[Ampex] Nota enviada por Diario Digital


Hola Ex-ampexinos,
El Diario de Juárez te informa que Hector Lugo te ha enviado este articulo.
Comentario: ¡Pa' su lectura dominical, disfrútenla!
 
 
Días mejores
Pbro. Hesiquio Trevizo Bencomo
 
 
    
Comenzamos el año. Y vienen a mi memoria unas palabras de M. Weber, dichas en circunstancias especialmente difíciles: “Hay que armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de las esperanzas, si no se quiere resultar incapaz de realzar incluso lo que es hoy posible”. Las dificultades se avizoran principalmente en el ámbito económico;  ahí se avizoran, digo, pero la causa es más de fondo, a la manera de los tsunamis que no se originan en la superficie marina; ahí se manifiestan devastadores, pero su origen está en el perturbado fondo marino, sacudido por movimientos telúricos. De igual manera, existen causas profundas, no suficientemente analizadas, de la crisis económica, lo cual ni impide que sintamos  directamente sus efectos.  Es, pues, la  famosa crisis de la cual dice Slim q ue es una “oportunidad”, y ¡vaya que lo es!, sobretodo para él! Pareciera, pues, que la única crisis es la económica.
 
El atleta de la sobrevivencia. Por un lado están los especialistas se han ocupado del tema, de la economía en crisis, –digo –,  en todos los idiomas, con impecable limpidez y singular acierto;  y, haciendo gala de su saber, nos dan recetas que ya no nos sirven y nos explican las causas, causas  que en su momento, no obstante su saber probado, o no previeron o se hicieron; y reventó la ola.  Por otro lado está el “atleta de la sobrevivencia”, el pueblo  muy común y corriente, el que tienen que corretear a diario y sin descanso la chuleta, chuleta que se asemeja a la liebre eléctrica tras la que corren los galgos en los galgódromos, que nunca la alcanzan, este “atleta” digo,  soporta, como sie mpre y en todas partes, el temporal y la burla de los analistas que le explican con una terminología intrincada,  cifrada, críptica, el porqué se encuentra en tan precaria situación. 

El “atleta de la sobrevivencia” suelte tener televisor; tal artefacto, sí que no puede faltar. En él ve las telenovelas y los noticieros del terror y el pronóstico del tiempo por aquello de las goteras y del frío. También ve lo relativo a  los movimientos bursátiles. Sentado frente al aparato, oye, igualmente, a los especialistas que le van  a explicar porqué no hay chamba. Aparece en la pantalla un señor muy elegante, sentado en cómodo sillón; nuestro atleta está sentado en una cubeta que contenía pintura, vuelta al revés. El entrevistador, luego de los saludos y agradecimientos de rigor, con cara de circunstancia,  inicia con c ualquier pregunta sobre el tema. El señor, cruzando la pierna y limpiando la garganta, comienza: “Ante todo, gracias por invitarme a tu programa, visto por tanta gente; gracias por brindarme la oportunidad de explicar a nuestra gente la situación y detonar signos de esperanza que perneen la situación”. En ese momento, nuestro atleta espanta  unos gatos que reñían encarnizadamente cerca de él,  impidiéndole captar en mensaje en profundidad.

El entrevistado entra en materia: “Mira mi querido Leobardo, –que así se llama el entrevistador –,  lo que sucede es que la programación operacional integrada de la economía global  ha determinado una dinámica funcional sistemática para su solución. De lo dicho se desprende que la flexibilidad orgánica paralela nos permitirá detonar un proceso que  permeé y, al mis mo tiempo, redefina la estrategia sistemática y equilibrada de una mejora global que, con carácter de necesidad, habrá de tener impactos positivos. Nos debemos ser pesimistas, mi estimado Leobardo, dice el entrevistado; a corto plazo, la implementación  transicional  insumada permitirá que la programación funcional, a la par con la logística opcional,  rinda sus mejores dividendos”. A estas alturas de la entrevista, nuestro “atleta” se siente un poco mareado. Los gatos, ya en paz, parecen entender  tanto como él. Leobardo pone cara seria y hace como que entiende. Y, como para pedir tiempo fuera y tomar aire, pregunta: pero la vida está cada vez más caras y a la gente no le alcanza, señor Ministro.  Esto si lo entendió nuestro “atleta”, que, por cierto, puede ser   parquero, obrero eventual de la construcción o está en alguna esquina con un anuncio en mano que publicita su oficio y su oferta laboral o de plano mendicante.

