[Ampex] Nota enviada por Diario Digital


Hola Ex-ampexinos,
El Diario de Juárez te informa que Hector Lugo te ha enviado este articulo.
Comentario: ¡No, pos sí!
 
 
El dato cultural
Pbro. Hesiquio Trevizo
 
 
    
Con mucha frecuencia hago alusión en mi trabajo a la palabra cultura; lo hago cuando he de referirme a la compleja situación que debemos enfrentar en nuestro hoy. Trato de transmitir la difícil idea de lo que significa la cultura como un determinante de la acción común. Me ha parecido importante resaltar los aspectos condicionantes que tiene una cultura en la acción individual. Fromm, genial, como en muchas de sus cosas, acuñó la frase «defectos socialmente modelados» con la que expresaba el hecho de que la cultura puede hacernos digerible lo que es objetivamente un defecto; yo añadiría que puede hacernos digerible el pecado mismo. De ahí la importancia del tema.

Con más o menos conciencia y claridad, nos hacemos la pregunta sobre el origen de la situación que atravesamos, tanto en el ámbito de nuestra vida p ersonal, con sus perplejidades y ansiedades, como la que enfrentamos en nuestra ciudad, y en el mundo entero. El panorama no es alentador. En el horizonte cotidiano se mezclan y confunden los problemas. Tal parece que la síntesis diaria, el vaciado que podemos hacer al final de cada día, se reduce a los problemas que emanan de la economía y de la inseguridad y  violencia concomitante, que se desarrolla a diario, ante nuestros ojos  y a todos los niveles.  ¿Qué tiene que ver la cultura en esta situación? Veamos.

Nuestro Diario hace una buena síntesis de la situación, en los “reclamos” que pone en la primera página de su edición del miércoles pasado: “Recortará su gasto la UACJ para no despedir trabajadores”;  “Yonkean desempleados sus vehículos por falta de dinero para gasolina”; “Por desaceleración en maqui las, bajan 30% fletes de mercancías entre Juárez y El Paso”; “Reduce Gobierno Federal 75% el ajuste mensual que aplicaba al diesel”; “Se atrasan 4.8 millones de personas con sus créditos en el País”; “Cierran 5,200 empresas en dos meses, con despidos de 413,282 plazas”; “Laboran maquilas al 50% por el impacto global”.  Y al momento de redactar el presente, en París se lleva a cabo una manifestación multitudinaria por idénticas razones; claro que no es lo mismo estar desempleado en Francia que en México. 

La pérdida del empleo o la imposibilidad para conseguirlo, hace más angustioso el momento. Esta semana El Diario se ha ocupado del tema presentándonos las filas de solicitantes de trabajo y la oferta improvisada en esquinas y calles de quienes ofrecen sus servicios. Se habla de paros técnicos, lo que genera una incert idumbre en el mundo laboral; pero exactamente lo mismo con diferentes resultados, está sucediendo en España donde hay manifestaciones muy numerosas en la que los obreros intentan obligar a los gobiernos para que las empresas no pongan en la calle a los obreros.

La feria de las vanidades. Todo esto mientras se ha desarrollado en Davos la reunión del Foro Económico Mundial. Los informes que nos envía Sarmiento no son precisamente tranquilizadores. Lo que parece quedar claro, también para los dueños del mundo, es que tenemos crisis para rato. Y, a mi juicio, ese muy exclusivo club de Davos, lo que busca no es tanto solucionar la crisis cuanto que, no obstante la crisis, las ganancias no mermen, o al menos, no mermen tanto, para lo cual, los gobiernos han de darle al pueblo dinero para que consuma. Y así, según el informe de Sarmiento, Soros, el financiero que quebró el banco de Inglaterra en 1992 y que es considerado uno de los más astutos especuladores en el mercado, –título nada envidiable, esto lo digo yo, no Sarmiento–, el tal Soros, digo, afirmó que no perdió dinero en esta crisis sino que logró que sus inversiones terminaran en terreno positivo. “El problema de hoy es peor que el de hace 80 años”. En 1929 la deuda total de Estados Unidos era por el 130% de su producto nacional bruto y aumentó a 300… En el 2008, la deuda representaba el 350% del PNB y está destinada a aumentar hasta el 500%”. Se deduce, pues, que desde ese mundo la solución tardará en llegar y reflejarse en la economía y empleo del pueblo. Menos cuando venimos a conocer los escándalos de Wall Street, sus prebendas, lo que ha llevado a Obama a calificarlas como “vergonzosas” (Shameful), o el avioncito que City Group hubo de devolver; todo mientras buscan ser subsidi ados con dinero público. Esto lleva al señor Sarmiento a la conclusión de que todo está preparado para el regreso de Marx.

