[Ampex] Nota enviada por Diario Digital


Hola Ex-ampexinos,
El Diario de Juárez te informa que Héctor Lugo te ha enviado este articulo.
Comentario: Pa' reflexionar.
 
 
Desde mi pueblo
Pbro. Hesiquio Trevizo
 
 
    
Por las calles de mi pueblo,
sólo vagan los recuerdos.

DESCANSO Y CIUDAD
El descanso nos es absolutamente  necesario. La ciudad, como conglomerado y hacinamiento, es desgastante, agresiva en sí misma, y disolvente. El abigarramiento y la incivilidad determinan la agresión. Aun en las especies animales la sobrepoblación desata mecanismos de suicidio colectivo con el fin de mantener el espacio vital de la especie. 

En los países donde el espacio es muy limitado se construye en cubos lo que determina que mis paredes, mi piso y mi techo sean las paredes, el techo y el piso del vecino, lo cual exige un plus de civismo. En otros lugares, en donde el espa cio parece no ser problema, se opta por el desarrollo lineal con un encarecimiento muy significativo de los costes de la infraestructura sin resolver, además, del todo, el problema del hacinamiento y los roces. Esto, pues, desata naturalmente la agresividad con carácter de necesidad, pues la lucha por el espacio vital es uno de los instintos básicos del animal, incluido el hombre.

CIVISMO
Así pues, la aglomeración y el abigarramiento humano, agravado por la falta de civismo, determina la atmósfera violenta. Civismo viene de la palabra latina “cívitas”, (ciudad); de aquí derivan también la palabra ciudadano, (civis), igualmente la palabra civilización y la ciencia de la conducta humana que trata de la vida ordenada en común de los ciudadanos, llamada “civismo”; ciudadano dícese de quien sabe conducirse civilizadame nte. Así, un ciudadano sería aquel que sabe conducir su automóvil, de quien no tiraría las llantas ni la basura en la calle, de aquel que no tendría tal cantidad de perros capaces de alterar el trabajo, el descanso y el sueño de los otros ciudadanos. “La ciudad, escribe S. Agustín, no son las paredes, sino los ciudadanos”, de tal forma que cuando calificamos a Juárez, nos calificamos a nosotros mismos.

LA AUTORIDAD
La autoridad tiene como misión y encomienda vigilar que la libertad de unos no termine afectando los derechos de los demás. Un ciudadano sabe que tiene el derecho de hacer una fiestecita en su casa que bien puede prolongarse hasta el día siguiente; pero sabría también que su vecino tiene el derecho, –y la necesidad–, del descanso. Si no se respeta el derecho de los demás, es cuando la auto ridad debe intervenir y poner las cosas en orden. Esto parece muy sencillo, pero el grave desorden cívico, o social, deriva de este dato elemental. Es sólo un ejemplo que usted puede extender y aplicar a la realidad toda y que, a la postre,  hace de nuestras ciudades entidades malignas. Bueno, en la Biblia, las ciudades aparecen con este calificativo en cuanto que alteran la naturaleza del hombre, al alejarlo de la convivencia armónica con la naturaleza y modificando la forma de convivencia humana. Esto hace de nuestras ciudades realidades que enferman, que determinan formas no naturales de relación. Los que tienen más recursos tratan de imitar en sus casas la naturaleza mediante jardines y paredes aislantes, pero la jaula no deja de ser prisión, aunque sea de oro.

EL FEISMO
Este concepto lo descubría en el ensayo de un sociólogo español con el cual def inía la opción que hemos hecho para que nuestras ciudades sean feas. ¡Y esto dicho en España! No debería extrañarnos, sin embargo, porque en las ciudades bellas de Europa lo que visitamos es el casco viejo, las viejas e imponentes catedrales, los monumentos, y para algunos esa especie de tumba del arte, que son los museos. Lo demás es una ciudad moderna cualquiera que lo mismo puede estar en Barcelona, Roma o en alguna zona de los ángeles. Un muy reconocido arquitecto español, y de fama mundial, decía que esto se debe a que antes las ciudades las hacían los que las iban a habitar, ahora las hacen los que las van a vender.

Feas, pues, por razones arquitectónicas y de planeación que responden a nuevas necesidades; debido a la sobrepoblación, a la incivilidad de sus habitantes y a una ausencia del poder normativo de autoridad, de nuestras ciudades resultan entidades de de sgaste y por lo tanto entidades de violencia. Creo que nuestros sociólogos, que debe haberlos, deberían hablarnos más al respecto.

