[Ampex] Pa' compartir

Ex-ampexinos,
Cuentan, los que saben, que una tarde, Dale Carnegie (sino saben quién es Dale, 
pues investiguen) fue a una ventanilla de correos y el empleado parecía 
fastidiado. Carnegie re­solvió conquistar la plaza. El funcionario aquel tenía 
una cabe­llera magnífica. 
–Daría mucho por tener sus cabellos–, observó dulce­men­te. 
 
La puntería fue certera. Aquel rostro terriblemente frío se iluminó. Unas 
palabras amables obraron el milagro de una sonrisa. 
 
Al contar Carnegie el caso a unos conocidos, alguien le preguntó qué beneficio 
había sacado de ese asunto; a lo que él respondió: “He tenido la satisfacción 
exquisita de haber hecho un gesto absolutamente desinteresado, una de esas 
generosas acciones cuyo recuerdo sigue brillando en la memo­ria mucho tiempo, 
después de haber caído en el olvido el incidente que lo provocó”. 
 
Cada persona tiene oportunidades para obrar el milagro de la sonrisa en los 
demás. La sonrisa no se compra. Basta con ofrecer un regalo que no vale ni un 
centavo. El regalo de escuchar; pero realmente escuchar, sin interrumpir, 
bostezar, o criticar... Sólo escuchar. 
 
El regalo del cariño; generoso en besos, abrazos y palmadas en la espalda. El 
regalo de las notas escritas: “Gracias por ayudarme”. O el regalo del favor, 
todos los días hacer un favor a alguien que me rodea. 
 
Detalles así pueden recordarse de por vida y tal vez cambiarla. El regalo de la 
palabra: “Te ves genial de rojo”, “buen trabajo” o “estupenda comida”. Esto 
puede hacer especial todo un día.  
 
¿Por qué no llenar tu vida de sonrisas, alegría y buenas palabras? Así los 
tuyos dirán: “¿Sabes?, me gusta reír contigo”. Hector Lugo 
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