El entrevistado arremete de nuevo: “mira mi estimado Leobardo; ya te he dicho que la instrumentación direccional combinada habrá de permitirnos una estrategia central paralela emergente que, a su vez, nos permitirá instrumentar las opciones alternativas e ingenierías para salir al encuentro de cualquier imprevisto”. Mientras el economista oficial habla, el televisor emplea material de apoyo, y pasa la imagen de la fábrica de dólares; una inmensa plancha sobre la que pasan,  aplastados por rodillos, folios como sábanas king size empalmadas, los dólares. ¡Válgame Dios!, tan fácil que es hacerlos. Con una de esas sabanitas se acaban mis problemas, dice  meditabundo nuestro atleta.

Leobardo agradece cumplidamente la presencia iluminadora del señor ministro y pasa al resumen de noticias: Este año los partidos gastarán tres mil 780 millones en la contienda electoral. Estados Unidos arrastra a México a la crisis, pese a control fiscal. Inicia entrega de dinero a las automotrices: 4mmdd de entrada. Racionan juarenses sus comparas de gas. Por la crisis caen ingresos de gobiernos local y estatal. Gen hace a los mexicanos proclives a la diabetes. El gas es más caro aquí que en el extranjero.  Cuando nuestro héroe oye lo que costará la financiación de nuestros partidos políticos, este año, se cae de su improvisado taburete jalándose lo pelos. ¡No es posible! exclama; esas sí son “#$!!¡+´lñ)/@? Lo que nuestro héroe anónimo no sabe es que los partidos son un mal necesario; sin ellos no existiría la democracia. Sólo que yo no me atrevería a explicárselo porque soltar&i acute;a una sarta de improperios contra la democracia y la mandaría no sé a dónde, a mí también. Y puede que hasta me convenciera de ello. Mejor ahí le dejamos.

Frases como “ajustarse el cinturón”, “!no, hombre, y la que nos espera!”, “nos espera un año difícil”, “la economía  comenzará a recuperarse en el 2011”, “el que tenga empleo, que lo cuide”, etc., slogans nada tranquilizadores, están hechas para el consumo de dicho atleta y para evitar, de refilón, falsas expectativas en la clase jodida. Y para que no digan, ahí les va su aumentote salarial.

El nuevo y el viejo. Antes, con un dejo de humor, se dibujaba el Año Nuevo como un bebé regordete y feliz; todo era posibilidad, todo invitaba a esperar un   año nuevo más feliz, que el que terminaba, o simple mente un año nuevo; todos nos deseábamos un “feliz año nuevo” sencillamente, sin falsas expectativas.  Cierto, había menos avidez de riqueza y la presión consumista no existía. O, al menos, no había llegado a Matachic.  Poco era lo que el Niño Dios podía traernos cuando yo era niño; pedíamos “aguinaldo”, - nada qué ver con él de nuestros políticos actuales -,  recorriendo  las tiendas del pueblo, - la de Cheché Miramontes, la de D. José María Aragón y otros changarritos mas modestos,  - con Chano Fierro no íbamos porque tenía muy mal carácter y nos asustaba, era el Ebenezer Scrooge de la fiesta -,  y cuando juntábamos una bolsa de cacahuates, mandarinas y naranjas y dulces de a centavo, ¡Oiga usté!, aquello era un Potosí. Y éramos muy felices.

 El año viejo se dibujaba como un viejo acabado, con la barba larga y desaliñada, como algo que ya terminó y que hay que dejar atrás. Hoy nadie se atrevería a dibujar los años, ni el viejo ni el nuevo, con esas notas; nadie, escribe A. Grande,  dibujaría el 2009 como un bebé, porque es un año que nace viejo, enlutado y agónico, como la amarga penitencia que debemos padecer antes de conquistar los pañales y el chupón del 2010. ¡Ah!, porque se nos promete que la crisis, –la económica, digo–, remitirá el 2010. ¡A largo plazo me la fiáis!

Los grandes sabios de la economía mundial están de acuerdo en el diagnóstico de una situación que, con toda su sabiduría, ninguno vio venir cuando todavía estaban a tiempo de prevenirla. El único que parecía tener los ojos muy abi ertos era el señor Madoff que se despachó con la cuchara grande; se habla de 50 mil millones de dólares, él solito; como  coyote dentro el gallinero, así se sentía tal Madoff en la cocina el Wall Street. “El Golpe”, le quedó chico. Este fulano, –me gusta para que sea de ascendencia judía–,  con su simpático tic nervioso agudizado, acabó de hundir la escasa credibilidad de las clases financieras y arrojó un poco más de combustible  a la hoguera. De tal modo que el susodicho “atleta”, ya no siente lo duro sino lo tupido. Pérdida del empleo debido a que los güeros que son los que consumen, mucho y de todo, ya no tienen con que comprarnos nuestras exportaciones, la legales y las otras. O sea, que la debacle financiera nos dejó sin compradores. Madoff, de seguro ha de gozar de cabal salud, beberá champagne en año n uevo, no obstante su gracioso tic, y gozará de la protección del clan. No me explico porqué  no le han dado el tratamiento de terrorista con su respectivo Tour por Guantánamo. Digo, para ver quienes eran sus cómplices. Porque, oiga usted, nada se logra sin complicidades.