Una oferta necesaria. Cierto, los países, podrán ofertar sus bondades en dicho foro, deberán de presentarse como paraísos para la inversión extranjera, seguros, legales, competitivos y con tecnología de punta y la menos corupción posible. Muchos países, y ello es bueno, van a Davos como quien va a la feria del empleo, donde existe la posibilidad de conseguir alguno. Los países, pues, se ofrecen a los dueños del mundo, a los que pueden invertir, generar empleos moviendo la economía. Eperamos que a México le vaya bien en la feria.

Queda de manifiesto, por otra parte, que nuestro mundo es una pequeña aldea. Tal vez en Juárez no sepamos mayor cosa de Davos, ni dónde está, ni por qué ese peq ueño pueblecito sin capacidad hotelera casi, perdido en la nieve de las montañas suizas, más apto para destino de esquí, es la sede de semejante reunión. No sabemos los juarenses por que a Klaus Schwab, alemán, doctorado en ingeniería y economía, se le ocurrió iniciar en 1971 ese club VIP. De hecho, los súper ricos y los globalifóbicos enfundados en trajes de esquí a la última moda, conviven serenamente; terminadas las reuniones de trabajo, unos, y las protestas de rigor, otros, se juntan en la fría noche a tomar un rico y caliente chocolate en los exclusivos cafés de pueblo. Y no es raro ver a Soros platicando animadamente con Jane Fonda o a banqueros sesentones soltándoles la jauría a las guapas artistas. !Ah!, porque va mucha gente de la farándula, de ellas, de ellos y de lo demás,  que para eso y más da el pobrerío del mu ndo. Digo, pues, que eso no lo sabemos los juarenses. Pero tenemos la esperanza que en ese recóndito lugar de frío ensueño, se realice el milagro, y la oferta que se haga de México, como un buen destino de inversión, se imponga, no obstante las dificultades, y pueda solucionar, al menos en parte, los problemas de la economía y del empleo, también en nuestra ciudad.

Desafortunadamente, como suele decir el Lic. Varela, yo no podría estar en ese foro por varias razones: a) porque nada tengo que hacer ahí; b) porque no dispongo de unos 60 mil dólares para asegurarme una estancia medianamente confortable y cálida, ni creo que el Diario de Juárez me designe “enviado especial”; c) porque mi empresa no factura un mínimo de 5 mil millones de dólares al año, y, finalmente, porque el frío me recrudece el reuma. Así es que, por estas razones, es mejor esperar las entregas del señor Sarmiento, más algunos noticieros de corte internacional, vistos en la comodidad de nuestro hogar.

En México la víctima es sospechosa. Pero no ha de faltar el famoso pelo en la dichosa sopa; no pueden faltar los aguafiestas que echan a perder el rollo, que gustan de llenar el zapato de piedritas y solazarse en el fracaso del prójimo. Hay literatura que puede obstaculizar la buena imagen que México necesita para ser considerado un país viable para la inversión extranjera; hay quienes gustan de ventilar, dándoles vuelo internacional, nuestros problemas domésticos. Se trata de la violencia, organizada y desorganizada, que impera en el país y que ha alcanzado los titulares de los diarios de circulación mundial. Esta literatura ha aparecido, por ejemplo, en la edición internacional impresa de El País. Hay una manera muy rápida d e convertirse en sospechoso en México, dice Pablo Ordaz: ser víctima de un secuestro o que lo encuentren a uno en una cuneta con un tiro en la nuca. Las autoridades de algunos Estados –incapaces de combatir el crimen o tal vez coludidos con él, dice el atrevido periodista–, tiñen de sospecha a la víctima para ocultar su ineficacia y tranquilizar a la población.

