Conversaciones; Conrad; Stradivarius y más...

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  • Date: Fri, 28 Jun 2002 02:29:02 -0500

adolfo ramírez corona
Con rayos láser y pixeles se escriben los mitos del nuevo milenio
http://homepage.mac.com/adolforamirez/
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C U A D E R N O   D E   B I T Á C O R A
R E S U M E N    S E M A N A L
viernes, 28 junio 2002

             CONTENIDO:
             Editorial
             Conversación con Fabrizio Mejía Madrid sobre rating...
             La imagen mordió mi brazo (ejercicio de escritura)
             Joseph Conrad: La paradoja del marino sedentario
             El oído de Stradivarius
             Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel?
             Sobre el autor, suscripciones y CANCELACIONES

Editorial

Hay nuevos textos en el sitio. Un diálogo electrónico muy interesante sobre "el efecto autoengaño"; un ejercicio de escritura un tanto extraño que comparto con ustedes; La celebración de los 100 años de "El corazón de las tinieblas" (¿recuerdan "Apocalipsis Now" y Kurtz?); un hombre que dice haber revelado uno de los grandes secretos de la música moderna; y, finalmente, hemos seguido con algunas reflexiones sobre la escritura y el pensamiento. Que lo disfruten.

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Conversación con Fabrizio Mejía Madrid sobre rating, encuestas y algo más
viernes, 28 junio 2002

El texto "Rating televisivo y el 'efecto autoengaño'" sigue generando, de uno y otro modo, opiniones y tema de plática. Recientemente he recibido un carta electrónica de Fabrizio Mejía Madrid, autor del artículo que cito en dicho microensayo comentándolo también. Entre sus correos y los míos se ha gestado una conversación interesante y me gustaría compartirla para complementar un tópico tan interesante como polémico. Vale decir que el diálogo en los mensajes de correo es en un tono respetuoso, cortés y agradable. No es un debate sino una exposición de ideas sobre un tema. Aquí presento sólo los puntos destacados dejando a un lado saludos, preámbulos y despedidas. Si no han leído "Rating televisivo y el 'efecto autoengaño'", les recomiendo leerlo primero. Entre corchetes hago algunas aclaraciones para que los lectores que no viven por acá, en México, puedan tener el contexto necesario. Las negritas son mías.

Fabrizio Mejía Madrid escribe:

« No comparto tu opinión sobre el autoengaño. Uno puede saber de qué va un programa sin tomarse más de diez segundos en verlo. El zapping de los controles remotos es lo que uno ve mientras pasan los comerciales en el programa que estás viendo. Hay otra posibilidad: uno puede conocer el formato de un noticiero (cambian muy poco y cada vez más lentamente para desgracia de los televidentes) y no necesariamente seguirlo cada noche, ni siquiera cada mes. O puede ser que haya uno sido fan de López Dóriga [conductor del noticiario principal en prime time] (que es mi caso) antes de que aparecieran Denisse Maerker y Ciro Gómez Leyva [conductores de un noticiario en prime time con más espacio para el análisis] que, no me lo negarás, son más ágiles. Any way, no tengo nada contra López Dóriga (de hecho, los viernes trato de no perderme Las mangas del Chaleco [sketch de sátira política]) pero ante la agradecible oferta de otros, tomo, como cualquier televidente nocturno, mis opciones. El texto del que tomas la cita sólo quiere reflejar que, no obstante que en la encuesta de la Ciudad de México la mayoría está viendo el Canal de las Estrellas [principal canal de TV, dónde pasa López Dóriga], yo no me identifiqué con esa mayoría.»

Texto completo:
http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/microens/conversafabrizio.html

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La imagen mordió mi brazo (ejercicio de escritura)
miércoles, 26 junio 2002
Publicado en: http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/narrativ/imagenbrazo.html


La imagen mordió mi brazo y se metió por debajo de la piel como un escarabajo. Al principio solo sentía comezón en la epidermis y me rascaba, pero las células muertas y las palabras viejas caían como polvo al piso.

Después sentí que se movió, como queriendo recorrerme a través del mundo clandestino de mis entrañas. La sentía caminando por el estómago con sus patitas pequeñitas, casi arrastrándose. En mis intestinos se comió todas las groserías y malas palabras que me sabía. Las tenía guardadas en lo más profundo para que nadie me las quitara. Y ya ven, engordaron a la imagen.

Mientras excavaba mis piernas perdí al tiempo. Yo no lo sabía, pero en ellas radican los pasos y las secuencias. Sin tiempo, intentaba narrar una historia y no podía: decía primero el final y luego el título.

Lo peor fue cuando la imagen llegó al cerebro. Al principio, parecía perderse en ese laberinto de neuronas sin poder escapar. Pensé que tal vez ocuparía el lugar de un recuerdo efímero. Siendo así la hubiera borrado después con una esponja. Pero no. Buscó mis palabras más hermosas, mordisqueó el latín y los aforismos de Nietzsche. No dejó mayor cosa de Góngora. Revolvió significados y vomitó signos vacíos.

Me creí perdido cuando la imagen-escarabajo se aproximó a mis ojos. La sentí saborear mi humor vítreo y el acuoso. Carcomer mi pupila, conos y bastones. No dejó nada. Si hubiera tenido con que pensar, hubiera pensado que estaba yo muerto. Pero extrañamente empecé a ver todo con otros ojos. O mejor dicho, a través de los ojos de esta imagen-escarabajo.