El gran rescate. No obstante el jaloneo, pudo agenciarse con inusitada rapidez un rescate bancario a nivel planetario que arroja cantidades tales que no pueden ser  procesadas por nuestro cerebro, y que contrasta con la incapacidad para lograr unos 27 mil millones de dólares para paliar, al menos, el hambre igualmente planetaria, generada, sea dicho de paso, ahí mismo. Miles de seres humanos han muerto, siguen y seguirán muriendo, simplemente de hambre y de sed. Se trata del verdadero escándalo de nuestro tiempo. Unidos los ricos del mundo, salieron al rescate, no de los fregados, sino de los bancos. La causa lo ameritaba, n o se podía hacer menos, sólo que la distribución de la carga no fue, nunca ha sido, pareja. Pero la crisis exigía la máxima solidaridad entre los violadores del mundo porque se llegó al extremo inaudito que ni entre ellos se prestaban dinero. ¡Ay!, esos viejos refranes, evangelios chiquitos: “no hay ladrón que sea desconfiado”.

Nosotros, que nos quisimos tanto, tampoco obramos con mayor cordura. De por sí, el ahorro no se nos da a los mexicanos. Y creo que algún gen ha de ser el culpable; ya ve usted que ese tal gen está detrás de todas nuestras desgracias, según se nos informa; por ejemplo, el mentado gen nos hace propensos a la diabetes, o sea, nos inclina a ser una raza pozolera y fritanguera y poco dada al ejercicio corporal; incluso, se publicó  que el tal gen está de tras  de la infidelidad conyugal; por esta razón, digo, debi do al gen famoso, no somos una raza ahorrativa, previsora. Así, por ejemplo, la cuesta de enero, que amenaza durar todo el año y se ve más empinada que el Everest, no nos asusta. Usted puedo constarlo en las filas hacia El Paso en días pasados. Ni el predial, ni el aumento en los energéticos, del agua, del gas, ni el canje de placas, ni el inminente nacimiento del quinto  niño, ni la boda de la mayor y los XV años de la en medio,  nada ni nadie asusta a un mexicano inundado de fervor navideño. 

Tal vez por ello concluye Almudena Grande con la esperanza de que el desprestigio de los grandes gurús del dinero devolverá cordura y sensibilidad a una sociedad que lo ha sacrificado todo al ídolo del consumo superfluo, –y la cuesta de enero es un magnífico monumento al consumo superfluo, esto lo digo yo–; se trata del sueño de la razón que ha produ cido los monstruos que nos están devorando.

Con todo, no es el mundo el que se acaba, es un sistema económico, un ídolo que, como todos los ídolos, tarde o temprano, se derrumba verticalmente; el mundo seguirá su marcha, –el viejo noticiero semanal de la W.: “El Mundo en Marcha” –, y seguirán naciendo niños, esperados o no; los jóvenes se casarán, y en ello invertirán más de lo que tienen en efectivo y en ilusiones, y el clan político seguirá al margen de la realidad, viviendo otro mundo, y los judíos continuarán el holocausto palestino, asesinando niños, mujeres, viejos, padres y madres, tal como dicen que lo hizo Hitler con ellos; pero nomás a Hitler se le nota; y el muro de la vergüenza  seguirá su construcción y nosotros seguiremos yendo a El Paso, y los Hummers sin rifarse todavía, y Oax aca sin poder ser visitada, tomada por las fuerzas reivindicadotes de la ecuación de pueblo.  Por lo demás, todo en orden.  Frente al pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad, señores! 