El artículo viene a propósito del secuestro en Coahuila del Sr. Félix Batista, ex mayor del ejército estadounidense, que aunque usted no lo crea, es o era asesor anti-secuestros y que había mediado en 300 casos de secuestros en América Latina a lo largo de 24 años de experiencia. Pero no contaba con nuestra astucia. Ahora está desaparecido. Hubo un compás de silencio roto por la esposa, radicada en Miami, del desafortunado asesor, razón por la cual el Procurador del Estado en cuesti&o acute;n emitió un comunicado en los términos siguientes: “Tenemos formuladas algunas hipótesis que tuvieran que ver con alguna actividad el Sr. Batista y que, posiblemente, tuvieran que ver con delincuencia organizada: no que posiblemente él fuera miembro del crimen organizado, sino que éste posiblemente tiene que ver en el asunto….”.  O sea,…. (23.01.09).

Como digo, estos datos que se manejan en la prensa internacional no facilitan las gestiones oficiales para ofertar la viabilidad mexicana a la inversión extranjera. Y por si nos faltara algo, a unos ignorantes y obtusos ladrones, se les ocurre asesinar a un profesor francés con el fin de robarlo. Tales hechos hacen retroceder al país presentándolo como un estado fallido y peor aun, cuando el Pentágono nos percibe como país en riesgo debido a la violencia. ¡Pobre México! Iba precisamente en est a parte de mi entrega, el jueves por la noche, cuando sintonicé el noticiero de López Dóriga, y ahí vi a nuestro Presidente defendiéndose de estos cargos. Dada la simultaneidad, no creo que el Presidente hubiese tenido tiempo de leerme. Y es que en México la delincuencia está completamente desorganizada; si usted visita alguna de las capitales de Europa, es muy probable que le roben la cartera con el dinero y los documentos; pero es poco probable que lo asesinen, a no ser que se adentre usted a las chabolas de los “sin papeles”. A los cretinos que asesinaron al profesor galo, nunca se les ocurrió la posibilidad de que podrían generar un conflicto diplomático con Francia, como aquél famoso de los pasteles, ni menos que le echarían a perder la exposición de la oferta que el Presidente habría de presentar en Davos. Ahora, la prensa francesa cataloga a México como país de riesgo, y no únicamente para la iversión.

Otos datos. Existen datos simples que contradicen cualquier justificación superficial de la situación y que nos hacen dudar de la sinceridad con la que se maneja la res publica.  Se acaba de publicar en México el monto del gasto que significan los partidos: 3,633 millones de pesos. Uno de ellos salvó sus 287 millones gracias a la solidez da las convicciones de un miembro de otro partido que se le unió, en plena faena, o como se dice, con el tren en marcha, para evitar su desaparición. Y el tope autorizado para el gasto de campaña de los diputados será de 812 miles; y la maestra quiere más y nada que rifa los hummers. No, no crea que sólo aquí suceden esas cosas; en España se está celebrando, simultáneamente a Davos, la Reunión de Alto Nivel para la Seguridad Alimentaria. De que el nomb re es rimbombante, lo es. El dato que sale de esta reunión es muy sencillo: La cifra de 860 millones de personas afectadas por el hambre en el mundo en 2007, se ha incrementado en un 11%. La emergencia alimentaria, por tanto, no ha remitido aunque ha pasado a un segundo plano de la agenda diplomática como consecuencia de la crisis económica mundial.  O sea: más hambre, más miseria, más pobreza, más inestabilidad, más desesperación.

Lo dicho es, pues, sólo la ilustración de esos dos puntos en que parece resumirse nuestra vida, nuestras preocupaciones e incertidumbres. Un problema económico que se antoja todavía mayor, por una parte, y por otra, el problema de  inseguridad en todas sus vertientes, tal como lo estamos viviendo en nuestra ciudad.

Pero la pregunta sigue siendo: ¿Cómo hemos llegado a este punto? Si nuestros problemas fueran mer amente materiales o técnicos, las ciencias sociales, que los valoran cuantitativamente, bastarían para solucionarlos; y el caso es que no sólo no son solucionados, sino que la problemática social y humana se deteriora cada vez más. De tal manera que habremos de buscar la causa profunda subyacente, en un intento de aproximación al problema. Todas las visiones, las aportaciones que se hacen desde las ciencias sociales, son bienvenidas y son necesarias, pero hasta el momento como que no alcanzamos a ver la profundidad del problema.

Por eso es que es necesario abocarnos al dato cultural. Hablando en la Pontificia Universidad Católica de Chile, durante su visita a ese país, Juan Pablo II decía lo siguiente: “La cultura es el estilo de vida común que caracteriza a un pueblo y que comprende la totalidad de su vida: el conjunto de valores que lo animan y de antivalores que lo debilitan. Las forma s a través de las cuales aquellos valores o anti valores se expresan y configuran, es decir, las costumbres, la lengua, las instituciones y las estructuras de convivencia social. En una palabra, la cultura es, pues, la vida de un pueblo”.

Pero la palabra cultura cae dentro del campo semántico de cultivo, cultivar, sembrar, cuidar y cosechar al final; por ello la cultura implica unos valores que nos hacen vivir, crecer y cosechar y presuponen que se ha caminado en una dirección consistente que protege el desarrollo de la semilla que habrá de traducirse un día en logros. Esto es muy simple: existe una pregunta elemental que debemos hacernos absolutamente todos, desde la persona individual, la sociedad en su conjunto y las estructuras que la conforman: ¿qué estamos sembrando en nuestros niños y en nuestros jóvenes?, ¿qué semillas –valores–, se están depositando en e sa tierra de por sí fértil y acogedora? Jesús de Nazareth acuñó la frase plena de sabiduría, cuando dijo: «por sus frutos los conoceréis»; con ella, Jesús facilitaba el arte del discernimiento; un árbol bueno no puede dar frutos malos, y un árbol malo no puede darlos buenos. Si nos atenemos a esta máxima, que utiliza también una imagen vegetal, tenemos que analizar los frutos que estamos cosechando y que no pueden provenir de otra parte más que de un árbol que nosotros hemos plantado, de una semilla que hemos sembrado.  Si sembramos únicamente materialismo, avaricia, ideas deformadas de la felicidad y la libertad, de realización egoísta e insolidaria, si nuestras estructuras educativas están determinadas sólo por la rentabilidad de la carrera, si lo que se trata es de ganar dinero al precio que fuere y de la manera más f ácil y rápida posible, si tal es la idea que hemos sembrado, digo, la situación que aprisiona al mundo es la cosecha final.

Revolución cultural. Algunas veces había yo hablado de la necesidad de una nueva revolución cultural, al estilo de la de Mao, pero designo diametralmente opuesto. Una revolución pacífica de cuño cien por ciento cristiano, es decir, basada en el amor al prójimo, en la solidaridad, en la auténtica libertad, en la responsabilidad comunitaria. Y resulta que Benedicto XVI decía al Cuerpo Diplomático el día 1º. del año: «La historia terrena de Jesús, culminada en el misterio de su muerte y resurrección, como entrega por nosotros, es el inicio de un mundo nuevo, porque ha inaugurado realmente una nueva humanidad, capaz, siempre y sólo con la gracia de Cristo, de obrar una «revolución pacífica&r aquo;. Una revolución no ideológica, sino espiritual, no utópica sino real, y por esto, necesitada de infinita paciencia, de tiempos quizás larguísimos, evitando toda ruptura y recorriendo el camino más difícil: la vía de la maduración, de la responsabilidad en las conciencias». Tal sería la revolución de la cultura que nos llevaía a un cambio del orden actual.
 
 
El Diario de Juárez agradece tu preferencia.
Saludos
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