LAS MEGAPOLIS
No cabe duda que la tendencia actual tiende a generar estas grandes concentraciones humanas en las que es una verdadera proeza poder atender a todas las necesidades del ser humano: descanso, salud, escuela, recreo, trabajo, transporte, seguridad en todos los aspectos, estructura urbana, servicios, etc. etc.  La simples relaciones humanas, incluida la familiar, se tornan difíciles y accidentadas, pero es una tendencia que parece irreversible. Sería interesante saber el porcentaje de mexicanos que viven en estas grandes concentraciones humanas, –ahora asistimos a lo que se ha llamado zonas conurbadas, es decir, a extensiones de ciudades que han llegado a absorber municipios adyacentes.  Si usted recorre ahora la carretera de Le&o acute;n a Silao, verá que éstas ciudades están ya unidas, por un corredor.  La carretera esta flanqueada por población y por fábricas y comercios de todo tipo. Y la velocidad a la que se conduce en esas carreteras es de dar miedo. Aún aceptando lo irreversible de la situación debemos concluir que no es el estado óptimo para el desarrollo sano del hombre; alteraciones graves en el ser humano vienen determinadas por esta situación. En esta circunstancia, los que tenemos que vivir en la ciudad, tenemos que desarrollar una verdadera sabiduría para que esa situación no acabe destruyéndonos. La situación es crítica cuando, como en Juárez, no se tienen áreas bellas, áreas de recreo, de esparcimiento y queda el recurso del antro, del cine o el bar.

Pero la opción que hemos hecho ha sido por los grandes conglomerados humanos hacinados en las c iudades. El campo ha sido abandonado, y entre nosotros no existe muy desarrollada la cultura de descanso rural, no se conoce el turismo rural que otros países ha dado resultados magníficos. En nuestro Estado se ha cometido el acto criminal de haber levantado las vías del FF.CC que iba de Juárez a la Junta. Pocos  optan por una terapia natural. En nuestro caso el gobierno ha apostado todo, en su política, por las grandes ciudades. El presupuesto lo captan las grandes ciudades del estado y en nuestros pueblecitos no tenemos escuelas, ni salud, ni posibilidades. Para nuestros jóvenes del pueblo, del rancho, se cierran todos los horizontes y sólo resta la migración.

Con el pretexto y necesidad de resolver el problema del empleo, se ha recurrido al fenómeno de la maquila. De esta manera nuestras ciudades, única opción de empleo para la gente, se convierten en  polos de atracci&oacut e;n poderosísimos. Esto causa la sobrepoblación en las ciudades y que las más grandes inversiones sean encaminadas a estas ciudades sin lograr, sin embargo, la solución a los problemas más elementales de la convivencia humana. Naturalmente, nuestros pueblecitos van muriendo abandonados a su suerte lo que generará la migración.  Ya hemos dicho que no somos un país de estadística, pero me gustaría saber el número de chihuahuenses que habitan en las cinco ciudades más grandes de nuestro estado, medirlas en kilómetros cuadrados y ver la población que queda en el campo, por ejemplo, en el  noroeste de nuestro estado y cotejarla con la extensión.

Mucho se invierte en las ciudades y con esto se atrae más población de todas partes y como en una especie de círculo vicioso el problema sigue desarrollándose y generando una especie de asfixia administrativa y presupuestal. Las megaciudades me parecen a mí una especie de tumor que se desarrolla en el cuerpo social. Sería oportuno pensar en plantar puntos de desarrollo en pueblos estratégicos de nuestro campo. Esto no es una mala idea, en las grandes ciudades de países como en Alemania y en Francia, se están construyendo a una prudente distancia de los grandes centros de desarrollo, ciudades alternativas para descongestionar las grandes y viejas ciudades.  Esto, estoy consciente, implica una gran visión de desarrollo social, humano y político.  Se trataría en todo caso de evitar el gran poder contaminante, ambiental y del espíritu, que desarrollan las grandes ciudades. Esto no va a ser posible sin el concurso de los ciudadanos, del desarrollo de nuestro espíritu cívico y de la inteligente política social de nuestros gobiernos. ¡Qué bueno sería c onsiderar en serio la descentralización universitaria!

Pues de esta entidad contaminante, desgastante y violenta he huido esta semana.  Y aquí en Matachic, mientras por las calles vagan los recuerdos y las nubes y la lluvia me he sentado a escribir estas cuantas incoherencias.

SINFONIA EN VERDE MAYOR
Año excepcionalmente lluvioso ha sido este; como en los viejos tiempos, dicen lo lugareños. El escenario que brinda la naturaleza es magnífico. La belleza es también abrumadora y se resuelve en una sinfonía de verdes con todos los matices y combinaciones posibles de ocres, amarillos o morados; la tierra rojiza y los pinos y el monte bajo son la alfombra de la exuberancia. El cielo ha permanecido nublado los primeros días y la temperatura es fría. Papigochi –picos largos–, río crecido donde los sauces llorones lavan su verde cab ellera. Todo invita al paseo, al senderismo, a la meditación; el sentido de adoración se despierta. Se trata de la belleza.

Pero, ¿seremos capaces todavía, de descubrir  y apreciar la belleza? Unos por ricos y otros por pobres, creo que no. Pablo VI, en su testamento moral, pedía perdón a Dios “por haber pasado tan aprisa por los hermosos espectáculos de la creación”. Para descubrir la belleza y disfrutarla necesitamos una auténtica conversión. 