Días mejores. “Somos algo culpables de la crisis; creímos que podíamos ganar dinero sin trabajar” (Rigola).  En enero se lleva al teatro  la obra de Richard Dresser, “Días mejores”,  una ácida visión de la crisis económica. Ropa por el suelo, basura amontonada en los rincones, desorden, caos... es el escenario. Es el día a día de personajes a los que les queda poco que perder. Porque, a lo mejor, hasta la esperanza está muerta. Es una visión acerada de la crisis económica, el desempleo, el sálvese quien pueda y el todo se vale. “Resulta que con la excusa de buscar inversores se han inventado un casino que se llama bolsa. Que está muy bien, es necesaria la figura del inversor. Y resulta que este casino tiene partidas tan fuertes que necesitan el dinero de los que no van a jugar a él para poder seguir jugando ellos. Y nos la dan por donde quieren”., comenta el director álex Rigola que montará la obra. Hubo un tiempo en el que el teatro era  ámbito y oportunidad de crítica social de altura. Hoy nos basta con diálogos, aunque sean de la vagina.

Un gran casino; bajo esta figura nos  presenta el autor la situación actual. En un juego de azar se decide la suerte del mundo. Se trata de una visión donde se ha perdido toda proporción y todo sentido de humanidad. Se absolutiza el dinero y se crea un andamiaje ideológico para sostenerla. Como en todo juego de azar, hubo ganancias exponenciales, como las de Exxon; de repente, el barril de petróleo cuesta 100 dó lares menos; pero, igual, se vieron pérdidas abismales, y como en todo juego, hubo de todo, chapuzas, trampas y fraudes descomunales. Todo lo que el juego permite. Pero lo que estaba en la mesa era la suerte de millones de seres humanos, países enteros, el hambre y la sed, la simple supervivencia de millones de niños, de hombres y mujeres cuya situación se conoce decentemente como “crisis humanitaria”.   

El riesgo del articulista. “El que sabe no habla; el que habla no sabe, dice uno de los más conocidos apotegmas del Tao. Una perla de sabiduría ancestral según la cual todos los articulistas somos unos imbéciles, porque nos pasamos la vida hablando y opinando sobre las cosas más dispares. ésta es una reflexión propia de final de año, que es cuando todos nos ponemos meditabundos e introspectivos. ¿Cuántas tonterías habré dicho en 2008? Aún más, ¿en algún momento habré expresado ideas que hoy ya no comparta?”, así se expresa la corrosiva Rosa Montero, escritora, y articulista de El País. Pero hay que correr el riesgo. Yo respondería al Tao que el que habla se equivoca algunas o muchas veces; el que no habla se equivoca siempre. Hay que hablar, escribir, sí, a sabiendas que no somos infalibles y con el ánimo definido de no ofender a nadie.

Y, ¿qué voy a decir yo, que desde el 26 de diciembre de 1996, estoy escribiendo en este espacio?  Ininterrumpidamente,  he aparecido en estas páginas. Un día me presenté en las oficinas de El Diario; me recibió Armando Vélez y le expuse mi deseo de escribir en El Diario. Le dije mi inquietud. Estuvo de acuerdo y comencé el trabajo. Un camino de aprendizaje que ha llegado a convertírseme en una activi dad muy preciada y en la que he buscado compartir mis convicciones con los lectores; a tiro de escopeta. El Diario me ha permitido respirar espiritual e intelectualmente; sospecho que tengo más de cuatro lectores.

He intentado de acercar a los potenciales lectores al pensamiento de los que sí saben. Estos días me han interrogado los medios sobre el fin e inicio de año. Qué mejor que dejarlos con las palabras de B. XVI:  “Es oportuno entonces intentar establecer un “círculo virtuoso” entre la pobreza “que se elige” y la pobreza “que combatir”. Aquí se abre una vía fecunda de frutos para el presente y para el futuro de la humanidad, que se podría resumir así: para combatir la pobreza inicua, que oprime a tantos hombres y mujeres y amenaza la paz de todos, es necesario redescubrir la sobriedad y la solidaridad, como valores evangélicos y al mis mo tiempo universales. Más concretamente, no se puede combatir eficazmente la miseria, si no se hace lo que escribe San Pablo a los Corintios, es decir, si no se intenta “hacer igualdad”, reduciendo el desnivel entre quien derrocha lo superfluo y quien no tiene lo necesario”. (Mensaje de Año Nuevo)

N.B. Días Mejores, se estrena este mes en los teatros, Lliure, de Barcelona, y Abadía, de Madrid. Localidades agotadas. ¡Feliz Año!
 
 
El Diario de Juárez agradece tu preferencia.
Saludos
_____________________________________________________________
80% de ahorro en llamadas de larga distancia: http://www.aqmxtel.com
Hospedaje de sitios y páginas Web. Visítenos en: http://www.aqmhost.com
Solicite nuestro curso de mercadeo por email gratis a: curso7@xxxxxxxxxxxxxxx

Other related posts: