volver al texto

[34]La mimésis es una forma de aprendizaje por imitación de modelos, en la que aprendemos 'con todo el cuerpo', inmersos en las vivencias que se aprenden. Descrita brevemente por M. Berman en "El reencantamiento del mundo" {4}, quien cita a Michael Polanyi, "Personal Knowledge", sin más datos.Volver al texto

 [35]Véase, de Ellen Meiksins Wood, "De la elección a la imposición: la historia del mercado" {22}, (EI), p. 4. Los subrayados son míos. Volver al texto

[36] Este relato está mostrado en el programa "El lafkenmapu", de la serie de televisión "Al sur del mundo" {14}. Volver al texto

[37] Los "modelos mentales" de Senge ("La quinta disciplina" {32}, ps 222 a 259), resultan idénticos a mis "construcciones paradigmáticas', sólo que Senge los restringe al ámbito de las organizaciones, y en ellas, para las acciones de quienes las dirigen. No da explicaciones de porqué le parecen inevitables en esos casos y no en todas las otras actividades humanas, acerca de las cuales no se pronuncia: parece implícito que sólo existen para esos dominios. Volver al texto

[38] El "localismo" de Senge ("La quinta disciplina" {32}, ps 357 a 374) es una forma de "controlar sin controlar", posibilitando y fomentando la autonomía --la de Piaget-- a los subalternos, es decir, bastante más que lo que en Chile conocemos como 'descentralización'. Volver al texto

[39]Véase Senge, op. cit., ps 31 y 162 a 175. Volver al texto

[40] Es el caso de Adorno et al, para quienes las personas 'eran' o 'no eran' autoritarias, siempre y en todo momento. También el de Kohlberg et al, para quienes, además, cuando una persona pasa de una etapa o estadio a la otra, no se 'devuelve' nunca más. Rest mantiene, parcialmente, el esquema de Kohlberg, pero 'traslapando' los estadios, para conseguir mejor correspondencia de sus datos empíricos con sus hipótesis, lo que finalmente tampoco ha logrado hacer con claridad, hasta donde tengo noticias. Lickona, más realista, se acerca aún más a la idea de mezcla de estadios, con su concepto de "desarrollo horizontal", en que dichos estadios se mezclan con los 'colindantes' durante los períodos de paso, de unos a otros. Llega a postular que se pueden observar reacciones características de hasta tres estadios, simultáneamente. Para la verificación de estas consideraciones, véanse los textos de estos autores, citados en Nota [3]. Volver al texto

[41] Véase Anderson, Perry, "Qué es el neoliberalismo" {2}, p 18. En este breve pero instructivo artículo, Anderson muestra las principales características del neoliberalismo y sus diferencias con los capitalismos 'corrientes' anteriores. Me he encontrado con muchas personas --incluso 'especialistas' del área de la economía-- que tienen serias dificultades para hacer las distinciones que aquí muestra Anderson: curiosamente, estas personas han sido, todas, muy 'antineoliberales', no les gusta nada, pero no están muy seguras de qué es lo que no les gusta de él. ¿Sabía Ud. que el texto fundacional del neoliberalismo data recién de 1944?. ¿Que sólo comenzó a aplicarse en la década de los 70?. Volver al texto

 

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