Mi cerebro tuvo que volver a aprender la gramática y el subjuntivo. Mis piernas gatearon otra vez para luego caminar. El tiempo regresó con ellas. Nuevas palabras crecieron junto a la flora intestinal.

Era otro. Cambió mi manera de ver el mundo y empecé a conocer el universo desde cero.

La imagen sigue ahí, hasta donde recuerdo.

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Joseph Conrad: La paradoja del marino sedentario
domingo, 23 junio 2002

No cabe la menor duda de existen tantas versiones de un libro como lectores del mismo. Se celebran los cien años de la publicación de "El corazón de las tinieblas" y leo algunos ensayos en El País. ¡Caray!, cada quién ha leído un libro diferente. Y por supuesto yo he leído a otro Conrad.

Siempre me ha parecido un tremendo acto de egoísmo menospreciar la representación de una novela en el cine o en cualquier otro medio. Desde las críticas que consideran que "el libro es mucho mejor que la película" o que "la película se queda corta" hasta aquellas que parten del principio erróneo de la no arbitrariedad del signo diciendo "el director utiliza la trama pero deja a un lado la reflexión filosófica" o "la lectura que hace de la historia es muy superficial".

De si un libro es mejor que su película ya he escrito al respecto. Sobre la lectura que cada quién puede tener de un texto hay que poner algunos puntos sobre las íes. La lectura de Coppola es distinta de la de Orson Wells. Y la de ellos dos a la de los críticos literarios. Y la de los literarios a su vez de la de los cinéfilos. A estas alturas debería ser bastante obvio que nunca nadie va a leer lo mismo que el otro. Ni siquiera ese otro que uno ha sido y no volverá a ser.

Inicié la lectura de "El corazón de las tinieblas" a finales de los ochentas, todavía en tierra. La terminé de leer en altamar a principios de los noventas (algún día voy a dar un curso de lectura lenta, I promise). Terminada mi lectura --ni más ni menos válida que cualquier otra sino simplemente mía-- llegué a la conclusión de que no hay escritor que conozca y entienda mejor los secretos del océano y a los hombres que "siguen el mar" que Joseph Conrad.

Texto completo:
http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/microens/conradcorazon.html


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El oído de Stradivarius
miércoles, 19 junio 2002


Tengo un pésimo oído. Uno de mis hermanos siempre me está dando a probar todo tipo de bocinas y audífonos. "¿Notas la diferencia?", me dice. "Nop", contesto. Se decepciona. él puede pasar horas buscando qué cable o conexión es la causa de un "ruidito" que se cuela en sus promos o cortinillas para radio. A mi me bastan unos segundos para darme cuenta de que el "ruidito" existe en un universo paralelo o está fuera de mi rango de percepción auditivo.


(...)

Digo esto para aclarar de antemano que si estoy escribiendo sobre los violines de Stradivarius no es porque la exquisitez de mis oídos alcance a apreciar el sonido que producen, sino porque, en primer lugar, la tecnología me atrae profundamente, en segundo, la leyenda es maravillosa, y, en tercero y último, siempre he creído que los secretos existen para ser revelados.

(...)

Un hombre, cuya obsesión por los violines sólo puede compararse con la del mismísimo Antonio Stradivarius, ha dedicado cerca de 30 años de su vida a investigar el secreto del instrumento musical más famoso de la historia: Joseph Nagyvary. Además de una aproximación teórica (medición de altas frecuencias, análisis químicos) y una profunda investigación histórica, ha dedicado la mayor parte de los últimos años a la experimentación. Ha fabricado cientos de violines combinando diferentes sustancias y tratamientos de la madera. El resultado: un violín capaz de lograr la misma calidad de sonido que un Stradivarius.


Texto completo: http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/microens/oidostradivarius.html


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Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel
martes, 18 junio 2002 y jueves, 20 junio 2002


¿Escribimos diferente cuando escribimos "a mano" que cuándo lo hacemos "a máquina"? ¿La pluma de ganso y la tinta manchando la punta de nuestros dedos nos hacen escribir como Cervantes? ¿Nos hace falta una Remington para terminar nuestra novela policíaca a la Hammet? ¿Usar una Mac nos hace escribir como García Márquez?


Leyendo una entrevista a Jacques Derrida sobre el procesador de texto (en la computadora) y el procesamiento del texto (en la escritura) nos ha hecho abrir nuevas líneas de investigación y reflexión sobre la escritura y el pensamiento.

En toda escritura hay algo de manual y algo de máquina: lápiz o computadora comparten el uso de la mano y el uso de la máquina misma --intermediaria entre el pensamiento o voz interior y el papel o superficie de registro (disco duro).

A pesar de las reciprocidades es evidente que algo ha cambiado en nuestra manera de escribir. Como individuos y como sociedad. Si no fuera así, seguiríamos escribiendo todo en papel antes de hacerlo en la computadora. Y por el contrario, lo mejor es escribir directamente en la pantalla y ahorrarnos pasos innecesarios de captura. O al menos así lo es para quienes han tenido oportunidad de experimentar ambas opciones.

(Por supuesto que hay ciertos tipos de escritura que mantienen una preferencia por lo tradicional. No me puedo imaginar un matemático sin pizarrón, por ejemplo. Ya veremos esto después.)

El proceso o técnica ha cambiado con la computadora y el procesador de textos. ¿En qué? Antes se escribía a mano, se corregía, y posteriormente se escribía a máquina la versión final. ¿Qué implicaba esto?


Texto completo (fue publicado en dos partes):


http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/microens/escrituradigital1.html
http://homepage.mac.com/adolforamirez/index/microens/escrituradigital2.html


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