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver, quiero creer.

Señor, todo lo has creado con sabiduría y amor, dice el Salmo. Y ese amor y esa sabiduría se ref lejan en la belleza siempre nueva de la naturaleza. No se trata de añoranzas ni de romanticismos ramplones; Fromm hace descansar la “neurosis universal” en las relaciones rotas del hombre con la naturaleza. Como una madre, la tierra nativa nos acoge siempre y nos recrea y nos cura.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé, ..

Y, en torno a la mesa común, con los sobrevivientes, surgen los recuerdos y el anecdotario se desata. Anecdotario de memoria acumulada donde se es protagonista y espectador. Ahí se descubre la raíz del propio ser en cuanto somos algo más que genética; somos memoria y relación; somos recuerdo y ansia de futuro; somos el río y la montaña; los álamos y los sauces llorones. Y el canto de las calandrias. Somos ese cielo azul que en la noche limpia se resuelve en estrellas que nos miran atentas. Dios que se manifiesta en sus obras estupendas.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

La tormenta del mar Pacífico determinó más lluvia en la entidad. Muy temprano me retiro al cañón de Nayúrachi. Caminar entre la niebla y el canto de los arroyos y las peñas que escurren el agua de la lluvia nocturna.

Hasta 9 grados desciende  la temperatura. Y el libro de la oración litúrgica no parece hacer falta; la creación es un libro abierto; ¿acaso no es ella el templo de Dios? ¿No lo han hecho todo sus manos? Admirable es el Señor en todas sus obras, dice el Salmo. él brilla en su creación e hizo al hombre para que la cantara; es el oficio del poeta.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego sin ver.

Estrés, se llama la nu eva enfermedad que nos hemos procurado. Y, así, enfermos, queremos arreglar el mundo. Ansiosos, malhumorados, violentos, iniciamos la lucha por la paz. Ciegos que guían a otros ciegos, denunciaba Jesús. Ojos cansados de mirar sin ver. Egoísmos disfrazados y soledades arrepentidas, tiempo libre lleno de angustia, el gimnasio y el cine y la cibernética. Y la soledad y la insatisfacción. Y la belleza que se nos oculta, que no alcanzamos  a ver y giramos y giramos en torno a nuestra depresión. Voy como un ciego sin ver.

Tú, que diste vista al ciego
y a Nicodemo también
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.

Sí, para descubrir la belleza y en ella tu presencia y tu amor. Interminables colinas verdes, bosques, hatos de ganado que pacen a sus anchas. ¡Pobres nuestras ciudades sin espacios bellos! Cuando veo a nuestra gente que se apiña bajo los macilentos y escasos árboles del Chamizal, en el impervio clima de Juárez, adivino la penuria humana, la fatalidad de la ciudad mal pensada, la tragedia simple de tener que vivir ahí. Pero no hay alternativa, y sólo pensar que debemos volver, apachurra el alma.

28 de Agosto, fiesta de S. Agustín. Celebro la eucaristía en la tarde; ahora el sol brilla con intensidad. La gente no conoce al celebrante; después de todo hace tántos años que salí de aquí. Escasos 15 a&ntild e;os tenía. Pero la vida es camino y búsqueda. “Señor, siento que debo volver a Tí; enséñame cómo puedo llegar a Tí. No tengo más que tu buena voluntad, pero ignoro de dónde hay que partir para llegar a Tí. Sugiéreme Tú el camino y dame lo necesario para el viaje.  ¡Oh bondad única y admirable!”. (S. Agustín).
30 de agosto, –Santa Rosa de Lima–; santo de mi hermana y 33 años que canté mi primera Misa aquí, en mi pueblo natal. Hay que celebrarlo. Una buena y nutrida paella y cordero asado, debidamente regado con algún vino decente, será la minuta. Quesos y carnes frías menonitas, harán de entremés, mientras los sinfónicos destrozan algunas melodías. Un merecido y buen descanso.

La naturaleza es, pues, vida y resurgimiento y descanso, mientras los Letrad os de la Suprema Corte han decidido que es legal matar a niños de tres meses.

Dios mediante, el domingo estaremos, de nuevo, en el puente de mando.

Papigochi, picos largos
y las minas de Parral.
Las grullas y lo venados,
esa es mi tierra natal.

Año de San Pablo: “No se dejen amoldar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los vaya transformando interiormente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. (Rom. 12,2)

 
 
El Diario de Juárez agradece tu preferencia.
Saludos
_____________________________________________________________
80% de ahorro en llamadas de larga distancia: http://www.aqmxtel.com
Hospedaje de sitios y páginas Web. Visítenos en: http://www.aqmhost.com
Solicite nuestro curso de mercadeo por email gratis a: curso7@xxxxxxxxxxxxxxx

Other related posts: