[Ampex] Pa' compartir

Ex-ampexinos,
 
Hace algún tiempo (en diciembre de 2007), fui con unos amigos a un paseo en 
bicicletas. Los ciclistas eran ellos, yo me ocupé de llevarlos en un vehículo 
con todo lo necesario: líquidos, comida, herramientas y demás. 
 
Aquel recorrido por veredas de montaña comenzó en Tepic, Nayarit, y terminó en 
una bella playa, después de subir y bajar por lugares que nos ofrecieron climas 
y escenarios muy variados, pero todos ellos hermosos.
 
En una de las partes altas, coincidimos con un hombre que estaba construyendo, 
con gran habilidad, un muro de piedra que enmarcaría la entrada a una finca. 
Era un hombre que rondaba los 50 años, pero en sus brazos morenos destacaban 
unos músculos bien marcados, de esos que no necesitan levantar pesas en un 
gimnasio, ni esteroides, pues con el trabajo basta. 
 
Mientras preparaba “la mezcla” con cemento, arena y agua, y colocaba las 
piedras con el arte de quien conoce bien su oficio, se le podía oír cantar y 
silbar con fuerza. Uno de mis amigos, en tono de broma, nos comentó: ¿cuál 
estrés? 
 
Es lógico que a ese titán del monte no le hayan faltado penas en la vida. ¿A 
quién no? Pero aquel día ese hombre disfrutaba lo que hacía. 
 
Durante el recorrido gocé de un buen rato de música… ¡Ah, cuánta diferencia de 
los viajes actuales, con aquellos que realizaban nuestros abuelos hace apenas 
100 años! Eran viajes en carretas con ruedas de madera, sin los cómodos 
asientos reclinables de ahora, sin más música que la que podrían cantar o 
silbar los mismos pasajeros… Pues bien, entre la música que escuché había una 
canción que decía: “no es lo mismo vivir que estar vivo”. Muy cierto. 
 
En nuestras civilizadas formas de vida, muchas veces no encontramos tiempo para 
comer con calma, conviviendo con la familia. Nuestros desplazamientos –siempre 
apresurados– suelen estar teñidos con muecas y juicios temerarios hacia los 
demás conductores, cuando no con malas y amenazantes palabras. La relación con 
compañeros, jefes y subordinados, se rige por la muy mexicana ley de “aquí 
nomás mis chicharrones truenan”. 
 
Está muy bien que procuremos pensar más de lo acostumbrado para cometer menos 
errores, pero también es importante poner atención a aquello que nos produce 
placer, para poder disfrutar lo que la vida nos ofrece. 
 
Ahora, cuando muchos no se acuerdan de Dios, y los que lo tratan lo hacen con 
prisa, es importante que nos detengamos a charlar con Aquel a quien le debemos 
todo y sin quien no seríamos nada. No perdamos de vista que nuestra vida puede 
cambiar por completo en un instante, y que lo único real es el presente. 
Nuestras tensiones tienen mucha relación con nuestras actitudes. 
 
Digo...
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