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- From: Giovanni Besio <giospud@xxxxxxxxxxxxx>
- To: Ingegneria Senza Frontiere - Genova <isf-ge@xxxxxxxxxxxxx>
- Date: Thu, 13 Oct 2005 10:50:08 +0200 (CEST)
Cari amici,
ieri in Spagna era festa nazionale, Dia de la Hispanidad. Un amico
messicano mi ha postato il mail che riposrto qui sotto. Sono cose trite e
ritrite, pero' fa sempre bene fermarsi a pensare un attimo e cercare di
analizzare la storia da diversi punti di vista.
In aggiunta vi consiglio di leggervi "Le vene aperte dell'America Latina",
sempre di Galeano, libro molto interessante seppur un po' datato.
Giovanni
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Giovanni Besio
Grupo de Puertos y Costas
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La mente e i libri funzionano solo se sono aperti.
Sir James Dewar, fisico, (1842-1923)
Ogni cosa giusta rivela il suo contrario.
Caparezza (2003)
Io non faccio poesia, io verticalizzo.
Franco Scoglio, (1941-2005)
******** HIC SUNT LEONES ********
Caras y caretas
"El Día de la Raza pasó a ser el del Encuentro. ¿Son
encuentros las invasiones coloniales?"
Eduardo Galeano
¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes
que él, la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los
vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?
Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa
fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de
Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran
ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la
papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a
los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco
Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los
peregrinos del Mayflower fueron a poblar América.
¿América estaba vacía?
Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no
sabían hablar.
Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a
cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.
Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por
la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.
Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó
un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.
El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia
de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían
así; y a quien dijera lo contrario se le darían 100
azotes, se le cobraría una pena de 10 mil maravedíes y
se le cortaría la lengua.
El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.
Los conquistadores exigían que América fuera lo que no
era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver:
la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino
de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron
a los americanos tal como antes habían imaginado a los
paganos de Oriente.
Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con
caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos
de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.
En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente
con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de
orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los
nativos tenían los pies al revés, con los talones
adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de
Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el
mejor disparo de sus flechas.
Anglería, que escribió la primera historia de América
pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo
Mundo había gente con rabos, como había contado Colón,
y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse
en asientos con agujeros.
El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en
las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino
por educar, que los amos azotaban a sus negros y
cuando huían les cortaban los tendones.
Eran conmovedoras las Leyes de Indias, que prote-gían
a los indios en las colonias españolas. Pero más
conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el
centro de cada Plaza Mayor.
Muy convincente resultaba la lectura del
Requerimiento, que en vísperas del asalto de cada
aldea explicaba a los indios que Dios había venido al
mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que
San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el
Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla
de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí
o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o
demora se les haría la guerra y ellos serían
convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus
hijos. Pero este Requerimiento de Obediencia se leía
en el monte, en plena noche, en lengua castellana y
sin intérprete, en presencia del notario y de ningún
indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de
distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les
venía encima.
Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la
Raza.
Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la Raza,
además de una mentira útil para exprimir y exterminar
al prójimo?
En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la
guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que
la sangre negra no sería admitida en sus bancos de
plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas,
prohibida en la cama, se hiciera por inyección.
¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?
Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del
Encuentro.
¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de
ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que
llamarlas, más bien, violaciones?
Quizás el episodio más revelador de la historia de
América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de
Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni
comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a
rendirse. Desde la empalizada, gritó:
-¡Nosotros seremos cada vez más!
-¿Con qué mujeres? -preguntó el jefe indio.
-Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que
serán vuestros amos.
Los invasores llamaron caníbales a los antiguos
americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de
Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para
alimentar el desarrollo capitalista de Europa.
Y los llamaron idólatras, porque creían que la
naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo
que tiene piernas, patas, alas o raíces.
Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se
equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban
que debían exigir visa, certificado de buena conducta
y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés,
Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.
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En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.